Una de las marcas del siglo XX es el avance de las extremas derechas en buen parte de Occidente. En nombre de cierto puritanismo, sectores conservadores se han empoderado en el país que se ufana de ser la cuna de las libertades. Aunque parezca increíble, la censura de libros ha avanzado a niveles nunca vistos en los Estados Unidos de Donald Trump.
El magnate republicano dio rienda suelta a grupos fundamentalistas que integran el movimiento Make America Great Again (MAGA). A diferencia de los bomberos pirómanos de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, no queman libros. Por ahora se conforman con prohibirlos en las escuelas.
Como la libertad de Javier Milei en la Argentina, la censura avanza en los Estados Unidos de Trump. Durante 2025, más de cinco mil títulos fueron retirados de las bibliotecas públicas, con epicentro en el estado de Florida, la meca de los ultras. Y otros siete mil fueron raleados de los programas de estudios en las escuelas.
El estado sureño es el caso testigo por excelencia a la hora de avanzar contra los libros en bibliotecas y escuelas. Un cuarenta por ciento de los títulos denunciados aborda la temática LGBTIQ y rechaza que esa clase literatura aparezca en los planes de estudio.
Qué libros ya fueron prohibidos
Así, un grupo de presión como Moms for Liberty se erige en una versión actual de la inquisición, bajo la premisa de que los padres tienen derecho a intervenir en los programas escolares. El cuento de la criada de Margaret Atwood, una novela distópica que en el mundo ideal de estos grupos acaso podría leerse como relato de costumbres, es uno de los títulos preferidos a la hora de censura.
La naranja mecánica de Anthony Burgess y Choque de reyes de George R. R. Martin también aparecen entre los títulos censurados del último año, en un contexto en que el ala derecha del Partido Republicano propone una ley para retacearlos fondos públicos a las instituciones que osen incluir libros incluidos en el Index conservador, sobre todo los de temática de género y educación sexual.
Este clima fue retratado en una novela distópica (¿o no?) de la autora kuwaití Bothayna El Essa. La biblioteca del censor de libros, aparecida en 2024, fue seleccionada para competir por el National Book Award, la máxima distinción literaria en los Estados Unidos.
Alicia Quiñones, directora del Pen Club Internacional para América, señaló que el fenómeno estadounidense, no sería, en términos de la Argentina actual, barrial: se está exportando. Justamente, uno de los países en los cuales el Pen Club detectó un comportamiento similar es la Argentina de Javier Milei, con el caso de la avanzada sobre la ESI y sobre títulos como Cometierra de Dolores Reyes.
“La censura de libros está siendo utilizada como una herramienta para limitar qué historias pueden contarse, que experiencias pueden ser reconocidas y qué perspectivas pueden formar parte del discurso público”, expresó Quiñones. Así son las cosas en el país que en su himno nacional se define como la “tierra de los libres”.







