Ante el ajuste sistemático y la desidia del gobierno nacional, las universidades públicas de todo el país llevaron a cabo un “paro a la japonesa” para mostrar el potencial de la educación superior gratuita en la Argentina y evidenciar el desfinanciamiento que atraviesan desde hace tiempo, profundizado por las políticas económicas de la gestión Milei. “La universidad no se apaga” fue el nombre de la jornada de 24 horas que comenzó el miércoles a la mañana y contó con la atención médica gratuita de más de 8.000 pacientes en diferentes especialidades, ferias de ciencias, muestra de proyectos, asesoramiento jurídico y económico, charlas y talleres. El epicentro tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA pero se replicó en las más de 60 universidades del país.

“La universidad es mucho más que la formación de profesionales y hoy eso quedó claro”, expresó el presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), Franco Bartolacci y explicó que el objetivo de la actividad fue poner a las universidades al servicio de la sociedad, reflejando el rol fundamental que cumplen día a día. “El desafío hoy reside en reclamar con vehemencia lo que nos corresponde que en este caso es la aplicación de la ley y, al mismo tiempo, resguardar el vínculo, la legitimidad y el reconocimiento que la universidad pública tiene con la sociedad argentina. Esta jornada fortaleció mucho ese lazo”, sintetizó Bartolacci.

El presidente del CIN y rector de la Universidad Nacional de Rosario se mostró muy conforme con la repercusión que tomó la iniciativa y con la respuesta de la gente que, desde temprano se acercó en gran cantidad a las inmediaciones de Plaza Houssay para acceder a una consulta médica. “Lo que pasó en Buenos Aires, que se entregaron más de ocho mil turnos para tareas asistenciales en los consultorios de atención que se establecieron, se repitió en todo el país y eso fue realmente extraordinario” afirmó y concluyó: “logramos poner en evidencia el valor que la universidad pública tiene para el país”. La jornada nacional tiene su cierre este jueves por la mañana en el Palacio Pizzurno con una clase magistral del biólogo molecular Alberto Rodolfo Kornblihtt.

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La Facultad de Ciencias Económicas estuvo revolucionada durante todo el miércoles. El hall central del edificio de Av. Córdoba al 2122 se convirtió en una suerte de consultorio médico, donde profesionales de diversas áreas brindaron tratamiento médico gratuito a aquellas personas que lo requirieron, orientándolos y realizando estudios. Algunos pasos más adelante, el pasillo fue el escenario de una muestra de proyectos científicos y un espacio de asesoramiento jurídico y económico. En las salas de conferencia de la facultad, las charlas, talleres y muestras se fueron sucediendo hasta entrada la noche. Afuera, bajo una lluvia incesante y en una cola que daba la vuelta a la manzana, miles de personas esperaron su turno para ser atendidos por los odontólogos que prestan su servicio en cuatro camiones desde temprano. Mientras tanto, las clases transcurrieron normalmente.

La ocasión fue una oportunidad para que los estudiantes, docentes e investigadores exhiban el fruto de su proyectos, demostrando el potencial de la universidad pública, sin dejar de exponer las dificultades de financiamiento y apoyo económico que deben sortear cotidianamente y limitan su progreso. Cinthia López tiene 25 años, es estudiante de Ingeniería Electrónica y forma parte del Club de Robótica, integrado por alumnos, profesores y graduados de diversas carreras dentro de la Facultad. “Todo lo que hacemos en el Club lo costeamos por nuestra cuenta, con alguna que otra donación de alumnos”, explicó Cinthia, acompañada de Marciano, un robot hecho en 2014 íntegramente en la facultad. “Es nuestra mascota prácticamente y uno de los mayores orgullos del Club de robótica, todo lo hicimos nosotros”, explicó.

Por la cantidad de inventos y tecnología, el stand de la Facultad de Ingeniería llamó especialmente la atención de los presentes. “Tenemos una impresora 3D y estamos ofreciendo llaveros, hacemos trivias de contenido digital y también presentamos los cursos gratuitos de cartelería luminaria que hacemos en UBA en Acción”, precisó Julieta Finos, que actualmente cursa el segundo año de Ingeniería Industrial.

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Sin embargo, Julieta advirtió sobre la dificultad que implica realizar estos proyectos en un contexto de desfinanciamiento: “La mayoría de las cosas son a pulmón. Hay un tomógrafo, que es de un profesor y lo puso a disposición. La gente que hizo las trivias las pudo hacer porque yo les pasé mi WiFi porque el de la facultad no daba a basto, por ejemplo. “Los componentes que usamos no son nada baratos y todo lo estamos contando, reciclando, midiendo y observando”, aseguró. En ese sentido, Cinthia Lopéz agrega que si contaran con un apoyo económico aún mayor, sus proyectos podrían ser aún mejores: “Tenemos ideas enormes para hacer, pero lo que más nos frena es la escasez de recursos” recalcó.

La problemática no se cierra exclusivamente a la ingeniería, sino que es una constante en todas las áreas científicas. Mariela Olivares es becaria doctoral del Conicet y se dedica al estudio de mosquitos. “Hoy en nuestro stand, “criando mosquitos sin querer”, contamos los distintos lugares a nuestro alrededor donde pueden criarse mosquitos y qué estrategias podemos tomar para evitar que eso siga ocurriendo”, explicó Olivares y aseguró que hoy la ciencia está “peor que nunca”. Para la investigadora, la principal preocupación reside en la desmotivación que tienen los jóvenes estudiantes para afrontar la carrera de investigación: Hoy un chico que quiere hacer un doctorado dice ‘por los próximos cinco años voy a ganar muy poco y, aun luego de recibirme, mi futuro como investigador tampoco es demasiado alentador”, alertó Olivares.

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