Las encuestas cada vez le dan mejor pero el panorama que le espera al próximo gobierno es un guion de Tarantino. La pregunta vuelve, ¿qué hacer? ¿es el momento indicado para el regreso? ¿Hay otra? Apuntes para un futuro en ciernes.

La intención de este texto es la de seguir pensando en voz alta con los lectores -piensen fuerte así oimos todos- algunas dudas sobre lo que parece cada vez más posible: la candidatura y eventual triunfo de CFK en las elecciones que vienen. Hubo hace varias semanas una nota del que escribe que se llamó Cristina, el Regreso, que más bien hacía referencia a lo que parecía relativamente sorpresivo, el milagro de ese retorno y sus posibles razones. Hubo otra de mi brother Coco que armó un lindo quilombo y debate posterior. La última esquirla fue la columna de Beatriz Repetto y Oscar Guisoni, Hablá, mudita, en la que se discutía -y apoyaba- el no tan silencio discursivo de Cristina. Mérito de Socompa: acá se discute bastante al (del) kirchnerismo en plan tranca y fraterno, cosa que no sucede en otros espacios. Merecería una nota aparte el hecho de que eso no pasa en un diario tan emblemático como Página/12, al que uno quiere de chiquito (Yo a vos te cambié los pañales).

La cosa se está poniendo espesa y muy interesante desde que Macri cae ruidosa y gozosamente en las encuestas; desde que Cambiemos y sectores del establishment entraron en pánico, confusión y bronca; desde que Lavagna el Magnífico lanzó-sin-lanzar su propia candidatura. Pero eso solo si el nabo de Dios se decide a apoyarlo y lo mismo el Universo. Hay mucho de magmático y abierto todavía en el proceso preelectoral. Ayer mismo (día martes para este texto) Sergio Massa, hasta ahora educadito y engominado con Lavagna, le dijo públicamente no te hagas el pícaro, jugá callado, presentate a internas.

Al que escribe -confesión pelotuda- se le hace difícil escindir razones políticas, afectivas y emocionales para entrarle al asunto de CFK candidata. Vayamos directo a las dudas políticas. Todo el mundo sabe que al próximo gobierno -el que sea- le va a costar un huevo y medio remontar la tragedia multidimensional, inconmensurable, que deja Macri, la que de manera igualmente lamentable supimos prever pero no evitar. Todo el mundo o medio mundo percibe además que el próximo gobierno va a tener rasgos fuertes de la transición que encaró Eduardo Duhalde y que eso requiere algo que puede sonar sinuoso a lo que llaman unidad nacional.

El sillón presunto de Rivadavia se va a parecer al trono de hierro crudelísimo de Game of Thrones, con todos los pinchos para afuera y rayos enviado por Zeus. Primer asunto: deuda monstruosa e impagable (medio mundo dice “sentarse y renegociar”, incluido Axel Kicillof en versión no soy Lucifer, pero eso no deja de ser una vaguedad). Segundo asunto: sostener y mínimamente reintegrar a millones de caídos del mapa mientras se comienza a gobernar (estaremos cerca del 40% de la población compuesta por pobres e indigentes cuando asuma el/ la próximo presidente). Tercer asunto: encarar las tareas uno y dos sin represión, muertes ni colapso político. Cuarto asunto: dar trabajo y contención social, reconstruir al Estado y al aparato productivo. Quinto: hacer todo lo (muchísimo) anterior, y ver cuánto de déficit fiscal y qué onda las tarifas, los jubilados, renovar el poder Judicial (Alá nos escuche) y las fuerzas de seguridad, y la institucionalidad, y un etcétera arduo, infinito. Un ciclo de mierda le toca al próximo.

Uno se pregunta, cuando mira aunque sea muy por arribita los desafíos que vienen, por qué carajo tanta gente quiere ser presidente. Por qué lo quiso ser Macri amén de interpretaciones psicoanalíticas o por niño rico con berrinches. Por qué quieren serlo Massa, Lavagna, Cristina misma. Eso lo dejamos para algún día improbable.

No lo hagas, Cris

La duda central que unos cuantos tienen/ tenían (el que escribe, parte de la militancia y del activo social y cultural kirchnerista, dirigentes peronistas K o peronistas buena leche) sobre la razonabilidad de la candidatura de CFK es que es demasiado pesado el desastre y está demasiado enajenada y facha la sociedad para que se haga cargo de la presidencia una figura que vendría con una especie de múltiple garantía negativa.

Vamos a exagerar un poco para que se entienda. CFK no podría ser sinónimo de “cambio” tal como estúpida, frívola o marketineramente se entiende la palabra “cambio” en las sociedades contemporáneas. O como tan bien se vendió Cambiemos durante muchos años. Por supuesto que para quienes la respetamos CFK sería “cambio” respecto del modelo macrista. Pero no para el grueso de la sociedad (¿la mitad? ¿Cerca de dos tercios?) que muy posiblemente la considere figura conocida, política vieja, chorra o no, “peronismo” y grasa, densidad excesiva, furia.

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Hasta hace semanas podía decirse que CFK no podía ser candidata porque viene con otra vasta garantía “negativa”: el rechazo miope del “poder concentrado”. Es interesante al respecto el tramo final de la entrevista que el Gato Sylvestre le hizo al ex presidente de la UIA, Héctor Méndez. Luego de arrepentirse de haber votado al otro Gato, luego de reputear en mil idiomas a la gestión macrista, luego de haber quebrado él mismo con la empresa autopartista ITEC (359 empleos menos), Méndez dijo que entre la boleta de Macri y la de CFK… volvía a elegir la primera. Pero, en fin, acaso sea medianamente cierto que algunos poderosos ya no le tienen el mismo terror de infante a CFK (sí resentimiento político o de clase). Quizá pensaron un poco por vía comparativa o miraron balances contables, y ahí están los contactos y reuniones entre dirigentes K y señores muy orondos del poder económico y financiero, incluso el transnacional (Templeton, como símbolo).

Síntesis posible y si quieren cagona acerca de por qué no a la candidatura de CFK: porque sería la remake de Se viene el zurdaje en una sociedad agobiada, que está más chota y más chata y más facha aun que la Mirtha Legrand del año 2003. Too old for rock and roll, cantaba Ian Anderson, y vamos Jethro Tull, too young to die. Acá sería too left, demasiado zurda (CFK) para la Argentina que hay. Acá el que escribe, como siempre, se repite: el kirchnerismo fue lo más zurdo que pudo tolerar (en el sentido de soportar) la sociedad argentina post 1983.

Siempre, acá, el que escribe se repite: la mitad de esta sociedad votó a Macri. Copiado y pegado: la enorme mayoría de esta sociedad no quiere molestarse en participar, menos “construir desde abajo”, batir tambores, no quiere vestirse de rojo ni hacer la Revolución. Copy/ paste: de volver, CFK volvería conocidísima, taladrada, odiada por millones de irreductibles, con la cancha inclinada, viento en contra, con los factores de poder pegándole de puntín.

Ponemos a esta altura un cartel que dice SUSPENSO para pretender crear ese suspenso y anunciar sin clarines que más adelante vamos a contradecir todo esto, o al menos a revisarlo.

Lo nuevo, lo viejo, lo feo

En el mundo choto y facho que conocemos, salvo radical puesta en crisis de todas las cosas (pongamos: que se venga Bernie Sanders en lugar de Trump o Ronaldinho por Bolsonaro o Juana Molina por cualquier soso líder europeo), en ese feo mundo un país presidido por la versión conocida de CFK sería presuntamente un país a contramano. Ya fue, tristemente ya pasó la bella primavera de los Lula, Evos, Correa y el ALCArajo de Mar del Plata y Fidel Castro llenando la facultad de Derecho. Por supuesto que si vuelve será bienvenida y en Socompa plantamos flores para eso.

Copy/ paste, nota anterior. De volver, volver, volver, CFK volvería –salvo un enorme ingenio discursivo y político- sin ser lo nuevo, que es lo que se supone que se espera de un candidato, de una campaña, de una próxima presidencia.

Más de cerca, con menos pruritos y dando mejores chances. ¿Tiene el kirchnerismo la capacidad de reinventarse, superarse, ser a la vez lo mejor de sí mismo y lo nuevo, interpelar más a la sociedad y articular mejor? Hay cambios interesantes en cuanto a armado político, contactos, señales como la de bajar candidatos condenados en la Córdoba de Schiaretti. Hay novedades de matiz y “autocríticas” incluso en el tipo de discurso de Máximo Kirchner. Y acá pongamos otro cartel: joder. Joder: tenía que ser un tercer Kirchner el que trajera alguna brisa, con un discurso sencillo, que apela al sentido común, humano, cálido y hasta con sonrisa, no con grito, y con el grado equilibrado de épica, no con exceso de épica al pedo, y sobrepeso de ombliguismo.

¿Son esas señales de cambio y relativo aprendizaje suficiente cosa para decir -siempre exagerando- “Cristina/ el kirchnerismo consiguieron/ conseguirán ser lo nuevo” y volveremos, seduciremos a millones?

Obvio que por identificación e interés, en este punto vamos a cederle muy extensamente y por tramos la palabra a Daniel Santoro, el bueno, en versión de la gran entrevista que le hizo Javier Gatti y que reprodujo El Cohete a la Luna. Van estos primeros cachos:

“Le consulté –a Jorge Alemán- por la falta de un nuevo relato de salvación para la izquierda, una promesa salvífica, un horizonte utópico claramente explicado para que cualquier persona —sin importar sus competencias comprensivas— entienda cómo es que su vida va a mejorar si decide marchar hacia ahí. Una promesa de cambio en castellano, elemental y masiva”.

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“Es que todas las promesas de felicidad las capturaron ellos (…) Recién padecí tres retenes de iglesias evangélicas. Los tres contingentes vendían tres formas distintas de felicidad o de sentirse algo mejor (…) El tema religioso se torna muy relevante, porque lo que te están vendiendo todas estas iglesias es ‘vos aguantátelas’ (…) Es la misma promesa que hacen ellos”.

“Nosotros lo vemos, lo relatamos, nosotros prometemos una catástrofe, lo que está implícito es el regodeo en una desgracia que va ir para peor. Entonces estamos en un problema”.

Bien Santoro ahí. Este (gran) problemita lo venimos señalando, debatiendo, discutiendo mucho en Socompa sin encontrarle la vuelta, la receta mágica. Con la relativa tranquilidad de saber que no la hay. ¿O acaso se creen ustedes que el mundo es otro y Socompa les va a dar la medicación gratarola?

Veámoslo desde otro de los wines, lo que unos cuantos se preguntan. ¿Y si no es CFK, tan desgastada como nosotros mismos? ¿Y si funcionara un candidato menos perturbador que Cristina? (menos perturbador no implica arrugue total). De hecho, hay mucha, muchísima gente, y no está mal, dispuesta a tragarse mil sapos con tal de salir de la tragedia macrista. ¿O nos ponemos duritos y planteamos purismos revolucionarios siendo que el kirchnerismo es un no sé qué reformista? Retomamos a Santoro y la cuestión de otros dirigentes posibles: “La tendencia a purificar la especie con pruebas de calidad no me interesa (…) Hoy miramos para todos lados porque nos hacen falta y resulta que muchos no quieren saber nada de confluir con nosotros. Y algo importante, hay que analizar qué lugar realmente vamos a ocupar. Nosotros, no Cristina. Hay que ver si merecemos ser la conducción de eso. Y cuando digo nosotros digo los que identificamos al peronismo con el kirchnerismo, como la actualidad del peronismo”.

Lo revelador y lo más definitivamente cómico que dice Santoro es esto: “A mí el candidato no me problematiza, si hay un mono hemipléjico que respira y si lo tocamos con un palito se mueve, voy y lo voto. El único objetivo es que pierda Macri”. Las cursivas diver son del que escribe, en homenaje humilde a la gracia peruca del citado nosocomio.

Disculpen que me ponga emotivo

Vamos pues a lo afectivo, inevitablemente mixturado con lo político. Ante lo horrible de lo que viene más de uno -me incluyo con platea preferencial- lo que quiere evitar es pedirle más donación de sangre a CFK, incinerarla, tirarle por la cabeza las siete plagas que deja Macri, y/o poner en alto riesgo ese espacio valioso que es el kirchnerismo, hasta hace unos años tan cerradito, orgulloso y negador. Muchos no quieren ver, volver a soportar el telebeam, la repetición de lo sucedido en los últimos años de gobierno cristinista: mismas barricadas endogámicas con algo de estériles, mismos enemigos con tanto o más desmesurado poder, parte de sociedad negadora e ignorante (la muy ingrata) queriéndola muerta a Cristina, muy muerta, desde el momento mismo –hipotético- en que gane una primera o segunda vuelta. Santoro lo dice más cortito, una vez abreviados los párrafos pertinentes: “Hay que tener misericordia y dejar de pedir pelotudeces, esa cosa sacrificial de que deje la vida en el sillón de Rivadavia”.

Habla y piensa bonito este Santoro, quien luego dice lo que también se anda o anduvo rumiando por ahí: “Cristina tiene que tomar aire, ordenar su entorno afectivo y dentro de un par de años tendremos la misma líder de siempre. Remontar esto es muy posible, pero creo que no ahora”.

Es otra de esas cosas que no se hablan en voz alta, o se habla poco, dentro del kirchnerismo. Esperar para reagrupar, desensillar hasta que aclare, se decía antes. O decir: y bueno, loco, que se arreglen otros dirigentes –o coso-. Que sean ellos, ya que son tan machirulos, los que deban atravesar el próximo infierno y subsiguiente purgatorio.

Claro que la receta del repliegue y la espera “para una próxima etapa” choca, como cualquier receta, contra un pequeño detalle. This is Argentina, qué carajo sabemos que pasará en dos, tres, uno, cuatro años. Qué carajo sabemos acerca de cómo estará de salud Cristina o el kirchnerismo en uno a cuatro años. Qué sabemos acerca de cómo resultará la transición, si será “exitosa” o no, cuanto quedará de… lo que hoy llamamos kirchnerismo, tan ayuno siempre de vastas orgánicas, tan cómodo en el Instituto Patria. ¿Surgirán de ahí liderazgos nuevos? No sabe, no contesta. 

Nada por aquí, nada por allá

De acuerdo, se puede, y solo se puede, apostar a un reemplazo de Macri sin riesgo de poner en combustión a CFK/ el kirchnerismo. Esa fue más o menos la duda, la espera y la expectativa de los últimos dos años. Algún candidato K potente o al menos uno alternativo no tan sapo, o batracio pero deglutible. Sucede, amades amiguites, que ya fue, que no sucedió, que ya está, que no surgieron novedades. Las cartas están casi enteramente sobre la mesa, ni candidato K de la hostia por aquí, ni batracio tragable por allá. Solo Cristina con su alma y algunos bordados nuevos, no poco relevantes. No hubo novedades bajo el sombrio sol argento salvo que “con tal de vencer a Macri” llamemos sapos bien vestidos y tragables -sobre gustos no hay disputa- a Massa y su armado semilíquido; o a Lavagna y su armado, tan en gestación imprevisible.

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En principio parecería, pero solo parecería, que a Lavagna le puede ir mejor que a Massa con el camino por la ancha avenida del medio. Pese a su edad y las sandalias con medias, pese a sus labios fruncidos con leve desdén, pese a que la novedad Lavagna lleva sus semanas y no pesa por ahora en las encuestas. Metáfora extraña la de la ancha avenida. Porque parece que debería funcionar, tener un sólido sustento teórico, sociológico, poético y marketinero (cuantitativo: los que no quieren ni Macri ni CFK deben, tienen que ser muchos) y sin embargo se pone pedregosa la avenida. Menos difícil parece pintar para Lavagna –por ahora y solamente por ahora- conseguir apoyo de parte del establishment: medios, cachos de la UIA, los peores sindicatos, esos berenjenales.

Mintamos un poco. Amaguemos. Digamos sin que naides se ofenda: que sea Lavagna el candidato, que Lavagna se haga cargo del balurdo. Ahora, hermanito, por dió, qué soberbia. “O me bancan todos o no me presento nada” (ni les presto la pelota). “No hablé con Cristina ni pienso hablar”. “Yo no paso por las PASO”. Ehhhh, Roberto, pará la mano. ¿Quién te creés que sos? ¿De Gaulle? ¿Ho-Chi-Min? ¿Perón? Solo fuiste, Lavagna querido y cuadro respetable, funcionario de Alfonsín (lo cual puede hablar bien de vos) y de Duhalde (lo cual puede que también dado el bolonqui que recibiste) y de Néstor Kirchner (lo cual puede que también sea un antecedente interesante, aunque si no se recuerda mal Néstor te apretó un poco para endurecer la posición argentina en la renegociación exitosa de la deuda). 

Los Otros, siempre tan horribles

Cristina prevalece ante los vértigos, esa es una síntesis posible de lo que estamos viviendo desde, mínimo, el 2015. Prevalece ante los vértigos idiotas de los medios y lo más o menos parejos de la política y sus “grandes novedades” y sus fotos efímeras. Ejemplo: gana Sergio Uñac en San Juan por afano y ya titulan los medios “el vice de Lavagna” con tal de sobreofertar novedades y/o de potenciar al de los labios fruncidos con desdén. Pero resulta que Uñac habló la noche de su triunfo también con Cristina. Así que, qué sé yo, vaya a saber.

O dice o desea o viva a Lavagna el establishment (una parte) siendo que no hay María Eugenia Vidal por Mauricio. Pero le sale a Lavagna un peso mediano, un welter (en el box, de 63,503 kg. a menos de 66,678 kg.), le sale al paso un Massa, un Massita, le recuerda que pase por primarias, y ya se te complica la vida, Roberto. Es ahí donde también, el mismo Massa, todo muy estudiado y estudioso, pone rostro de challenger imponente y reta: “Yo voy a estar donde me pongan los votos”, porque es un demócrata y un valiente. Anda más suelto, dicho sea de paso, Massa. Pero la cuestión de fondo es que el peronismo alterno/ federal (¿?) no tiene resuelto nada.

¿Y si a la final la ancha avenida no se ensancha? ¿Y si ninguno -Massa, Lavagna- se cede el paso en la avenida y de paso se desgastan? ¿Qué podrían ceder o cederse? ¿Cederían entre ellos o ante CFK? ¿Lavagna y Massa se van a terminar matando entre ellos como en un duelo paródico de Far-West?

Endemientras van los medios con sus vértigos inútiles. Que el macrismo se hace pedazos (crucen dedos) se hace evidente cuando Frigerio dice que Macri cayó -sin invitación- al retiro espiritual de Mariu Vidal “porque hay que mostrarse unidos ante los mercados”. O cuando el mismo funcionario, de lo mejorcito que tiene el macrismo a la hora de hacer política, tiene que gritar que no, que no cunda el pánico, que Macri va a ser candidato. Si hasta Nicky Caputo le ruega a Mauricio tomárselas.

Foto: Estanislao Santos

Entonces van en manada los títulos a atajar la fuga de pollitos radicales de Cambiemos. Hace saber el Gobierno al público presente que con tal de contener pollitos Mauricio está dispuesto a ceder…. ¡¡¡uhhhhh!!!… ¡¡¡la vicepresidencia!!! ¡¡La vicepresidencia, boló!! ¡¡Recuerden a Víctor Martínez!! Imaginen la importancia política e identitaria central que conserva la im-pres-cindible Gabriela Michetti en su rol de chapurrear francés una noche en Aeroparque. La importancia de alucinar luces al final de un túnel contra cuyo fondo choca y choca, repetidas veces, en mal castellano, debiendo poner la silla de ruedas en reversa. Vértigos alpédicos. Ponele: la UCR se rompe y se dobla y algunes enfilan para el lado de Lavagna. Pero después resulta que Lavagna no recibe el apoyo de Dios ni el del Universo y se arrepiente y no se candidatea. ¿Qué hacemos, radicales?

Inauguremos un nuevo cantito: Que digan boludese’/ Cristina prevalece.

Todos a votar a…

Prometimos contradecirnos y revisar. Habréis notado que un poco ya lo hicimos.

¿Y si los temores o dudas u objeciones planteadas al principio de esta nota son, además de inoportunas y funcionales a la derecha (cursivas del autor), pura mariconada progre? ¿Y si tanta palabra cariacontecida aquí expresada resulta apenas conservadora del propio espacio, poco audaz, casi en modo radical?

Acá muchaches se reflejan dudas y se plantean incertidumbres. Hoy, certezas, no entregamos, no nos quedan en stock. Entre otras razones porque el proceso de recaptura de intención de voto de Cristina viene siendo lento y sufrido; no es espectacular ni responde exclusivamente a méritos propios (que sí se reivindican en el núcleo duro de votantes kirchneristas). No hay millones de argentinos sufragantes flagelándose las dobladas espaldas con un látigo de siete colas, confesando “Me equivoqué, la cagué. Perdoná, Cris”. Deviene la recaptura del horrendo fracaso macrista antes que de un ejercicio racional y/o emocional de memoria, catarsis, mea culpa. Hay todavía niveles de rechazo similares en ambas candidaturas: la de Cris y la de Macri, aunque Mauricio ya le va sacando algunas cabezas de ventaja a la Yegua, más la bronca que se sume de acá a las primarias y la eventual segunda vuelta.

Caramba, va trascendiendo, dijimos, que ya los putos mercados no ven tan cuco a CFK o bien atienden a la catástrofe macrista. Se va intuyendo también que un nuevo y eventual gobierno K sería más moderado, siempre incierto. En este mes y el que viene, según pinta, irán cayendo precandidatos K y de los otros. Nadie que no sea CFK le suma mucho de nuevo a CFK. Las encuestas dicen que no le va mal no solo en GBA o La Provincia sino en otros distritos. Más pior, mientras se especula todavía con que Mauricio no va a ser nada o se le busca plan B, el macrismo recibe señales pésimas desde distritos en los que arrasó. Verbigracia, Córdoba.

¿Se hará ancha la avenida del medio? No sabemos.

Finalmente, y siendo que Cristina prevalece. Siendo que las encuestas muestran que le va mejor que a todos los demás, ¿por qué demonios deberia regalar, rifar, rematar sus propios votos a cualquier petimetre que se cree George Clooney?

Suena que puede volver a ser presidente.

Agarrémonos y vayan. Ojalá llegue bonita y rozagante, no nos sufra, nuevo discurso, simpatiquísima, empatiquérrima.

Pongámonos todes lindes, crucemos les dedes.

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