“Esta causa es totalmente falsa y armada por el fiscal (Carlos) Stornelli y (el juez Claudio) Bonadío”, dijo con tono de desahogo el empresario Cristóbal López, principal accionista del Grupo Indalo (que tiene C5N, Radio 10, Ambito Financiero y otros medios), apenas comenzó su indagatoria en el juicio del caso “Cuadernos”. Lo que siguió fue el relato detallado de cómo el financista Ernesto Clarens, bajo amenaza de quedar detenido, cambió su declaración original, en la que había involucrado al Grupo Petersen en pagos ilegales que él recaudaba y, de pronto, la cambió con el argumento de que se había equivocado una sigla: se había referido a PTC (Petersen, Thiele & Cruz de la familia Eskenazi) pero alegó que quería decir CPC, la constructora CPC, de Indalo. Lo mismo relató Fabián De Sousa, socio de LópezAmbos aseguraron que ni siquiera conocían a Clarens y que hubo una maniobra del fallecido Bonadio que, señalaron, tenía una amistad con Sebastián Eskenazi.

Lo que sucedió este jueves en la audiencia ante el Tribunal Oral Federal 7 (TOF7), con los relatos López y De Sousa, se suma a relatos de otros empresarios, en su mayoría arrepentidos, que admitieron que para evitar ir presos reconocieron pagos ilegales que –dicen—no habían existido. Pero también aclararon, como Mario Rovella (de la firma Rovella -Carranza) y Guillermo Escolar (de Cleanosol), que dejaron constancia ante un escribano público que mentían bajo coacción.

Ellos y otros casos habían quedado arrastrados por una lista de empresas que entregó Clarens para evitar la cárcel. López y De Sousa estaban presos por el caso Oil Combustibles desde fin de 2017, por el que finalmente fueron absueltos. En esas circunstancias, como ellos no se convirtieron en imputados colaboradores, Bonadio les dictó prisión preventiva en “Cuadernos” por la mención que había hecho el financista.

El armado

Clarens declaró siete veces en el expediente durante la instrucción de la causa. En un comienzo, el 17 de agosto de 2018, dijo que no conocía a López y a De Sousa. López hizo este repaso del relato del financista: “Cuando se refiere a nuestra empresa, a pregunta de Stornelli dice que a Cristóbal López no lo conozco porque tiene línea directa. Pero sí nombra a Eskenazi del grupo Petersen. A los seis días , vuelve a declarar y rectifica. Dice que Eskenazi no pasaba por su oficina, que se equivocó, que antes había tenido contacto con él pero no en este marco. Siete días después Stornelli y (Carlos) Rívolo piden anular el acuerdo y su detención. Así lo apretaron a Clarens. Ante esa situación celebran un nuevo acuerdo el 3 de septiembre y mete seis planillas con importes y nombres y en el anexo 6 aparece CPC. Hasta ese día éramos desconocidos por Clarens, porque teníamos línea directa. Pero aparecemos en ese archivo que dijo que tenía en su computadora. Seguro la hizo entre la anterior declaración y el 3 de septiembre. El 17 de enero de 2019 vuelve a declarar y dice que se equivocó, no era PTS sino CPC. Con esta jugada lo terminan de sacar a los Eskenazi y nos entierran a nosotros”.

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“Nos metieron a nosotros con alevosía”, cuestionó López. “Es una causa armada doctores. Y lo saben en tribunales. Los únicos presos fuimos nosotros. (Gerardo) Ferreyra, De Sousa y yo, conocidos como kirchneristas. Hay sobreseídos que reconocieron poner plata. Los más importantes. Hoy no están en este proceso”, se quejó en alusión al Grupo Techint, cuyos dueños y directivos, entre ellos Paolo Rocca, fueron desvinculados antes del juicio cuando intervenía el juez Julián Ercolini, quien concluyó que pagaban coimas por razones humanitarias referidas a la situación de la empresa en Venezuela.

“Es una vergüenza esta causa. La palabra jamás es muy contundente. Jamás le puse plata a nadie. Nunca me hubiese podido pedir plata porque es cierto, yo tenía línea directa. Yo me podía sentar con la Presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) y decirle ‘doctora me están pidiendo plata’”, advirtió. “Les pido que termine este calvario”, reclamó y dijo que era la primera vez que se sentía escuchado en siete años de proceso.

De Sousa recordó que estaba detenido en el penal de Ezeiza cuando lo fueron a buscar sorpresivamente a su celda a las 2 de la mañana para trasladarlo a Comodoro Py. No sabía que era por “Cuadernos” y no entendía lo que pasaba porque había estado horas antes con su abogado hablando de la causa que lo tenía detenido. En los tribunales federales le quisieron poner un defensor oficial. No habían avisado a su letrado y demoraron en permitirle tener contacto con él hasta las dos de la tarde. Aceptó declarar, aunque era imposible hacerse una idea de la causa en 15 minutos y evaluar lo que había dicho el arrepentido que lo involucraba. Contestó, de todos modos, las preguntas. Nadie le ofreció arrepentirse –contó– aunque esa opción aparece en el acta. “Tampoco tengo nada de que arrepentirme, pero les cuento como fue el proceso y me regresaron al penal a las 6 de la mañana del día siguiente, después de 28 horas. Esto es absolutamente traumático”, declaró.

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“Nadie, ni Clarens, ni Centeno, ni los arrepentidos, ni me conocen. Mi primera aparición (en la causa) es una decisión del fiscal y del juez, yo creo que era porque era director y vicepresidente de la compañía”, insistió De Sousa. “Nunca lo vi (a Clarens), no sé dónde estaban sus oficinas. Y eso que Clarens es una persona que nos ha marcado la vida a muchos de los que estamos acá, en un juicio que nos lleva diez años nos hace muertos civiles a los empresarios, no podemos pisar un banco, ni formar parte de los directorios de una empresa”, regañó.

Igual que López, De Sousa repasó los vaivenes del relato de Clarens. Al comienzo no lo nombró y dijo que no conocía a López, pero que Eskenazi pasaba por su oficina. Después “se rectifica acerca de lo que dijo de Eskenazi” y “empieza el proceso de lavandina para sacar a Petersen del expediente. Claro que hay un juez amigo, Bonadio lo era para Eskenazi, si no estarían acá”. “Seis declaraciones diciendo que no le habíamos dado plata y frente al juez dice que se equivocó y listo. En marzo va a Py, nunca estuvo detenido”; le preguntan “qué elemento tenés para decir que CPC te dio plata” y “lo único que me recuerdo es que me llamaban antes de traerme la plata. ¿Quién? No lo sé”, describió De Sousa. Preguntó al tribunal: “¿A quién le di el dinero? ¿Adónde? ¿Por qué? ¿A quién mandé a pagar dinero?”, preguntó el empresario. “Pongo las manos en el fuego que nadie de nuestras empresas jamás dimos dinero”, aseguró. “¿Dónde hay una prueba…?”, interpeló. La imputación les adjudica la entrega del equivalente a 3 millones de dólares.

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Cristóbal López precisó un detalle sobre el vínculo de Bonadio y Eskenazi, que dijo que se remontaba al gobierno de Carlos Menem. El hijo de Bonadio, contó, tuvo “una causa por enriquecimiento ilícito” y lo sobreseyeron después que presentara como justificación dos mutuos, uno de los cuales era por 600.000 dólares de Eskenazi.

Más relatos que desarman la farsa

Al comienzo de la audiencia de este jueves declaró Rodolfo Perales, de Perales Aguiar S.A, empresa de ingeniería vial y civil. Fue breve pero conciso: “Lo que dije de entregar dinero a Clarens, no fue. La declaración que hice fue por miedo de quedar detenido si no lo hacía”.

También declaró Jorge Benolol, de la empresa JCR, la constructora que pertenecía al empresario fallecido Juan Carlos Relats, a quien se vinculaba con los Kirchner. Benolol dijo que era un simple empleado, que jamás en su vida vio a Clarens ni tuvo contacto de ningún tipo. La hija de Relats que había quedado a cargo de la empresa, explicó, también falleció. En cierto momento de la causa llegó a pedir que hicieran una rueda de reconocimiento para que el financista dijera quién era él porque, explicó, estaba seguro que no podría identificarlo ya que no lo conoce y él no está en redes sociales ni es una persona pública. No se lo concedieron. Le adjudicaron 40 entregas de dinero. Lo procesaron y hoy está sentado como acusado en el juicio.

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