Muchas veces creemos que la responsabilidad es de otros y que para generar cambios hacen falta grandes acciones. Pero la realidad es que el cambio es colectivo y empieza con pequeños gestos que están al alcance de todos.

Male, mi hija, acaba de cumplir 8 años y está atravesando esa etapa en la que aparecen los grandes miedos. ¿Sabías que, según los psicólogos, entre los 6 y los 10 años los chicos empiezan a comprender que la muerte es universal e irreversible? Por eso es tan común que, en esta etapa, aparezca el miedo a la propia muerte o a la de las personas que más quieren.

Yo no lo sabía. Empecé a entenderlo cuando vi la preocupación de Male por el cambio climático, los desastres naturales y la contaminación ambiental.

Y sí, a mí también me preocupa. Desde hace años. Pero desde que soy mamá, ese miedo se volvió mucho más profundo. ¿No te pasa? Porque es inevitable preguntarse qué planeta les vamos a dejar a nuestros hijos.

A mí me angustia pensar que pueden heredar un mundo al borde del colapso ambiental. Un mundo donde las sequías, las inundaciones, los eventos climáticos extremos y la escasez de agua y alimentos sean cada vez más frecuentes. Esa no es la vida que imaginé para ella. Y estoy segura de que tampoco es la que vos soñaste para tus hijos.

Entonces siento que algo tenemos que hacer. Porque todos decimos que amamos a nuestros hijos y que queremos lo mejor para ellos. Pero eso no se demuestra solamente con palabras bonitas o con regalos caros. También se demuestra con acciones.

Y no hablo de hacer cosas extraordinarias ni de fundar una ONG para rescatar pingüinos empetrolados en el sur. Hablo de pequeños gestos, simples, cotidianos y al alcance de cualquiera, que sumados generan un cambio real.

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Reducir, reutilizar y reciclar es un buen comienzo. Separá los residuos en tu casa: los reciclables por un lado y los orgánicos por otro. La Municipalidad pone a disposición contenedores distribuidos en distintos puntos de la ciudad, Puntos Limpios para los materiales reciclables y Estaciones Ambientales para residuos especiales, como aceite vegetal usado y aparatos eléctricos y electrónicos.

Además, desde el área de Ambiente y Desarrollo Sostenible brindan asesoramiento para compostar los residuos orgánicos. Con ese simple hábito podés reducir hasta un 50 % los residuos domiciliarios, disminuir tu huella de carbono y obtener compost para tus plantas.

También podemos cuidar mejor los recursos. Apagá las luces que no usás, cerrá la canilla mientras te cepillás los dientes o enjabonás los platos, y preguntate si realmente hace falta lavar el auto todas las semanas.

Usá bolsas de tela, elegí envases reutilizables en lugar de descartables y no tires basura en la vía pública. Si pasás la tarde en la plaza, en la laguna o en cualquier espacio público, llevate tus residuos o depositalos en los cestos disponibles.

Y si necesitás descartar residuos voluminosos, como termotanques, electrodomésticos en desuso, colchones o muebles, recordá que no deben sacarse con la basura común. Para solicitar su retiro, comunicate previamente al 147.

La Municipalidad pone a disposición herramientas para mantener limpia la ciudad y cuidar el ambiente. Ahora también nos toca hacer nuestra parte. Porque son esas pequeñas acciones, repetidas todos los días, las que pueden ayudarnos a dejarles a nuestros hijos un lugar mejor donde vivir.

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