“La sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte”. “El sálvese quien pueda es expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación”. “Nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados”. “Basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como decía Francisco”.
Las contundentes palabras del arzobispo porteño Jorge García Cuerva a lo largo de los 15 minutos de su homilía resonaron desde el púlpito de la catedral de Buenos Aires en el tedeum del 25 de mayo.
Lo escuchaban Javier Milei y parte de sus funcionarios, en un momento de especial tensión interna en su gabinete, entre la guerra a cielo abierto desatada entre Santiago Caputo y Martín Menem, las múltiples denuncias por el enriquecimiento de Manuel Adorni, la fría distancia que se evidenció esta mañana entre Patricia Bullrich y Karina Milei (tanta, que más tarde la senadora se quedaría sin poder ingresar al Cabildo). La vicepresidenta Victoria Villarruel ni siquiera fue invitada a este acto protocolar.
En contraste, a diferencia del tedeum del año pasado, cuando le esquivó el visiblemente saludo, esta vez Milei se encargó de mostrarse afectuoso con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri.
Metáforas
El arzobispo, único orador del acto litúrgico, apoyó su homilía en el texto bíblico del evangelio de Marcos en el cual Jesús sana un paralítico ante la mirada escéptica de los escribas allí presentes.
“Cuatro hombres acercan un paralítico a Jesús, alguien que no podía caminar, que no podía pararse por sus propias fuerzas”, recordó García Cuerva aludiendo al texto evangélico. “Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad” porque “desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos más postergados”, fue la metáfora elegida.
Conocedor de las repercusiones que pueden tener sus palabras en la sociedad y, en particular en la vida política, García Cuerva al introducir su alocución reiteró una advertencia que ya hizo en ocasiones anteriores. “El mensaje que compartiré -dijo- quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido de que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación”.
La homilía de arzobispo en el tedeum se produce en un momento especialmente sensible para las relaciones entre la Iglesia y el gobierno de Milei, por las críticas de los obispos a las decisiones del oficialismo en materia social y por lo que la jerarquía católica considera como desatención a sus reclamos, más allá de los diálogos producidos entre ambas partes en las últimas semanas. Todo esto se suma al clima de crisis interna que marca el presente de gobierno libertario.
Mensajes
Si bien García Cuerva no actúa formalmente como vocero del episcopado -algo que corresponde institucionalmente al presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo mendocino Marcelo Colombo- el contexto y las circunstancias hacen que lo que dice el arzobispo porteño se lea como un mensaje dirigido al gobierno y, en general, a la dirigencia política del país.
“No es cuestión de buscar rápidamente responsables que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales”, afirmó el arzobispo. Subrayó que no se trata de buscar culpables sino soluciones. Y apuntó contra quienes están “apoltronados en su comodidad y en sus seguridades”. Porque-dijo- “viven de privilegios, alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que invitan a hacer el bien”.
Refiriendo al pasaje bíblico agregó que aquellos escribas que estaban mirando lo que Jesús hacía eran “odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando”.
“El sálvese quien pueda” no es más que “expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación, porque terminamos siendo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar”, dijo en otro momento de la homilía.
“Nos falta una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades”, reclamó también.
Los actores
En varios pasajes de la homilía el arzobispo insistió en la importancia de trabajar por la unidad y en favor de la esperanza colectiva y, siempre aludiendo al texto bíblico, rescató que quienes le presentaron el paralítico a Jesús “no se dejan ganar por el ‘no se puede’, por el desaliento; tampoco por el ‘siempre se hizo así’ ”. Porque la creatividad y la audacia pueden más y lo hacen juntos, subrayó García Cuerva: “Dejaron de lado por un rato sus diferencias, porque pusieron en el centro de su misión al paralítico; se pusieron a su servicio, no se sirvieron de él; porque tuvieron el mismo objetivo: acercarlo a Jesús”. Y para no dejar dudas, tradujo: “En términos políticos: acordaron, consensuaron, se plantearon una tarea común pensando en los más frágiles”.
Siguiendo con el ejemplo el arzobispo destacó “cuatro actores esenciales para la Argentina de hoy”. El “actor del bien común”, “no como la suma de intereses, sino como la capacidad de una Nación de velar por todos sus hijos, especialmente por los más necesitados”. El “actor del diálogo” escuchando “a todos, respetando, hablando cordialmente, buscando consensos en la diversidad”, dijo con Javier Milei sentado en primera fila. “El actor de la amistad social” y por último el “actor de la esperanza”: “un motor interno” que “anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor”.
Se trata, señaló García Cuerva, de “cuatro amigos, cuatro actores capaces de cargar lo que hoy tiene paralizado a nuestro pueblo y a su clase dirigente, cuatro acuerdos fundamentales: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza”.
El arzobispo finalizó su homilía exclamando “Argentina levántate, vos podés”. Porque, dijo, “levantarse es signo de resurrección, es un llamado a revitalizar la urdimbre del tejido de nuestra sociedad; es ponerse de pie y caminar juntos venciendo la invalidez de la desesperanza que nos lleva a hacer componendas rastreras, de la intolerancia que fermenta nuevas formas de violencia, de la tristeza crónica que a veces se nos pega en el alma y nos hace creer que nunca vamos a salir adelante”.







