Al cumplirse el 206 aniversario de aquel glorioso día, continúa siendo el deseo de todos, de mantenernos libres e independientes, caminando firmes hacia un futuro prometedor que beneficie a todos, formando y consolidando la nación que nos merecemos.

En 1816 el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica se reunió en San Miguel de Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y las provincias, cuyas relaciones estaban deterioradas.

El 9 de julio, los representantes firmaron la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y “de toda otra dominación extranjera”. De este modo, después del proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810, se asumió por primera vez una manifiesta voluntad de emancipación. La Proclama es considerada el documento fundacional de nuestro país.

De esta manera, la Independencia consolidó un nuevo grupo dirigente integrado mayormente por americanos descendientes de españoles y transformó la vida de las personas porque legitimó los deseos de libertad individual y de igualdad jurídica y también habilitó aspiraciones de mayor igualdad social.

Visto retrospectivamente, lo que parece claro es que no hay proceso histórico tendiente a la ampliación de la libertad y la igualdad sin el protagonismo y la participación popular, como la que tuvieron, los esclavos, los negros, los indígenas, los pardos, los gauchos y los americanos descendientes de españoles durante las luchas por la Independencia.

El recuerdo de esta fecha y la conmemoración de los acontecimientos de 1816 reactualizan las aspiraciones por lograr mayor libertad e igualdad y reafirman la voluntad popular de dirigir su propio destino.

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Finalmente, el acta de la Independencia se firmó el 9 de julio de 1816, donde prevaleció una postura que representaba al mandato de la mayoría de las provincias: investir a las Provincias Unidas del «alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli». Quedaba expresamente rechazada toda fórmula intermedia que habilitara algún tipo de protectorado. Se trató, pues, de una manifestación clara, acorde con el pedido de San Martín de declarar la Independencia absoluta de las Provincias Unidas respecto a la Corona Española y «de toda otra dominación extranjera», según la fórmula agregada a la proclama días después en las siguientes sesiones del Congreso.

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