Mientras rompen el ayuno en la mesa del iftar durante el Ramadán, Sara Warsh Agha y sus hermanos Ayman, Nafeth e Ibrahim ocupan sus asientos con una ausencia imposible de llenar. Frente a ellos ya no está su madre, asesinada por una bala israelí en el norte de Gaza.
Basma Banat, de 28 años, salió de su casa en Beit Lahia el domingo por la mañana rumbo al trabajo, como hacía cada día. Esta vez, según relataron sus familiares, disparos procedentes de vehículos militares israelíes apostados al este de la ciudad la alcanzaron en la parte baja de la espalda y le arrebataron la vida.
Permaneció durante horas con heridas críticas en el Hospital Al-Shifa, en Ciudad de Gaza, hasta que los médicos anunciaron su muerte mientras sus allegados aguardaban fuera.
Despedida marcada por el dolor
En el interior de su vivienda, dañada por bombardeos israelíes en Beit Lahia, los familiares de Basma Banat la lloraban entre escenas de gritos y lágrimas incontenibles.
Su madre, Samar Banat, rompía en llanto mientras abrazaba a sus nietos. Contaba que su hija se dirigía a su trabajo en un centro educativo acompañada de sus hijos cuando los disparos israelíes la alcanzaron.
“Matron a Basma, mi amada, mi hija… Dios, recompénsame en esta tragedia y concédeme paciencia”, clamaba entre sollozos.
Por su parte, su hermano Ahmed Banat relató que ella iba camino al trabajo y que se encontraban cerca de la plaza de Beit Lahia cuando, a primera hora de la mañana, estalló un intenso tiroteo desde vehículos israelíes.
“Me quedé en shock cuando sus hijos salieron corriendo y gritando: ‘Nuestra madre ha sido martirizada’. Salí de inmediato y la encontré tendida en el suelo”, recordó. Según explicó, tuvo dificultades para recuperar su cuerpo y trasladarlo al hospital, donde más tarde falleció.
«La zona segura es una gran mentira»
Ahmed rechazó las afirmaciones israelíes sobre la creación de zonas «seguras» para la población civil palestina en Gaza.
“La zona segura es una gran mentira. No hay ningún lugar seguro. Enfrentamos disparos y bombardeos por la mañana y por la noche. Nuestras vidas no valen nada”, denunció, al tiempo que pidió una solución tras dos años de genocidio.
A su lado, el esposo de Basma, Mousa Warsh Agha, permanecía de pie junto a sus cuatro hijos, sosteniendo en brazos al menor, Ibrahim, un bebé que dormía ajeno a que no volverá a ver a su madre.
“Sigo en shock. ¿Qué voy a hacer con mis hijos?”, dijo con la voz quebrada. “¿Qué les digo cuando cada día me pregunten: ‘¿Dónde está nuestra madre?’”
Según explicó, su barrio sufre a diario intensos disparos desde vehículos militares israelíes, francotiradores y artillería, pese a que se encuentra fuera de las zonas bajo control israelí y está clasificado como “seguro” en virtud del alto el fuego.
Un corresponsal de la agencia de noticias Anadolu documentó el origen de los disparos contra palestinos cerca de la llamada «Línea Amarilla», a lo largo de la frontera de Gaza.







