La actividad económica cayó 2,9 por ciento mensual en julio, el peor registro desde la pandemia. La industria, la construcción y el comercio encabezaron el retroceso. En los primeros siete meses del año, la economía acumuló una mejora de apenas 1,7 por ciento y el tercer trimestre podría volver a terminar en terreno negativo.
La economía argentina sufrió en julio uno de sus peores retrocesos de las últimas décadas. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se desplomó 2,9 por ciento respecto de junio, la mayor caída mensual desde los meses más duros de la pandemia. En la comparación interanual, el nivel de actividad retrocedió 1,4 por ciento.
El dato publicado por el Indec profundizó las señales de enfriamiento que ya venían mostrando la industria, la construcción y el comercio. También dejó a la economía mucho más cerca de ingresar nuevamente en una recesión técnica, después de que el segundo trimestre cerrara con una contracción.
La magnitud del retroceso de julio resulta particularmente significativa. Si se excluyen marzo y abril de 2020, atravesados por las restricciones de la pandemia, hay que remontarse a septiembre de 2019 para encontrar una caída mensual semejante.
Desde la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia agregaron otro dato contundente: fue el cuarto mayor retroceso mensual de toda la serie 2004-2026, sin contar la pandemia. Según el análisis de la entidad, caídas de esta magnitud sólo fueron comparables con episodios de fuertes devaluaciones o con la crisis financiera internacional de 2008.
Esta vez no hubo una devaluación de esas características detrás del desplome.
Los números también ponen bajo presión el discurso oficial sobre la recuperación de la economía. Durante los primeros siete meses de 2026, la actividad acumuló un crecimiento de apenas 1,7 por ciento, con enormes diferencias entre sectores. La serie desestacionalizada del EMAE volvió, además, a niveles cercanos a los de marzo de 2025.
La fotografía muestra una economía partida. Los sectores vinculados con el mercado interno siguen rezagados, mientras el crecimiento queda concentrado principalmente en actividades primarias y exportadoras, con poco derrame sobre el empleo, los salarios y el consumo.
La industria manufacturera ya había anticipado el deterioro. En julio su producción cayó 5 por ciento mensual, mientras que la construcción retrocedió 4,6 por ciento.
En términos interanuales, dentro del EMAE, la industria cayó 4,6 por ciento y el comercio se contrajo 5,1 por ciento. La intermediación financiera retrocedió 3 por ciento. Se trata, además, de actividades de fuerte peso dentro de la economía y sensibles para medir el funcionamiento del mercado interno.
En el otro extremo volvieron a aparecer algunos sectores primarios. La minería y los hidrocarburos crecieron 8,4 por ciento interanual, mientras que la pesca mostró una suba extraordinaria de 424,5 por ciento, un sector que suele presentar enormes oscilaciones estadísticas. Esta vez, ni siquiera ese desempeño alcanzó para compensar la caída del resto.
El ministro de Economía, Luis Caputo, intentó explicar parte del resultado por factores transitorios. Mencionó una menor disponibilidad de gas para la industria, mayores lluvias y nevadas que afectaron a la construcción y la minería, y una reducción de las horas trabajadas durante el Mundial.
Pero entre los economistas aparece otra explicación, vinculada con problemas más persistentes. Salarios reales que no terminan de recuperarse, debilidad del crédito, caída de la demanda y dificultades de distintos sectores productivos frente al esquema cambiario forman parte del cuadro.
El Gobierno esperaba que, después del fuerte ajuste inicial, la estabilización macroeconómica permitiera una recuperación más extendida de la actividad. Sin embargo, los números muestran que el rebote perdió fuerza y no consiguió transformarse hasta ahora en un proceso de crecimiento generalizado.
El resultado de julio dejó además una señal de alerta para el tercer trimestre. La economía ya había cerrado el segundo trimestre con una caída de 0,6 por ciento frente a los primeros tres meses del año.
Para evitar dos trimestres consecutivos de contracción, el rebote de agosto y septiembre tendría que ser muy fuerte. Desde LCG estimaron que, después del desplome de julio, serían necesarias expansiones cercanas al 3 por ciento mensual en agosto y septiembre para esquivar la recesión técnica.
Incluso una recuperación parcial en agosto podría resultar insuficiente.







