Cuando la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, viajó el martes último a Taiwán en un jet de pasajeros de la Fuerza Aérea, se convirtió en la funcionaria estadounidense de más alto rango que visita la isla en los últimos 25 años. China anunció la realización de maniobras militares en represalia, mientras funcionarios taiwaneses le daban la bienvenida y ella se dirigía a su hotel.

La razón por la que la visita de la legisladora elevó las tensiones entre China y Estados Unidos es que Beijing reclama Taiwán como parte de su territorio y considera que las visitas de funcionarios extranjeros constituyen un reconocimiento a la soberanía de la isla autónoma.

El presidente, Joe Biden, intentó tranquilizar a Beijing insistiendo en que no hay cambio alguno en la postura de Estados Unidos sobre la “política de una sola China”, que reconoce a Beijing, pero permite tener relaciones informales y de defensa con Taipéi.

Pelosi describe su visita mediática como parte de la obligación de Estados Unidos de apoyar a las democracias frente a los países autocráticos.

Cuestiones en juego

Durante décadas, Pelosi realizó viajes para mostrar apoyo a movimientos democráticos. Estos incluyen una visita en 1991 a la plaza Tiananmén, donde ella y otros legisladores desplegaron una pequeña pancarta en apoyo a la democracia ante agentes de seguridad chinos que intentaban impedirlo. Las fuerzas chinas habían aplastado un movimiento democrático local en el mismo lugar dos años antes.

La legisladora describe su visita a Taiwán como parte de una misión más amplia en momentos en que “el mundo enfrenta una elección entre la autocracia y la democracia”. En la primavera boreal, encabezó una delegación legislativa que visitó Kiev, la capital de Ucrania.

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“Debemos apoyar a Taiwán”, declaró Pelosi en un artículo de opinión publicado por The Washington Post a su llegada a Taiwán. La legisladora mencionó el compromiso de Estados Unidos con un Taiwán democrático, según una ley de 1979.

“Es fundamental que Estados Unidos y nuestros aliados dejen claro que jamás cedemos ante autócratas”, escribió.

Tanto el gobierno de Biden como Pelosi aseguran que Estados Unidos continúa comprometido con su “política de una sola China”.

Punto de partida

Taiwán y China continental se escindieron durante una guerra civil en 1949, pero China reclama la isla como parte de su territorio y no descarta recuperarla, incluso por la vía militar.

En los últimos años, China incrementó la presión diplomática y militar. Cortó todo contacto con el Gobierno de Taiwán en 2016, después de que la presidenta Tsai Ing-wen se rehusara a apoyar la afirmación de Beijing de que la isla y la parte continental conforman una sola nación china, con Beijing como el único gobierno legítimo.

Beijing considera los contactos estadounidenses con Taiwán como una acción que alienta a volver permanente la independencia de facto que ha tenido la isla durante décadas, una decisión que las autoridades estadounidenses dicen no apoyar.

Movilizaciones

Poco después de la llegada de Pelosi, China anunció una serie de operaciones y ejercicios militares. Antes había advertido que adoptaría “medidas resueltas y firmes’” si Pelosi proseguía con la visita.

El Ejército de Liberación Popular dijo que las maniobras militares tendrían lugar en las aguas y en el espacio aéreo cerca de Taiwán, y que incluirían el uso de munición de largo alcance en el estrecho de Taiwán.

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La agencia noticiosa oficial china Xinhua informó que el Ejército planeaba realizar maniobras que incluirían fuego de munición real del 4 al 7 de agosto en múltiples lugares. Una imagen difundida por Xinhua mostraba que las maniobras se realizarían en seis zonas en aguas alrededor de Taiwán.

El Ministerio de Defensa de Taiwán dijo este miércoles que China había enviado 21 aviones en dirección a la isla. El escuadrón incluía 18 cazas, un avión de alerta temprana y un avión para guerra electrónica.

Aunque Biden ha manifestado cierta cautela por la visita de Pelosi, el Gobierno no se opuso abiertamente y señaló que ella era la que debía decidir a dónde ir.

Antes de la visita de Pelosi, el ejército estadounidense incrementó su movilización en la región indopacífica. El portaaviones Ronald Reagan y su grupo de ataque se encontraban el lunes en el mar de Filipinas, según funcionarios que solicitaron el anonimato para hacer declaraciones sobre operaciones militares.

El Reagan, el crucero Antietam y el destructor Higgins partieron de Singapur tras una visita a puerto y se dirigieron hacia el norte, a su base en Japón. El portaaviones cuenta con diversas aeronaves, como jets de combate F/A-18 y helicópteros, así como modernos sistemas de radar y otras armas.

Promesas de cooperación

El presidente chino Xi Jinping y Biden dejaron claro, cada uno por su lado, que no lo desean. En una llamada con el mandatario estadounidense la semana pasada, Xi reiteró una aseveración de Biden: que sus países deben cooperar en las áreas donde les sea posible.

El mayor de los peligros podría derivarse de un accidente si China intenta el tipo de maniobras provocadoras que realiza cada vez con mayor frecuencia contra otras fuerzas militares en las inmediaciones del mar de la China Meridional. Estas incluyen efectuar vuelos a corta distancia de otras aeronaves o confrontar barcos en el mar.

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Sin embargo, cuando se trata de Estados Unidos, con el ejército más poderoso del mundo, “a pesar de los numerosos discursos nacionalistas, China será cuidadosa de no tropezar con un conflicto de daños colosales en todos los frentes”, dijo Yu Jie, investigador en el centro de estudios Chatham House.

Para China, la mejor estrategia es el tiempo y la paciencia, dijo Jie: reforzarse hasta el día en que su economía y sus Fuerzas Armadas puedan ser demasiado poderosas como para que Estados Unidos las desafíe.

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