El domingo 25 de octubre se juega una partida fundamental en el continente. La segunda vuelta en Brasil, entre Flávio Bolsonaro (hijo de Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de estado contra el gobierno de Lula), y Lula da Silva, es una disputa que va a extender sus consecuencias en este tiempo.
Decía en la asamblea de Feministas del Abya Yala en el 39° Encuentro Plurinacional de Córdoba Beatriz Da Luz Cruz, militante del sector de género del Movimiento Sin Tierra de Brasil: “Las elecciones brasileñas son decisivas. Ante un escenario de avance de la extrema derecha y del imperialismo en América Latina, las elecciones no son sólo del Brasil, sino del conjunto de América Latina. El resultado electoral del primer turno expresó la presión de la extrema derecha en el mundo, y una larga historia de despolitización basada en la superexplotación y opresiones de los pueblos, que dificulta cada día más procesos de emancipación. Hay una polarización consolidada en el ámbito nacional. La diferencia entre Flávio Bolsonaro y Lula fue de 2 puntos porcentuales. La izquierda aumentó las bancadas del Parlamento, y el PL (Partido Liberal, de Bolsonaro), también aumentó. Los partidos de centro disminuyeron sus bancadas, pero la mayoría de diputados y senadores es de derecha. Estamos ante elecciones de nuevo tipo, en las que las calles no son el único termómetro. La Empresa Meta aumentó 234 millones en ingresos solamente en septiembre -período de campaña del primer turno-. Hay una amplia adhesión de las empresas que lideran los imperios digitales al proyecto bolsonarista, y en el segundo turno no hubo disfraz. El caso fue juzgado por el Supremo Tribunal Electoral. La burguesía brasilera está dividida: el capital financiero está con Bolsonaro, y a la burguesia liberal le gustaria que Lula ganase, pero lo condiciona a no hacer cambios. En relación al agronegocio, 3 de cada 4 hectáreas de tierras cultivables son destinadas para la soja, la caña de azúcar, y maíz para la exportación. Es una fuerza política que siempre estuvo con la derecha, aunque Lula no la haya abandonado. La burguesía norteamericana defiende abiertamente al bolsonarismo. La clase trabajadora participó dividida de las elecciones. Hay una fuerte influencia de las iglesias y del fake news, como instrumentos de base que llegan rápido a las personas. Nuestro debate es avanzar en el diálogo con la clase trabajadora, para revertir este escenario. Es un trabajo de base de voto a voto. La juventud realizó movilizaciones masivas después del primero turno, y alteró en un 15% la intención de votos de jóvenes para Lula. 33 millones de personas no fueron a votar, expresando la descreencia en la política. La búsqueda es movilizar a estos sujetos”.
Política de la destrucción
Roberta Traspadini, profesora de UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) y de la Escuela Nacional Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra (MST) comparte: “La situación en Brasil está entre el odio y la esperanza. Del lado del odio, un hombre de unos 45 años de edad, que reproduciendo la forma violenta de relacionarse con la vida -como es la de Trump- trae la idea de que producir una política de destrucción de los mínimos de derechos sociales existentes en los procesos desarrollistas, es lo único posible para garantizar lo que llaman “prosperidad”. Produce una política que es la más peligrosa para nuestros pueblos: la del armamento a través de los pueblos, con el discurso de la persecución a los narcoterroristas. Sabemos que se trata de armar al pueblo contra el pueblo. Del otro lado, la esperanza. Un señor de más de 80 años, respetable en todo el mundo, capaz de ser un articulador nato, consolidador de políticas desarrollistas que, si bien no resuelven la situación toda, porque estamos en medio de políticas neoliberales hace más de 20 años, también es verdad que ha mejorado la situación, después de un gobierno conservador y fascista como el de Bolsonaro. Del lado de la esperanza está la movilización popular. La primera vuelta, donde perdimos, quedamos abajo de Bolsonaro, y eso nos hizo movilizar. Las calles están llenas, volviendo a colorearse de pueblo, y asumiendo una articulación que va más allá de la izquierda o del progresismo. Entre el odio y la esperanza, media una movilización popular, repleta de juventud estudiantil, de la enseñanza media a la superior, repleta de gente de los territorios populares, repleta de voluntad de garantizar que la lucha contra los pueblos sea frenada. Si perdemos el domingo, el tema es garantizar la continuidad de la movilización, de la lucha, respirar lucha. Si ganamos, es la construcción de otro proyecto, con otras referencias, dando voz a muchos líderes jóvenes que han surgido en estas elecciones, con una fuerza política territorial popular increíble. Vamos a seguir garantizando movilización, respiración, resistencia”.
¿Cuál es la situación de las mujeres?
Miriam Nobre, coordinadora de SOF Sempreviva Organização Feminista, y militante de la Marcha Mundial de las Mujeres Brasil, analiza el lugar de las mujeres en esta coyuntura: “Acá las mujeres son la mayor mayoría del electorado, casi el 53 por ciento. Superan a los hombres en unos 9.000.000 de votos. Así como en otras partes del mundo, hay una tendencia de los hombres hacia el voto conservador, y de las mujeres a no aceptar y a rechazar. Más hombres tienen intención de voto a Flávio, y más mujeres intención de voto a Lula, y eso se está ampliando en la segunda vuelta. Pero también las mujeres son la mayor parte entre los que aún no decidieron su voto… Las mujeres tuvieron en el gobierno de Lula una mejoría de los indicadores económicos, de empleo, de ingresos, pero es aún muy insuficiente. El salario mínimo aumentó -buena parte de la gente acá gana hasta 1 o 2 salarios mínimos- pero no es suficiente para sostener una familia. Los cálculos que el movimiento sindical hace, es que si fuera una familia de 4 personas, se necesitaría un salario mínimo 3 veces más grande. Y las mujeres tienen un ingreso medio menor que los hombres. Entonces, junto con el hecho de que las tasas de interés son muy altas, hay un endeudamiento grande, pero el de las mujeres es más grande. Hay más de 10.000.000 de mujeres que son madres solas, que sostienen sus familias solas. En el caso de esas mujeres, son la única persona adulta en la familia, tienen ingresos más bajos, la situación de endeudamiento es fuerte. Incluso muchas de ellas entraron a las apuestas -que acá les decimos “bets”- con el intento de salir del endeudamiento, y se endeudaron más. Entonces el gobierno tuvo algunos proyectos de renegociación de deudas, y las mujeres fueron la mayor parte de las que buscaran ese programa”.
Señala Beatriz da Luz Cruz: “La violencia contra las mujeres es un instrumento estructural de manutención del poder, de los privilegios de clase, de género, de etnia. El Brasil batió el record de feminicidios en el año 2025. Fueron 1.568 feminicídios. El gobierno Lula creó medidas de enfrentamiento a las violencias, pero es todavía insuficiente.”







