Una declaración repentinamente trunca de Brenda Uliarte, acusada como coautora del intento de magnicidio de Cristina Fernández de Kirchner, que derivó en que su abogado pidiera –como se veía venir– declararla inimputable, planteo que terminó rechazado. Otra, extensa y atravesada por llantos, de Gabriel Carrizo, implicado como partícipe secundario, quien aseguró no haber planificado nada con la joven y Fernando Sabag Montiel (el hombre que intentó disparar), insistió con que hablaba en broma al contar a «recién intentamos matar a Cristina» y pidió «perdón si ofendí a la señora Kirchner». Así empezó la segunda audiencia del juicio oral por el atentado a la dos veces presidenta, el 1 de septiembre de 2022.

¿Inimputable?

«No más preguntas», cortó de golpe su declaración Brenda Uliarte. Fue la frase que más fuerte pronunció en los pocos minutos que duró su declaración. Llevaba el mismo abrigo con estampado escocés rosa y violeta que en la primera audiencia, el pelo suelto esta vez, que casi le tapaba los ojos. Cuando la presidente del tribunal, Sabrina Namer, la convocó al estrado, dijo que aceptaba responder preguntas. Ante las preguntas personales de rigor al comienzo dijo que tiene 24 años, «soltero» y «argentino» (sic). Dudó al decir donde había nacido: hizo un largo silencio y mencionó «San Miguel Arcángel». ¿Qué hacía antes de caer presa? «Quiosquera», igual que su papá, Leonardo Uliarte, dijo. De hecho tenían un quisco a la calle en la casa. Mencionó que tiene secundario incompleto y que cursó materias del Ciclo Básico Común.

— ¿Con quién vivía antes de su detención?– le preguntaron

— Un convicto… un manipulador– se refirió a Sabag Montiel.

La jueza Namer le pidió varias veces que se acerque al micrófono, que no se le entendía o escuchaba. La fiscala Gabriela Baigún le preguntó si responde a apodos como Ambar o Liz Manson y confirmó que los usaba en redes sociales. ¿Vendía contenido erótico? «Se podría decir», contestó. Se refería a Only Fans. ¿Ganó dinero? Si. También vendía copitos, claro.

— ¿En qué consistió el suceso que se le imputa? ¿En qué consistió su participación (en el atentado)? — le preguntó su propio abogado, Alejandro Cipolla, quien le había recomendado no contestar preguntas.

— Partícipe y encubridora, no soy…– frenó y se agarró la cabeza.

En ese momento Baigún pidió acercarse al tribunal. Se levantó y acomodó la parte de atrás de su abrigo. Se acercaron otros abogados. Namer junto a los jueces Adrián Grünberg e Ingnacio Fornari miraban perplejos. «No le entiendo cuando habla», dijo la fiscala. El colmo fue el defensor: «Yo tampoco». Baigún les advirtió a los jueces que el abogado había dicho en una entrevista radial que no sabía si la chica iba a declarar porque estaba «empastillada». Pidió que la revisen los médicos que están en el edificio. La presidenta del tribunal propuso continuar un poco más para ver cómo seguía.

Volvieron todos a sus lugares y Namer encaró a Uliarte: «¿Le queda claro que lo que usted dice es importante para este proceso? ¿Que va a contestar preguntas y que es para mejorar su situación o para informarla a todas las partes? ¿Le explicó su abogado?».

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Ahí fue que Uliarte pidió que no le pregunten más. «No estoy en condiciones de declarar», sostuvo. «Que se anule la declaración», pidió. La magistrada le explicó que se incorporará lo que declaró durante la etapa de instrucción. Baigún pidió preguntarle algo más a la chica: ¿Ratifica la declaración que presentó con (Carlos) Telleldín?, en alusión a su anterior abogado. Se refería a un escrito donde vinculada a Sabag Montiel con el entorno del diputado Gerardo Milman, sugirió que les pagaban por generar actos violentos, y lo ligó también con Revolución Federal. La chica dijo que sí la ratificaba. Namer le dijo que eso es parte de otro proceso (en efecto, le mandó hace tiempo esa presentación al fiscal Carlos Rívolo y la jueza María Eugenia Capuchetti). «Ella desconoce lo que firmó», insistió igual el abogado, que anució un planteo posterior.

El defensor de la joven llegó a lo que buscaba: pedir una nueva pericia para saber «si está en condiciones psíquicas de ser juzgada». Namer le pidió precisiones: ¿Se refería al juicio en general o a que estaba tomando alguna medicación que la afectaba? «La doctora Baigún dijo que usted ante los medios mencionó que podía estar empastillada», le señaló. «No le puede hacer preguntas, no sigue un hilo conductivo, no pudo contestar», enumeró Cipolla.

«¿Lo advierte recién ahora?», retrucó Namer. «En anteriores oportunidades estaba mal pero no en el grado que está ahora», sostuvo y pidió que la declaren inimputable. La fiscala recordó que hay dos pericias psiquiátricas «que dicen que tiene capacidad de juicio y conciencia para comprender la criminalidad». Agregó que si le negaron una nueva pericia a Sabag Montiel al comienzo del juicio tampoco debían dársela a ella. “Esto surge ni más ni menos que por la necesidad de mediatización del abogado, no hay nada que permita advertir alguna incapacidad psíquica de la señora –dijo Baigún–. La observé bien, como se reía de lo que decían. Acá no hay incapacidad. Acá hay simulación”. El abogado de la querella de CFK, Marcos Aldazabal, adhirió.

Después de un largo cuarto intermedio que coincidió con el mediodía, el tribunal rechazó el planteo de inimputabilidad en base a las evaluaciones psiquiátricas previas a que este mismo miércoles, al llegar a Comodoro Py, la joven fue evaluada y estaba «ubicada en tiempo y espacio» y, si bien le dan antidepresivos y ansiolíticos, no había tomado nada distinto.

«Son jodas»

«Ahora me dicen copito», se presentó Gabriel Carrizo cuando la jueza le preguntó si tenía algún apodo. Con camisa blanca, saco oscuro, el pelo lacio atado bien prolijo, buscaba mostrarse formal pero tuteaba a Namer y repetía «malas palabras» sin filtro. Dijo que iba a hablar pero no respondería preguntas hasta el final del juicio. «Estaba esperando un montón hablar con ustedes», le dedicó al tribunal. Durante cerca de una hora y veinte contó la historia acerca de cómo montó el emprendimiento para vender copos de azúcar y hasta se hizo su propia máquina. Primero fue con la propuesta de un vecino en Morón, donde él vivía con un hermano con problemas psiquiátricos. Con la pandemia se complicó su situación económica, relató, y luego se independizó.

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Frecuentaba grupos donde compartían gustos musicales, en especial heavy metal. Cuando su hermano mejoró, siempre según su relato, empezó a salir más de noche. Conoció a Daniel Gómez, a Lucas Acevedo y Leonardo Volpintesta «en un juntada en Puerto Madero». Armó su propio grupo de whatsapp, «Girosos», para organizar fiestas. Se unieron Sergio Orozco y a Miguel Castro Riglos. Todos ellos serían los famosos «copitos», junto con Uliarte y Sabag Montiel, a quienes dijo que vio por primera vez en una fiesta. Se juntaban en la casa de Orozco (en rigor de su hermano) en Barracas, donde dejó la máquina de hacer algodón de azúcar mientras buscaba un lugar para empezar de nuevo con la venta.

La pareja apareció después de la fiesta, contó Carrizo, en la casa de «Checho» Orozco. Decían que se habían olvidado un abrigo. Le pareció que era una excusa para que la chica fuera a tener sexo con Orozco. En la esperada se puso a hablar con Sabag Montiel, quien le dijo que tenía autos para trabajar pero debía arreglarlos. Se volvieron a encontrar en la casa de una amiga, Mara. Estaba también Uliarte. Le ofreció a la pareja vender copos y aceptaron. Les propuso a la pareja empezar un sábado, así vendían bien. Carrizo dijo que eran algo inconstantes con los horarios y que hasta le pidieron un día hacer copos a las ocho de la noche.

Según el relato de Carrizo el 1 de septiembre estaba con el grupo de «los copitos», menos la pareja. «Intentaron asesinar a la vicepresidenta», comentó que le avisó Castro Riglos. «En el momento no me interesó en lo más mínimo», aseguró. Hasta que le dijeron que el asesino fallido era Sabag Montiel. Ahí prendieron la televisión. «Se nos vino a la cabeza llamar a Brenda», dijo. «Yo tampoco lo puedo creer», repasó Carrizo que ella le dijo, y que le aseguró que llevaban dos días sin verse. Su versión es que decidieron «hacerle el aguante» a la joven. Circulaban notas que les habían hecho a ella y a Sabag en Crónica TV tiempo antes en la calle. Carrizo propuso ir a ese canal. Los rechazaron y lograron una nota en Telefé. El objetivo era despegarse. A Brenda la detuvieron el 4 de septiembre, aunque casi se escapa. A él, que había declarado como testigo, cuando fue a buscar su celular a Comodoro Py.

A Carrizo le encontraron varios mensajes posteriores al atentado. Los más elocuentes estaban dirigidos a su hermanastra, Andrea, al hermanastro, Jonatan, y a algunos amigos. «Recién intentamos matar a Cristina», se jactó. Destacó que había sido un empleado suyo, a quien consideraba un «héroe». Si bien había fallado, se leía en los chats que Carrizo decía: «pensamos ponerle frente a esto. Estamos decididos a matarla a la puta esa». En un whatsapp dijo que pensaban matar al jefe de la izquierda y de la Cámpora. También comentó que creía que el arma era suya, ya que les había dado un revolver calibre 22 corto, pero luego supo que era otra, una Bersa calibre 32. «Pido perdón si ofendí a la señora Kirchner», dirá después.

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Repitió lo que había dicho en la etapa de instrucción: «Cuando abrí el celular ese día aparecían memes . Me prendí de eso. Estábamos tomando un Fernet con los chicos, estaba entonado. Le dije a la hija de la pareja de mi papá que éramos una organización, para que se coman el verso. Soy de hacer jodas, para que tengan una reacción». «Casi toda mi familia es kirchnerista. Le hice una broma a ella, quería caerle mal. Que explote, que se crea la situación», agregó. A su otro hermanastro, «que está en el Polo Obrero, le dije que sí, que la íbamos a matar y que estaba todo organizado. Andrea se enganchó (…) nunca me lo tomé con la seriedad que tenía que ser».

«Creo que mi novia me está viendo y le pido disculpas porque no volví», dijo entre sollozos. Se quebró en varios tramos. «No tengo nada en contra de Cristina, jamás mataría a una persona (…). Ni loco me voy a meter en algo así, es por lógica que son chistes. Son jodas. En ningún momento –insistió– le pasé un arma a ella, ni le di un arma a nadie, nunca tuve un arma en mi mano, nunca disparé». «Jamás –se defendió– crucé un mensaje con ellos (Brenda y Sabag) planificando». «No puede ser que por esto esté acá, no lo puedo creer (…) cometí dos errores: mandar los mensajes y ayudarla a ella (Brenda)».

Primeros testigos

En la segunda mitad del día comenzaron a declarar los primeros testigos del intento de magnicidio. Militantes que estaban en el lugar, que llevaban días movilizados en respaldo al expresidenta. Una de ellas, Chiara Ludmila Altamirano Barreto, filmó casi todo la secuencia. El video fue exhibido. Ella explicó algunos detalles e incluso mostró el momento en que se escuchó como el arma hizo «click», y cuando Sabag Montiel la tiró al suelo. Matías Larroca Coutinho, además de haber estado en el lugar fue testigo del primer intento de extracción de información del celular de Sabag Montiel en el juzgado de María Eugenia Capuchetti. Describió que fue cerca de las 4 de la madrugada. «Lo tratan de conectar y tenía la carga baja», explicó. Agregó que no lo podían cargar al comienzo y que luego tuvieron problemas para desbloquearlo. Es el aparato que quedó reseteado de fábrica y no se pudo peritar.

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