Las internas de Hamas y la voluntad sionista de seguir el genocidio a toda costa. Artículo aparecido originalmente en +972. Traducción: Sin Permiso.
Dahlan fue en su momento el archienemigo de Hamas en Fatah y la Autoridad Palestina (AP). En la década de 1990, tomó medidas enérgicas contra Hamas con puño de hierro, y sus fuerzas fueron acusadas de torturar a los líderes detenidos de Hamas. Después de que Hamas ganara las elecciones palestinas de 2006, Dahlan dirigió manifestaciones en Gaza llamando a Hamas «montón de asesinos y ladrones». El movimiento islamista lo acusó de orquestar un intento de asesinato en 2007 contra el entonces primer ministro Ismail Haniyeh; al año siguiente, Vanity Fair reveló que Dahlan había conspirado con la CIA para llevar a cabo un golpe militar contra el gobierno recién elegido de Hamas.
Después de que Hamas consolidara violentamente su poder en Gaza y destruyera la casa de Dahlan, este se trasladó a Cisjordania. Pero en 2011, fue expulsado de Fatah y de la AP por el presidente Mahmoud Abbas, quien lo acusó de corrupción y participación en la muerte del expresidente Yasser Arafat. Dahlan (que niega todas estas acusaciones) posteriormente se trasladó a los Emiratos Árabes Unidos, donde desde entonces se ha convertido en un influyente asesor del presidente Mohamed bin Zayed Al Nahyan.
Hamas comenzó a acercarse a Dahlan en 2013 como una forma de reparar las relaciones con el presidente de Egipto, Abdel Fattah El-Sisi, y presionar al presidente Abbas. Sin embargo, la relación se mantuvo limitada y Abu Dhabi ha mantenido una postura hostil hacia Hamas, incluso ayudando a apoyar a las bandas a sueldo de Israel contra Hamas en Gaza. Pero eso parece estar cambiando, y rápido.
La semana pasada Dahlan se reunió personalmente con Hamas y otras cinco facciones palestinas en El-Alamein, Egipto, para acordar una hoja de ruta para la reconstrucción de Gaza, incluida la retirada de las fuerzas israelíes, el desmantelamiento de las facciones armadas y la transferencia del gobierno de Hamas a un organismo tecnocrático palestino.

Según una alta fuente política palestina, Abu Dhabi incluso recibió una delegación de Hamas el mes pasado para aumentar su confianza en esa hoja de ruta. La última vez que se sabe que funcionarios de Hamas pisaron los Emiratos Árabes Unidos fue en 2010, cuando el jefe de logística del grupo, Mahmoud Al-Mabhouh, fue asesinado por el Mossad en un hotel de Dubai y Hamas acusó a los hombres de Dahlan de estar involucrados.
Cada uno de estos rápidos desarrollos habría sido impensable hace solo unos meses. Los Emiratos Árabes Unidos han estado abiertamente en contra de Hamas durante años, las negociaciones en Egipto estuvieron estancadas durante meses y la Junta de Paz del presidente Donald Trump parecía estar estancada. ¿Qué cambió? ¿Y qué puede suceder después?
¿Transformación o continuidad?
El pasado mes de mayo, se suponía que Hamas celebraría elecciones internas para elegir el sucesor de Yahya Sinwar, quien había asumido el cargo de jefe de la oficina política del grupo después del asesinato de Ismail Haniyeh por parte de Israel en julio de 2024, antes de que el propio Sinwar fuera asesinado en Gaza tres meses después. El grupo islamista informó a los mediadores que tales elecciones eran un requisito previo crucial para articular una respuesta clara sobre el tema del desmantelamiento de las armas pesadas de Hamas, y el grupo recibió garantías de que podría proceder.
La noche antes de que los miembros del Consejo Shura de Hamas emitieran sus votos, Israel asesinó al jefe militar del grupo, Izz Al-Din Al-Haddad, y descarriló las elecciones. El 16 de mayo, una parte importante de los 71 miembros del Consejo de la Shura emitieron papeletas en blanco como protesta, y la elección se pospuso 20 días. Israel luego asesinó al sucesor de Haddad, Mohammed Odeh, menos de dos semanas después, retrasando las elecciones a la tercera semana de julio.
La elección fue increíblemente reñida entre Khaled Meshaal, ex líder político principal de Hamas que representa al ala moderada del movimiento, y Khalil Al-Hayya, adjunto de Sinwar, que representa tanto a las alas pragmáticas como militantes de Hamas. Los dos candidatos hicieron campañas diametralmente opuestas.

Meshaal hizo campaña por el cambio y la moderación. Abogó por reducir la dependencia de Hamas de Irán, profundizar sus relaciones con el mundo árabe y cambiar el nombre de manera que ayudase a abrirse a Occidente. (Se sabe que Meshaal tuvo buenas relaciones con Tony Blair, quien incluso lo invitó a Londres después de una serie de reuniones en 2015 y dijo: «Nos equivocamos al boicotear a Hamas»). Las alas de Hamas que representa Meshaal consideran que el ataque del 7 de octubre fue un error estratégico o incluso un desastre, dado el formidable precio que pagó Gaza.
Meshaal tenía el respaldo de Qatar, Turquía y la Hermandad Musulmana. Fue excluido de las negociaciones de alto el fuego de Gaza en El Cairo durante dos años debido a un veto efectivo impuesto por Yahya Sinwar y sus sucesores dentro del enclave, y solo se involucró en diciembre pasado.
Al-Hayya representa la continuidad política con Ismail Haniyeh, con quien tenía una estrecha amistad. Se encuentra entre Meshaal y Sinwar en el espectro político, y tiene buenas relaciones con el ala militante de Hamas; durante la campaña, Al-Hayya no abogó por el distanciamiento de Hamas del 7 de octubre o del legado de Sinwar. Su ala del movimiento cuenta con el respaldo de Irán y Egipto.
Durante las negociaciones de alto el fuego en Gaza, Al-Hayya se llevaba bien con Steve Witkoff, por el hecho de que ambos eran «miembros del mismo club terrible: padres que enterraron a sus hijos», como dijo Witkoff. El sector de Al-Hayya también esperaba persuadir a Irán para que incluyera a Gaza en sus conversaciones de alto el fuego con los Estados Unidos como lo había hecho con el Líbano.
La votación final fue muy apretada: 35 votos para Al-Hayya, 34 para Meshaal. Esto representó un gran impulso para el ala moderada de Hamas en comparación con las elecciones de 2021, cuando Meshaal renunció y permitió que Haniyeh ganara sin discusión a cambio de la dirección de la representación externa de Hamas.
Lo que inclinó la balanza a favor de Al-Hayya fue la incertidumbre sobre el camino a recorrer, especialmente con Israel negándose a avanzar en el acuerdo de Trump y violando repetidamente el alto el fuego. Los asesinatos de Israel también influyeron en gran medida.

Izz Al-Din Al-Haddad, el jefe militar asesinado, era considerado muy cercano a Meshaal. En una carta que envió el año pasado a la dirección del grupo en Doha, los instó a reagrupar sus filas y elegir un nuevo líder supremo; Al-Haddad nombró a seis candidatos potenciales, incluidos Al-Hayya y Meshaal, pero puso el nombre de Meshaal primero.
Este gesto del jefe de las Brigadas Al-Qassam representó el levantamiento del veto de Sinwar sobre Meshaal. Pero el asesinato de Al-Haddad por parte de Israel eliminó al partidario clave de Meshaal en el ala militar de Hamas.
Meshaal también se debilitó por el hecho de proponer una Carta más moderada de Hamas en 2017, que se interpretaba como una aceptación de estado palestino en las fronteras de 1967, pero no produjo resultados tangibles. También fue una de las figuras que empujaron a Hamas a aceptar el plan de Trump, que ha resultado ser una fachada en lugar de un verdadero alto el fuego. Desde 2017, el mensaje de los partidarios de la línea dura de Hamas al ala moderada ha sido que cualquier cambio dramático en la estrategia o del mandato del movimiento sería redundante, ya que Occidente lo ignoraría.
Más importante aún, las elecciones tuvieron lugar bajo la inminente perspectiva de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decidiera reanudar las operaciones militares e invadir el 30 por ciento restante de Gaza antes de las propias elecciones de Israel, lo que haría colapsar incluso la fachada de un alto el fuego. En este contexto, el liderazgo de Hamas en Gaza prefirió tener a alguien del territorio cercano al ala militante e Irán en la cima de la organización.
Al mismo tiempo, Al-Hayya es visto dentro de Hamas más como un gestor burocrático que como un lider carismático, que ofrece estabilidad y preservación. De hecho, después de ganar, no hizo cambios en los altos cargos de la organización.
Compromisos difíciles
Si bien la estabilidad era ciertamente parte de su atractivo, Al-Hayya también tiene credenciales como habitante del bastión de Hamas de Shuja’iyah en Gaza y padre de cuatro mártires, dos de los cuales fueron muertos después del 7 de octubre. Esto en realidad puede fortalecer su capacidad para ir en una dirección diferente: alcanzar compromisos duros que el liderazgo externo de Hamas no habría podido perseguir sin cuestionar su legitimidad.
En los últimos meses, Meshaal ha estado bajo constante ataque en las redes sociales de cuentas dirigidas por individuos cercanos a la rama de Gaza de Hamas, acusándolo de corrupción, nepotismo y capitulación. Tales ataques públicos sin precedentes hizo que el sector de Meshaal empujase al liderazgo de Hamas a emitir una rara declaración oficial que nombraba y condenaba esas cuentas específicas de redes sociales. Crecieron las especulaciones de que Hamas podría dividirse en dos facciones.
Al-Hayya se ha convertido ahora en esas mismas cuentas en el «líder guerrero» y el «jeque guerrero». Tales calificativos son necesarios para ganarse la confianza de los militantes que se supone que deben participar en un proceso extremadamente sensible de desmantelamiento y entrega de sus armas.
Hamas y otras facciones armadas en Gaza no confían en que Israel cumpla con sus obligaciones de retirarse de Gaza y permitir la reconstrucción bajo la segunda fase del acuerdo de Trump. Esto se debe a que Israel nunca cumplió realmente con ninguna de sus obligaciones mucho más básicas de la primera fase del acuerdo, como suspender sus bombardeos en Gaza y permitir la entrada de suficiente ayuda humanitaria.
Por lo tanto, el desarme dejaría a Gaza indefensa, acabando con la única palanca restante de Hamas en las negociaciones. Como tal, Hamas ha estado insistiendo en que el desarme solo ocurrirá después de que Israel se retire por completo de Gaza. También ha exigido el derecho a retener armas defensivas, incluidas las armas de fuego personales necesarias para una insurgencia en caso de que Israel vuelva a invadir Gaza.
Israel, por otro lado, ha estado exigiendo el desarme total de Hamas y otras facciones como condición previa para la retirada, la reconstrucción, la suspensión de los bombardeos diarios, e incluso permitir que un nuevo órgano de gobierno, el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), se haga con el control de Hamas.
La nueva hoja de ruta de la Junta de Paz, que Al-Hayya aceptó en Egipto la semana pasada, cierra la brecha entre estas dos posiciones opuestas. Dispone que Israel cumpla primero con sus obligaciones de la primera fase del alto el fuego para generar confianza en que cumplirá con la segunda fase. Exige que Israel permita inmediatamente a la NCAG entrar en Gaza para que construya la legitimidad necesaria antes de entregar y almacenar las armas pesadas. Y requiere que Israel despliegue la Fuerza Internacional de Estabilización (FSI) en Gaza para crear un amortiguador entre la población y el ejército de Israel, proporcionando una mayor sensación de seguridad sobre el desarme y al mismo tiempo avance en el proceso de retirada.
Según la hoja de ruta, el desmantelamiento ocurriría en paralelo con la retirada de Israel, en lugar de antes o después. Las armas serían almacenadas por el NCAG en lugar de ser entregadas a Israel o destruidas, un giro inteligente para evitar un espectáculo de rendición o denuncia del derecho de los palestinos a la resistencia armada como pueblo ocupado. A Hamas y otras facciones se les permitiría retener armas personales con la condición de que obtengan una licencia del NCAG.
Mohammed Dahlan jugó un papel crucial en la aceptación de este acuerdo la semana pasada, ayudado por el hecho de que es asesor del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, un político palestino de alto rango y amigo cercano de Jared Kushner. Para Hamas, la amarga píldora del desmantelamiento se endulzó al incluir una cláusula en la hoja de ruta por la que se asignarían 400 millones de dólares para liquidar las deudas gubernamentales a funcionarios públicos, contratistas y empresas privadas que se remontan a dos décadas, ayudando a salvar la popularidad nacional del grupo. Se espera que la mayor parte de este dinero vendrá de los Emiratos Árabes Unidos.
Además, una fuente cercana a las conversaciones me dijo que Dahlan ha estado discutiendo ciertos acuerdos políticos relacionados con las próximas elecciones legislativas palestinas, que se celebrarán en noviembre de 2026. Según esta fuente, Dahlan ha mantenido conversaciones con Hamas, partidos de izquierda (incluidos el PLFP y el DLFP) y la facción de Marwan Barghouti en Fatah para evaluar la posibilidad de formar una oposición unida al presidente Mahmoud Abbas y sus acólitos.
Sabotaje israelí
En las conversaciones previas al acuerdo de la semana pasada sobre la hoja de ruta de la Junta de Paz, las facciones palestinas exigieron garantías a los mediadores de que si aceptaban el desarme, Israel se vería obligado a ceñirse a su parte del acuerdo. Pero tan pronto como Hamas y las otras facciones firmaron el acuerdo, Israel comenzó a intensificar su campaña de bombardeos en Gaza y Netanyahu se apresuró a rechazar el acuerdo. El ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha israelí, Itamar, Ben Gvir, calificó la hoja de ruta de «inaceptable» y prometió: «Los asesinatos selectivos en Gaza deben continuar, se debe fomentar la emigración, Israel debe ganar». El lunes, un funcionario israelí afirmó que «Israel no se retirará de la línea actual en la Franja de Gaza».
Para Dahlan, esto no es una sorprensa. «Eramos conscientes… de que Netanyahu haría todo lo que estuviera a su alcance para acabar con la oportunidad en la que trabajaba el presidente Donald Trump», escribió en X. «Hoy el mundo entero ve la gravedad de la masacre que cometió para bloquear el camino hacia la mayor oportunidad de comenzar a poner fin a la guerra y establecer seguridad para nuestro pueblo en Gaza y para todas las partes».
Los mediadores han estado advirtiendo durante meses que, independientemente de los detalles del acuerdo, Netanyahu no permitiría ningún progreso en Gaza con las elecciones de Israel que se avecinan, especialmente cuando sus socios de la coalición y miembros del partido han estado haciendo campaña para reconstruir asentamientos en Gaza y se enorgullecen de la destrucción total del enclave.
Nickolay Mladenov, el Alto Representante de la Junta de Paz para Gaza, criticó a Israel por «dos días de ataques en Gaza [que] han matado a civiles y destruido suministros médicos». Pero en lugar de presionar a Netanyahu, la Junta de Paz ahora se está alineando con él.
Después de reunirse con el primer ministro israelí el lunes, la Junta emitió una declaración renegando del acuerdo y reescribiendo sus términos de tal manera que no se requeriría la retirada israelí antes del desarme total de Gaza, incluidas las armas ligeras. Israel está exigiendo además conservar el derecho de bombardear Gaza siempre que lo considere necesario, incluso después de que el acuerdo entre en vigor, y que las armas recogidas por el NCAG sean destruidas inmediatamente en lugar de almacenadas.
Estas exigencias son deliberadamente inasumibles. Incluso si el liderazgo de Hamas en el extranjero es de alguna manera engañado para aceptarlas, los militantes sobre el terreno se negarán a cumplirlas, viéndolas como una admisión de derrota.
Además, incluso si Trump finalmente decide presionar a Netanyahu para que implemente la hoja de ruta acordada, Israel tendría numerosas formas de obstruir, socavar o colapsar el proceso durante la implementación. Lo más obvio sería utilizar la hoja de ruta para avanzar en el plan «Nuevo Rafah»: construir un campo de concentración enjaulado o una aldea de Potemkin en el sur de Gaza como truco de relaciones públicas para ganar tiempo y permitir que el asedio, los bombardeos y el desplazamiento del resto de la Franja continúen con toda su fuerza.
Antes de que se acordara la hoja de ruta, Israel había logrado convencer a la Junta de Paz de que abandonara su plan de reconstrucción de Gaza y, en su lugar, se uniera al esquema «Nueva Rafah». Los israelíes argumentan que, dado que la ciudad de Rafah ha sido completamente despoblada y arrasada, y ahora está estrictamente controlada por los militares israelíes, por lo tanto, es el lugar perfecto para desplegar el ISF y la NCAG. Al mismo tiempo, Israel se opone a cualquier reconstrucción genuina incluso en «Nueva Rafah»; a lo sumo, ofrece permitir que los contenedores de envío de ayuda se utilicen como hogares para una pequeña fracción de la población o para servir como oficinas para el NCAG.
Complacer el maximalismo de Israel solo conducirá a la continuación del genocidio. También corre el riesgo de inclinar el equilibrio de poder dentro de Hamas hacia los partidarios de la línea dura, que es precisamente lo que Netanyahu quiere. El pragmatismo palestino, por muy auténtico o dolorosamente alcanzado, sigue siendo impotente contra un ocupante cuya supervivencia política depende de una guerra perpetua, y para quien ningún compromiso palestino es suficiente.
Para la mayoría de los palestinos en Gaza, mientras tanto, la elección de liderazgo de Hamas ha recibido poca atención. Las demandas de la calle siguen siendo las mismas: que Hamas renuncie al gobierno y haga todo lo posible en la mesa de negociaciones para poner fin al bombardeo de Israel e iniciar la reconstrucción de la Franja, y que las elecciones se celebren rápidamente para designar un nuevo liderazgo palestino. La exigencia de responsabilidad para aquellos que decidieron lanzar el ataque del 7 de octubre también se siente fuertemente, pero tal responsabilidad solo podrá manifestarse en los colegios electorales.






