Seguramente Cristina Fernández de Kirchner les dirá a los jueces, este martes a partir de las 9, que en toda la causa Cuadernos no hay nadie que diga quién le pagó una coima, cuándo se la pagaron, cómo la recibió. Ni siquiera los (falsos) arrepentidos la mencionaron. Como ya es habitual, a CFK la acusan de ser jefa de una asociación ilícita, un cargo del que ya fue absuelta en la causa Vialidad, por lo que es muy probable que pregunte: “¿de cuántas asociaciones ilícitas me van a acusar en esta persecución política?”

Como es obvio, la expresidenta hará un descarnado análisis de los métodos extorsivos y las falsedades con las que se armó el expediente y se frustró una real investigación sobre las obras públicas, las concesiones de transporte, de autopistas y otros contratos del estado. En su domicilio, San José 1111, a la salida, estará la militancia acompañándola y numerosos dirigentes se ubicarán en la sala AMIA de Comodoro Py, donde va a declarar.

El Tribunal Oral Federal 7 obligó a Julio De Vido, enfermo, a hacerse presente, pero no va a declarar y José López tampoco hablará por problemas psiquiátricos. Todo indica que habrá una larga declaración -tal vez más de dos horas- de Roberto Baratta, exnúmero 2 del Ministerio de Planificación, para quien trabajaba el chofer Oscar Centeno, autor de los cuadernos que -según dijo- quemó en una parrilla, aunque luego aparecieron misteriosa y sospechosamente intactos. En la tarde del lunes Cristina twiteó: “como no hay pan, dan circo”, refiriéndose a que los medios alineados con el macrismo y el mileismo exigían una foto presencial de los imputados para tapar los escándalos del gobierno. Hasta ahora las audiencias eran por zoom.

Y otra asociación ilícita

CFK llegará a Comodoro Py en un auto de la custodia, sin esposas, pero con la tobillera puesta, una grotesca medida política de los jueces ya que es ridículo que se piense que ella pueda darse a la fuga. La intención obvia es la de humillarla. Toda la audiencia está destinada a las fotos de los imputados, aunque estén enfermos como De Vido.

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Acompañada por su abogado defensor, Carlos Alberto Beraldi, la expresidenta será la primera en declarar ni bien se abra la audiencia. El pronóstico es que su indagatoria no será demasiado extensa: tal vez una hora.

La acusación es, como siempre, que fue jefa de una asociación ilícita que concretó unos 200 cobros de coimas, que son más o menos las descriptas por Centeno. Lo curioso es que se incluyen pagos de 2006 o 2007 cuando Cristina ni siquiera era presidenta. En todo el expediente no hay una sola mención a intervenciones de ella, directas, salvo una versión delirante que dio José López en su momento y que fue desestimada en el juicio en que se lo condenó por los bolsos tirados en el convento de General Rodríguez. Adujo que los bolsos se los había dado Cristina.

Es casi seguro que la expresidenta va a dedicar buena parte de la declaración a señalar que no tuvo la menor participación en ninguna coima, que nadie describe ningún hecho concreto que la involucre y que, además, las declaraciones están viciadas por las siniestras maniobras del dúo integrado por el fiscal Carlos Stornelli y el fallecido juez Claudio Bonadio. Desde el punto de vista técnico insistirá en que ya fue sobreseída del cargo de jefa de una asociación ilícita en la causa Vialidad, por lo que no puede ser juzgada dos veces por la misma imputación.

Que siga el show

Como señaló CFK en su tweet, toda la audiencia está orientada a la persecución política, porque hasta ahora el juicio se venía realizando con los imputados en sus domicilios u oficinas, por zoom. “Sí o sí quieren la foto, para tapar los escándalos del gobierno”, razonó la expresidenta.

Maximiliano Rusconi le hizo saber a los jueces que su defendido, De Vido, no va a declarar porque no está en condiciones y que el traslado desde el penal de Ezeiza perjudicaría todavía más su salud. Los magistrados igual dispusieron que se lo lleve a Comodoro Py. Rusconi presentó un amparo ante el juez con competencia en Ezeiza, Luis Armella, y todavía no hubo resolución. También apeló a la Cámara de Casación. Todo sea por la foto.

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La declaración más larga

Si todo se hace de acuerdo a lo previsto, después de CFK será el turno de De Vido, que no va a declarar, y, de inmediato, Roberto Baratta, el exnúmero 2 del Ministerio de Planificación, que es un actor central en la causa Cuadernos porque su chofer, Centeno, es el que redactó los asombrosos informes sobre los viajes y los cobros de supuestas coimas.

Un cálculo optimista es que la declaración de Baratta durará unas dos horas, pero podría ser más, mucho más. El exfuncionario utilizará proyecciones y otros elementos técnicos en su exposición y decidirá al final si va a responder o no las preguntas que quieran hacerle. Dependerá de su nivel de cansancio. Como Baratta conoce muy bien a Centeno es muy probable que uno de sus ejes sea señalar las falsedades y contradicciones del chofer que, entre otras cosas, decía que fueron a cobrar tanto dinero a tal empresario, pero que no vio la plata, sino que hacía una estimación.

La lógica indica que después de Baratta se pasará a un cuarto intermedio hasta el jueves. El siguiente en el orden es José López, que está exceptuado por problemas psiquiátricos; Nelson Lasarte, mano derecha de Baratta, que ya adelantó que no va a declarar; Rafael Llorens, extitular de Asuntos Jurídicos de Planificación, que según dicen realizará una declaración breve; y luego están Ricardo Jaime, exsecretario de Transporte y José María Olazagasti, exsecretario de De Vido. Los empresarios seguramente empezarán a declarar dentro de una semana, el 26 de marzo.

Cancha inclinada

En la cancha inclinada habitual, los jueces Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli, hicieron la jugarreta de siempre: rechazaron las nulidades presentadas por las defensas y dijeron que verán si al final del juicio aparece algún elemento que los haga cambiar de opinión.

Sucede que los pedidos de nulidades se basaron en hechos escandalosos, con pocos antecedentes:

  • Que al chofer Centeno le sacaron el abogado y lo sometieron a un apriete descomunal. Aun así, mintió sobre los cuadernos con varias versiones: que los tenía guardados en la casa, que los quemó en la parrilla y se quedó hasta que se convirtieron en cenizas, pero de manera inexplicable, con una maniobra burda, aparecieron 6 de los 8 cuadernos de la mano del periodista de La Nación que pactó con el fiscal el inicio de la causa.
  • El expediente arrancó con una maniobra de máxima gravedad: el fiscal Stornelli y el juez Bonadio no mandaron la denuncia a sorteo sino que se la quedaron en una jugada claramente ilegal.
  • Varias pericias demostraron que los textos tenían miles de modificaciones, incluyendo escritura que no era de Centeno y, sobre todo, se demostró que los últimos cuadernos, los que realmente hablan de coimas, tienen fuertes rasgos de haber sido dictados.
  • Con la amenaza de alojar a unos 20 funcionarios y 65 empresarios en celdas sucias y con olor a orina, el dúo Stornelli-Bonadio consiguió que la mayoría declare como arrepentido, pero esquivaron el punto central de lo que prescribe la ley: no filmaron ni grabaron las declaraciones, una medida establecida, justamente, para evitar los aprietes. Muy pocos se negaron a declarar como arrepentidos y estuvieron meses en aquellas celdas, otros lo hicieron, pero fueron a una escribanía a certificar que iban a mentir y otros directamente mintieron.
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Nada de esto les movió el amperímetro a los magistrados y menos a la fiscal, Fabiana León, de las funcionarias más alineadas con el macrismo que habitan en los tribunales de Retiro.

Todas estas maniobras ilegales impidieron una investigación honesta y transparente sobre las contrataciones del estado y los aportes electorales. El único objetivo fue utilizar el aparato judicial para perseguir de manera burda a CFK y algunos de sus exfuncionarios.

La contracara está hoy más a la vista que nunca: basta ver a uno de los exponentes de Comodoro Py, el fiscal Eduardo Taiano, escondiendo las pruebas del caso Libra, o las inmunidades que consiguieron Mauricio Macri y su familia pese a que se les encontraron sociedades y cuentas ocultas en buena parte de los paraísos fiscales del mundo.

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