Decenas de millones de toneladas de escombros cubren Gaza tras más de dos años de brutal ofensiva genocida israelí. Entre los restos de edificios, viviendas e infraestructuras destruidas se acumulan materiales peligrosos, incluidos residuos tóxicos y amianto, una sustancia cancerígena cuyos efectos pueden prolongarse durante décadas y amenazar la salud de la población palestina.

La magnitud de esta devastación ha llevado a la Autoridad Palestina para la Calidad del Medio Ambiente a advertir este viernes de una grave catástrofe medioambiental y humanitaria. Según el organismo, los ataques israelíes han dejado entre 61 y 68 millones de toneladas de escombros en Gaza, una acumulación que supone un peligro tanto para la población como para el entorno natural del territorio.

En concreto, entre los materiales acumulados hay alrededor de 4 millones de toneladas de residuos peligrosos y al menos 50.000 toneladas de amianto, un material fibroso cancerígeno que se utilizó ampliamente durante décadas en la construcción y el aislamiento de edificios. La autoridad palestina difundió estas cifras en un comunicado con motivo del Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, que se conmemora cada 6 de noviembre.

Sin embargo, las consecuencias de los ataques israelíes no se limitan a los edificios derrumbados y los residuos que dejan tras de sí. La destrucción también ha alcanzado los recursos naturales y las tierras de cultivo, fundamentales para la subsistencia de la población palestina. Según el organismo, el 82% de las tierras agrícolas de Gaza y el 97% de sus olivos y otros árboles frutales han sido destruidos. A ello se suma el daño al 84% de las infraestructuras de agua y saneamiento.

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Esta destrucción de las redes de abastecimiento y saneamiento ha agravado todavía más las condiciones de vida en el territorio. De hecho, alrededor de 120.000 metros cúbicos de aguas residuales sin tratar se vierten diariamente en calles y depósitos de agua, lo que incrementa los riesgos de contaminación y enfermedades en una población que ya afronta las consecuencias de la devastación de los servicios esenciales.

Todo ello se suma al enorme coste humano de la ofensiva israelí. Desde octubre de 2023, los ataques de Israel contra Gaza han matado a más de 74.000 palestinos y herido a más de 175.000, además de provocar una destrucción generalizada de viviendas e infraestructuras civiles.

760 ataques medioambientales en Cisjordania ocupada

Por otro lado, la destrucción de los recursos naturales palestinos también se extiende a Cisjordania ocupada. Allí, la Autoridad Palestina para la Calidad del Medio Ambiente documentó 760 ataques israelíes contra tierras agrícolas, vegetación, fuentes de agua e infraestructuras entre enero y septiembre de 2026.

De acuerdo con el balance del organismo, 203 de estos ataques afectaron a tierras agrícolas y reservas naturales. Entre las acciones registradas figuran la destrucción de olivares, la construcción de carreteras para asentamientos ilegales y la apropiación de tierras palestinas con fines militares y de expansión de asentamientos.

A esta presión sobre las tierras agrícolas se suma la destrucción de la cubierta vegetal. Otros 178 ataques estuvieron dirigidos contra bosques y zonas de vegetación e incluyeron el arranque de miles de árboles, entre ellos alrededor de 100.000 olivos. Las pérdidas económicas derivadas de estas acciones se estiman en 67 millones de dólares.

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