En tanto que el PJ terminó de acomodar su interna con la resolución de las 16 elecciones locales que restaban, el Frente Renovador de Sergio Massa evalúa los escenarios que debe considerar el peronismo para ofrecer una alternativa que en 2027 pueda convocar a “mirar para adelante” y superar la experiencia de La Libertad Avanza.
El propio Massa, alejado de los flashes mediáticos, se encarga de recibir en sus oficinas de la Ciudad de Buenos Aires a gobernadores, intendentes, legisladores nacionales y provinciales para poner en marcha no solo la contención de los propios, sino también la amplitud. “Hay que dejar de usar el rifle sanitario”, repite ante quienes lo escuchan en alusión a quienes eligen quedarse sólo con los “puros” y esquivan potenciales alianzas.
En las reuniones que mantuvo con los dirigentes bonaerenses descartó querer ser candidato a la Gobernación como sucesor de Kicillof y hasta deslizó el nombre del joven intendente de San Fernando, Juan Andreotti, como una posibilidad. En la misma conversación, sin embargo, dejó la puerta abierta a pelear una vez más por el sillón de Rivadavia.
En los laboratorios del massismo entienden que el actual es el peor momento del presidente Javier Milei desde que asumió el cargo, entienden que ya no domina la agenda de conversación pública y creen que el año va a cerrar con un nivel de desempleo que alcance los 10 puntos, al tiempo que se multiplican los problemas más básicos de la sociedad: la imposibilidad del pago del alquiler, sobreendeudamiento y un crecimiento de 21 a 43 por ciento en lo que se destina del salario a pagar servicios y elementos básicos.
Todas esas problemáticas se acumulan en las mesas de entradas de las municipalidades, no sólo las del conurbano donde el impacto de la pobreza es mayor, sino también en distritos donde creció la demanda alimentaria. Por ejemplo, un intendente de la Quinta sección pasó de repartir poco menos de 200 cajas de mercadería a más de 350 en una población de 30 mil habitantes.
A la vez, la asfixia financiera a la Provincia no deja demasiado margen de acción, mientras que la población sufre el ajuste fiscal, la falta de inversión pública nacional y las consecuencias del modelo económico que golpea a las pymes y la industria fundamentalmente en Buenos Aires. Para el hombre de Tigre es una incertidumbre si ese nivel de problemática impacta realmente en la conciencia popular. “Hay que repetirlo hasta el cansancio”, le dijo a los jefes comunales.
Así como el gobernador Axel Kicillof y su Movimiento Derecho al Futuro empiezan a encarar un armado federal y lanzaron el think tank para aportar a la construcción de una alternativa; y los díscolos Miguel Ángel Pichetto y Emilio Monzó encaran visitas a diversos actores como la de este miércoles en La Plata, el massismo pone los esfuerzos en pensar cómo ordenar lo que llegue al año que viene.
Para el exministro de Economía el problema que tiene el espacio es el proceso de atomización al que quedó expuesto a partir de los últimos procesos electorales, como así también las “rebeldías” respecto de lo que el espacio representa. Así se lo hizo saber a un grupo de intendentes bonaerenses que lo visitaron esta semana, como también a su mesa de delegados compuesta por los diputados provinciales Alexis Guerrera y Rubén Eslaiman; el diputado nacional Sebastián Galmarini y el director del BaPro, Javier Osuna.
Massa entiende que, pese a la pirotecnia entre los bandos internos, al final del día y cuando las papas queman todos se ordenan en el peronismo. “Las listas podrán no gustar, pero se cerraron”, comentó.
El Frente Renovador explora la puesta en marcha de algún tipo de mecanismo que sea “ordenador” para que el peronismo se pueda consolidar de cara al 2027. Eso no implica el contar con una herramienta como las PASO, sino gestar un dispositivo previo y dejar las reglas de juego claras para todos los que vayan a participar.
En la cocina de avenida Libertador ven como mejor ejemplo de ello el armado del PT en Brasil para que Lula de Silva le gane a Jair Bolsonaro, que implicó ubicar en lugares de relevancia del armado a dirigentes con los que había tenido serias diferencias, pero ninguna tal como para no unirse y ganarle a una expresión más recalcitrante de la derecha.
Por eso en el FR desairan la idea de hacer cambios electorales en estos meses, algo en lo que ya piensan el MDF y también La Cámpora. Los massistas entienden que se pueden hacer todas las leyes posibles, pero si no hay un acuerdo macro y previo, solo serán literatura parlamentaria y no mucho más.
Incluso el propio Massa dijo ante sus legisladores que “este es el año para discutir muchas cosas, sí, pero no la nuestra porque la gente nos va a matar” y postuló que sí hay que discutir en 2026 reformas sobre el esquema impositivo, del Código Penal y de cuestiones que atañen al trabajo en la Provincia.
En otro orden, el FR pone la mira en los sectores más poderosos de la economía. Es que los dirigentes que evalúan los escenarios posibles refunfuñan con una línea del discurso de Milei al que le dan cierto crédito, el “riesgo kuka”.
Cuando el peronismo arrasó en las elecciones de septiembre, el mercado sufrió un golpe fuerte de inmediato; siendo exactamente al revés con la derrota de octubre. “Tenemos un problema importante si el mercado celebra nuestra derrota. Hay que tomarse el trabajo de ir a ese mundo y explicar que no es así”, dicen desde la mesa chica del massismo.
Pese a los grandes temas a resolver al interior del peronismo como qué hacer con el pago de la deuda externa, cómo abordar los debates y acciones por la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, qué camino tomar en materia de modernización laboral y tributaria, en las mesas del FR creen que las chances del peronismo de retener la Provincia de Buenos Aires son “altas”, como así también de ganar a nivel nacional. Será cuestión de sentarse y seguir hablando.







