La baja de calificación es el pulgar para abajo con el que los centros financieros señalan este fin de ciclo macrista. Empresas y provincias frente al fantasma del default.

A seis meses de haber incluido al país como mercado emergente, la calificadora de riesgos MSCI (Morgan Stanley Capital Investment) retiró a tres empresas argentinas de su indicador principal (MSCI Global Standard). En total, eran 8 las empresas argentinas que quedaron calificadas en ese nivel en mayo, al ascender el país de Mercado de Frontera a Emergente. Ahora quedan 5, pero no se descarta que haya otras que puedan seguir el mismo camino. El gobierno de Mauricio Macri, que se vanaglorió de aquella suba de calificación, va cerrando su gestión con las peores notas de los representantes del poder financiero mundial, y le provoca un severo dolor de cabeza a las empresas líderes que pretendió favorecer. La medida del MSCI obliga a los fondos de inversión internacionales que se guían por sus informes, a eliminar de sus carteras los papeles de las tres empresas excluidas del indicador: Transportadora Gas del Sur, Pampa Energía y BBVA Banco Francés.

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A partir del 28 de mayo de este año, Argentina había sido reincorporada en la categoría de Mercado Emergente, con ocho de sus empresas (entre las que cotizan en Nueva York) integradas al MSCI Global Standard: Grupo Galicia, YPF, Globant, Banco Macro, Telecom Argentina y las tres ahora excluídas. Tras la noticia de este viernes, no son pocos los que especulan que estras tres «expulsiones» son tan solo las primeras.

Las cotizaciones del índice Merval cerraron la semana con fuertes bajas, 4,8 por ciento, pero mucho más impactante fue la baja de las cotizaciones de empresas argentinas en Wall Street. Lideraron la caída dos de las tres firmas excluidas del MSCI Global Standard: Pampa Energía (-10,4) y TGS (-9,4). Este movimiento arrastró a la baja a las cotizaciones locales (TGS cayó 12 por ciento en la bolsa porteña y Pampa 9,5 este viernes) y cambió abruptamente el clima. Los agentes locales perdieron el optimismo post-elecciones (tranquilidad y alzas en la semana siguiente al domingo 27), que transmutó en pesimismo manifiesto. “Esto pareciera ser el final de la tranquilidad post elecciones, la transición de ordenado no tendrá nada para los mercados” (Gonzalo Chiarullo, de Mahout Capital, citado por la agencia Télam este viernes).

El análisis de los especialsitas en temas financieros abarcan algo más que el estado de ánimo de los operadores para buscar conclusiones. Señalan que “el dato de la semana no es solamente la caída de las acciones, sino que además caen fuerte los bonos argentinos en el exterior; algunos ya perforaron el piso del 40 por ciento de cotización con respecto a su valor nominal, andan entre el 35 y 37”, indican. Otros recuerdan que los títulos de deuda argentina en 2001, dos meses antes del default de diciembre, cotizaban a una paridad del 90 por ciento.

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Y el mal clima no tiene que ver con el futuro, como se empeña a señalar el relato macrista residual, sino con este presente de mercado detonado al que llevó la política económica de Cambiemos. La imposibilidad de cumplir con los vencimientos de deuda pactados por el actual gobierno, sólo podrán superados por una buena negociación del gobierno entrante. Lo saben los especuladores y actúan en consecuencia, tratando de forzar (y condicionar) una negociación que se resuelva lo más favorable posible para ellos. Esa es la carta que Macri le dejó debajo del mantel al bloque financiero dominante.

Mientras tanto, la “transición” es, tanto para los mercados como para la política, un agujero negro de amplísimas dimensiones. Empresas fuertemente endeudadas con el exterior van a tener dificultades para pagar sus compromisos por el “cepo” a las apuradas que improvisó un gobierno sin vocación ni capacidad técnica. Son varias las empresas grandes con vencimientos en fechas inmediatas de obligaciones negociables en dólares. Lo mismo vale para algunas provincias. Si no tienen las divisas en el exterior, están imposibilitadas de adquirirlas internamente y transferirlas. Si los acreedores no le aceptan un canje por títulos de deuda a más largo plazo, el default es un fantasma que se corporiza. Este escenario de demolición tiene una única responsable: la política económica y financiera de estos cuatro años.

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