Un represor de la ESMA condenado a prisión perpetua por delitos contra más de 200 víctimas podría volver a su casa de Bella Vista gracias a los jueces Carlos Mahiques y Guillermo Yacobucci, de la Cámara Federal de Casación Penal. Se trata del marino y médico Rogelio José Martínez Pizarro, uno de los encargados de auscultar el corazón de los secuestrados durante las sesiones de tortura y adormecerlos antes de los vuelos de la muerte.

Pese a la oposición del Ministerio Público Fiscal y de querellantes, ambos volvieron a aplicar mecánicamente el razonamiento según el cual todo preso comprendido en la “población de riesgo” de contraer coronavirus debe ser excarcelado y le ordenaron al Tribunal Oral Federal 5, que le había negado el arresto domiciliario, dictar una nueva resolución. El juez Alejandro Slokar, en disidencia, recordó que la propia Cámara ordenó “meritar con extrema prudencia” la aplicación de excarcelaciones en casos de delitos graves, destacó que el sector del penal de Ezeiza donde se aloja está “subpoblado” y que recibe todos los controles y tratamientos prescriptos por los médicos. La misma Sala II de Casación tiene en su poder pedidos similares de Alfredo Astiz, Jorge Acosta y otros íconos del terrorismo de Estado.

La decisión de Mahiques y Yacobucci no sorprende: son los mismos magistrados que el mes pasado le otorgaron la domiciliaria al ex policía rosarino Lucio Nast, condenado a 22 años de cárcel, y que le ordenaron al Tribunal Oral Federal 4 de San Martín aplicar su criterio sobre excarcelaciones al oficial de inteligencia Marcelo Cinto Courteaux, quien pretende volver a su country de Pilar pese a que estuvo tres años prófugo y afronta un juicio por secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos de 88 militantes que participaron de la Contraofensiva de Montoneros entre 1979 y 1980.

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El fallo que hace ilusionar a represores presos en Campo de Mayo y en Ezeiza arranca con el voto de Yacobucci, el ex escriba de la revista Cabildo en pleno terrorismo de Estado que ya en 2008 intentó liberar a un grupo de celebridades de la ESMA. El juez apunta que Martínez Pizarro tiene 71 años, que “presenta diversos y complejos problemas de salud”, que según el Servicio Penitenciario Federal “es un paciente de riesgo alto en caso de infección (de) COVID-19” y cita las resoluciones de la Casación que encomendaron considerar especialmente esos casos a la hora de resolver. La resolución que firmó el TOF-5 a principios de abril “luce arbitraria”, concluye, y considera “imperioso remitirse al principio de humanidad de las penas”. A su voto adhiere Maiques, el ex ministro de Justicia bonaerense de María Eugenia Vidal que llegó a Casación sin concurso durante el gobierno de Mauricio Macri. En su caso invoca “razones humanitarias”, recuerda que la Organización Mundial de la Salud alertó hace dos meses sobre los “niveles alarmantes de propagación y gravedad” del virus y considera que el TOF-5 no merituó “la viabilidad y conveniencia de medidas alternativas al encierro”.

Slokar, en disidencia, recordó que la Acordada 9/20 de Casación exige “meritar con extrema prudencia y carácter sumamente restrictivo la aplicabilidad de estas disposiciones en supuestos de delitos graves, conforme normas constitucionales, convencionales y de derecho interno, según la interpretación que el órgano jurisdiccional haga en cada caso’”. Destacó que Martínez Pizarro fue condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad y que “las patologías que presenta aparecen sometidas al control y tratamiento prescripto por los médicos”. Insistió en que “el sector del establecimiento carcelario en donde está alojado se encuentra subpoblado”, y concluyó advirtiendo que la situación excepcional de pandemia y el riesgo de que bajo su pretexto se encubran actos de impunidad compromete internacionalmente al Estado argentino.

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El cordobés Martínez Pizarro fue jefe de Sanidad de la ESMA entre 1977 y 1978, año en que el dictador Emilio Massera lo condecoró por su “honor al valor en combate” como miembro del Grupo de Tareas 3.3. El director de la ESMA, Jacinto Chamorro, lo calificó como “un oficial excepcional en todas las facetas”. Los sobrevivientes lo recuerdan en las salas de interrogatorios procurando que los detenidos no “se quedaran” en la tortura por paros cardíacos y en la “sala de embarazadas” donde daban a luz las secuestradas. Horacio Maggio, en su carta de abril de 1978, tras huir de la ESMA, lo mencionó sin saber su apellido al describir el método para deshacerse de los cadáveres. “Se les coloca una inyección (somníferos), se los envuelve en una lona y se los tira al mar”, apuntó. “Esa tarea es efectuada por un médico oriundo de Córdoba que se hace llamar Tony”, alias que el TOF-5 que lo condenó a perpetua no dudó en identificar con “Tomy” Martínez Pizarro.

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