Cuando esta semana la cámara que nuclea a las empresas de capital estadounidense en el país, Amcham, puso el grito en el cielo por «la muy abultada deuda comercial acumulada por las empresas desde marzo de 2022», y la falta de autorizaciones de compra de dólares al Banco Central para cancelarla, muchos pensaron que se trataba simplemente de una demostración de fuerza y presión de los sectores más concentrados para ponerse primeros en la fila para ser atendidos por el nuevo gobierno.

Pero el aviso de la existencia del problema convocó a preguntarse qué hay más allá de estas grandes empresas transnacionales. Y la respuesta es alarmante. Cientos de empresas argentinas llevan cinco meses (desde julio) sin poder pagarle a sus proveedores de insumos del exterior, se les cortó el crédito y ya empiezan a sufrir las consecuencias de la falta de material clave para producir (que dejaron de mandarle).

Además, la única carta que les quedaba para ilusionarse al menos con una respuesta parcial en lo inmediato, se les acaba de caer de la mano. «El acuerdo de ampliación del swap con China que anunció (Sergio) Massa hace un par de meses, de 6000 millones de dólares, está caído», confesó en voz baja un alto funcionario del gobierno saliente. Se cerró así la única ventanilla de crédito que seguía abierta.

Ahuyentando a los yuanes

La información que llegó desde Beijing pocos días atrás –apenas unas horas después de conocerse el resultado final de las elecciones presidenciales– fue lapidaria. «El gobierno chino no quiere saber nada de acuerdos especiales con Javier Milei, saben cuál es su postura con respecto al gobierno de China, ya conocen cuál será la posición argentina en relación a la invitación a participar del BRICS y descuentan que su alineamiento internacional será, mientras dure, siempre opuesto a China».

Con lo cual, acuerdos como la ampliación del swap y otros respaldos financieros que se conversaban con las autoridades argentinas (Alberto Fernández y Sergio Massa) fueron desactivados. Hasta el futuro de las represas hidroeléctricas del Sur (sobre el río Santa Cruz), financiadas en su totalidad por China, quedan ahora debajo de un gran signo de interrogación.

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Volviendo al tema de los insumos para la industria nacional de origen importado, la escasez de divisas fue restringiendo cada vez más severamente la autorización de compra de dólares en el mercado mayorista. A una situación que venía de arrastre por la pérdida de reservas año tras año desde el macrismo a la fecha, la sequía de este año sepultó toda posibilidad de recuperación.

Desde la gestión Massa se esperaba con expectativas poder ir encontrando una salida desde marzo de 2024 en adelante, con la liquidación de la nueva cosecha. Y mientras tanto, poder contar con crédito exterior principalmente de China que permitiera atenuar la situación, pero sin llegar a «ponerse al día» con todos los importadores con compras externas aprobadas. El voto en el balotaje cerró esas expectativas.

Hasta ahora, sólo se venían autorizando pagos al exterior de importaciones para sectores considerados críticos, como ser medicamentos o insumos para la actividad de extracción en Vaca Muerta. «Y muy poco más», remata una fuente industrial, un dirigente empresario de los que sienten el ardor de la soga al cuello.

«Son miles de empresas que están bloqueadas, porque son las que necesitan un determinado insumo, que no tiene una alternativa local, del cual no se puede prescindir. Ocurre en cientos de productos, algunos como en mi caso, la propia empresa industrial importa el insumo, otras lo obtienen a través de un distribuidor o importador intermediario. Pero es lo mismo, nadie está pudiendo pagar nada y se está frenando el proceso porque no nos dan más crédito. Son miles de empresas que están bloqueadas en su proceso productivo», explicó en extenso.

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El shock inflacionario

¿Qué va a pasar con estas industrias nacionales, en su mayoría medianas? Admiten que, hasta ahora, el contacto con las nuevas autoridades por asumir fue imposible. «No sabemos qué piensan hacer con las deudas de importadores. Porque si el Banco Central no tienen dólares y el mercado mayorista sigue con las reglas actuales, no tenemos ni siquiera la alternativa legal de salir del dólar oficial. Y si habilitan la compra de dólares por el mercado financiero, ¿a cuánto se va a ir el contado con liqui si nos mandan a todos los importadores a comprar en el financiero?»

En el medio de la desesperación, los empresarios se juegan a especular con distintas hipótesis. «Es peor esta situación de bloqueo, de no poder pagar ni importar, que la de una megadevaluación», arriesga, audaz por cierto, uno de los empresarios consultados. Pero, rápidamente y antes de lo imaginado por quien esto escribe, los demás consultados adhieren.

«Lo único que no queremos es que se privilegien a algunos sectores accediendo a un dólar oficial, suponete que lo pongan entre 600 y 650 pesos como dijo Guillermo Francos, pero nos dejen al resto afuera. Porque, de ese modo, nos eliminan», se confiesa uno de los interlocutores, repitiendo cada tanto, como una letanía, que «en unos días, se juega mi destino como empresario».

¿Qué pasa si los habilitan a comprar en el CCL para cancelar sus deudas? «Suponete que el dólar se dispare en el CCL a 1500 pesos por la mayor demanda. Ya sé que no es que todos mis costos se muevan por el CCL, pero una suba así, del 200 por ciento o más en el costo de mi insumo principal, en mi caso puede representar un 50 por ciento de aumento de mi costo en general. No me queda otra que trasladarlo al precio, pero no sé qué pasa con mis ventas, imposible proyectarlo».

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Quien responde está en un eslabón intermedio de una cadena industrial de un producto de consumo masivo. Y en uno de los rubros básicos.

En lo que todos coinciden es que trasladar la demanda de divisas para importar al mercado financiero equivaldría a un shock inflacionario de grandes proporciones.

Con el freno puesto

¿Y qué hacer en el mientras tanto? Si el lunes, martes y durante estos días no le ofrecen una salida. «La producción ya se está parando (dice uno de los entrevistados acentuando el «ya»). Porque hay quien no tiene un insumo y no puede producir. Entonces mandó la gente de vacaciones anticipadas, se achica y produce otras cosas pero deja de lado el rubro ligado a la importación. Otros van reduciendo de a poco la producción, para estirar la vida del stock del rubro crítico, esperando que se resuelva. Y otros, y creo que son muchos, van vendiendo lo mínimo necesario para sostener la empresa en marcha. Por ejemplo, conozco algunos que habían parado pero ahora van a buscar vender algo para tener efectivo y poder pagarle al personal para las fiestas de fin de año».

«Además –agrega un tercero–, nadie sabe el costo de lo que está produciendo, porque cuando reponga materia prima por ahí tiene que pagar tres o cinco veces más de lo que costaba la anterior partida. Hoy cuando se vende, se sabe que, lo más probable, es que estés vendiendo a pérdida. Si lo hacés y estás agotando el insumo importado, es porque estás desesperado, porque fehacientemente lo estás haciendo a pérdida», tira lo que podría ser la frase final de este informe.

«Una pregunta más. En lo inmediato, ¿cuál sería su preocupación mayor?», interrogó este diario. «Es mi preocupación y es a lo que más miedo le tengo: no poder pagar salarios y aguinaldo a fin de mes», responde uno de los invitados a compartir esta reflexión. Nadie lo contradijo.

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