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La insolvencia de las familias empieza a pesar en el balance de los bancos

El Informe sobre Bancos del BCRA correspondiente a mayo de 2026, publicado el 24 de julio, confirmó lo que distintas consultoras venían anticipando con datos preliminares: la morosidad del crédito al sector privado no encuentra techo.

El ratio de irregularidad total se ubicó en 7,7%, con un alza de 0,4 puntos porcentuales (p.p.) respecto de abril y de 5,1 p.p. interanual. El propio Central es explícito sobre el origen del deterioro: «el incremento de la mora del sector estuvo explicado principalmente por las financiaciones a las familias», cuyo indicador alcanzó 12,8%, 0,7 p.p. por encima de abril y 8,3 p.p. por encima de mayo de 2025.

La irregularidad de las empresas, en cambio, subió de manera mucho más moderada: 3,5%, apenas 0,1 p.p. más que en abril (+2,5 p.p. i.a.). El propio informe reconoce, sin embargo, cierta moderación en el ritmo mensual de deterioro del segmento familias, explicada por una menor tasa de variación del saldo real en situación irregular.

El detalle por línea de crédito —préstamos personales en 15,9%, tarjetas en 13.1%, adelantos en cuenta corriente en 6,4%, préstamos prendarios en 7,7%, descuento de cheques en 3,4% e hipotecarios en 1,6%, el nivel más alto de este último desde marzo de 2022. De cualquier manera, la brecha entre las líneas con y sin garantía es, en sí misma, un mapa de la desigualdad del ajuste: el crédito sin garantía, el que usan los hogares de menores ingresos para llegar a fin de mes, es el que más se deteriora.

Hay un matiz que conviene precisar antes de hablar de un freno generalizado del crédito: en mayo, el saldo real de crédito al sector privado en pesos aumentó 0,3%, cortando una racha de cuatro meses consecutivos de caída, y el crédito total al sector privado (en pesos y moneda extranjera) creció 0,8% real (+10,8% i.a.). Pero ese crecimiento no fue parejo: estuvo dinamizado por las líneas comerciales (+1,4% real) y las que cuentan con garantía real (+1% real), mientras que los préstamos al consumo —la familia de productos donde se concentra la mora de los hogares— se redujeron 1,1% real en el mes. Es decir, no hay una retracción generalizada del crédito bancario, sino un desplazamiento deliberado: los bancos siguen prestando, pero cada vez menos a las familias y cada vez más a empresas y contra garantías.

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Un fenómeno generalizado

El informe semanal de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, publicado en estos días, aporta una pieza clave para entender el fenómeno: la suba de la mora no es un problema focalizado en un segmento particular de deudores, sino un proceso extendido a toda la población.

El deterioro se registró en absolutamente todas las provincias del país —tanto en las que creció la producción como en las que cayó— y en todos los grupos etarios: entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 la irregularidad subió 6 p.p. entre los mayores de 65 años y casi 15 p.p. entre los menores de 25. La suba fue prácticamente simétrica entre varones (+12,2 p.p.) y mujeres (+11,2 p.p.). Para el Banco Provincia, esa uniformidad es la prueba de que el origen del problema es macroeconómico —pérdida de poder adquisitivo, destrucción de empleo y aumento de gastos fijos por encima del promedio de precios— y no una cuestión de perfiles de riesgo individuales.

El trabajo también responde a una pregunta clave: ¿la mora sube porque las familias se endeudaron de más, o porque perdieron capacidad de pago? Sobre 17,15 millones de personas con deuda en julio de 2024, el Banco Provincia identificó 4 millones que cayeron en irregularidad en los dos años siguientes. Tres de cada cuatro ya tenían créditos abiertos en 2024: son «viejos deudores», no clientes nuevos mal seleccionados. Y dos de cada tres entraron en mora sin haber incrementado sustancialmente su deuda respecto de la media del sistema, lo que confirma que el salto se explica más por la insuficiencia de ingresos que por el aumento de las cuotas.

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En esa misma línea, el propio BCRA estimó —en su Informe de Estabilidad Financiera, un documento distinto del Informe sobre Bancos— que la carga mensual de servicio de deuda de las familias pasó de representar menos del 9% de la masa salarial formal hace dos años al 24,1% en abril de 2026, y que unos 6 millones de personas ya quedaron excluidas de la posibilidad de pedir un crédito nuevo por tener algún préstamo impago.

La comparación por tipo de acreedor confirma que el fenómeno atraviesa todo el ecosistema crediticio, aunque con intensidades distintas: en dos años y medio, la mora de personas humanas se quintuplicó en los bancos (de 3% a 15%), se cuadruplicó en las fintech (de 5,7% a 24,5%) y se multiplicó por 3,5 en tarjetas de consumo y retail (de 10,5% a 36,4%). Solo las terminales automotrices, amortiguadas por la garantía prendaria, muestran niveles moderados (de 2,9% a 4,2%).

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