El príncipe Harry de Gran Bretaña sorprendió al mundo al anunciar, junto con su esposa Meghan Markle, la decisión de “renunciar” a la familia real británica y adelantar que trabajaría “para ser económicamente independientes”. Por si fuera poco, los duques de Sussex planean vivir entre el Reino Unido y en Canadá.

Los «emprendedores» divulgaron su comunicado por Instagram sin haberle avisado a la reina Isabel II (abuela del duque), ni al príncipe Carlos (padre de Harry y heredero al trono desde hace medio siglo), ni al príncipe Guillermo (hermano del duque y quien sigue a Carlos en la línea sucesoria, que tiene a Harry en el sexto lugar).

Carlos y Guillermo se enteraron a través de Harry diez minutos después de la publicación en la red social, que ya acumula más de un millón y medio de “me gusta”, y que tendría como telón de fondo la posibilidad de hacer negocios prohibidos bajo el paraguas de la Corona.

El texto que sacudió a la monarquía británica indica que el “equilibrio geográfico” entre Londres y las antiguas colonias de Norteamérica “nos permitirá criar a nuestro hijo con una apreciación de la tradición real en la que nació, al tiempo que brinda a nuestra familia el espacio para centrarse en el próximo capítulo, incluido el lanzamiento de nuestra nueva entidad caritativa”.

Los futuros plebeyos adelantaron, además, que “esperamos compartir los detalles completos de este emocionante próximo paso a su debido tiempo” mientras mantienen la colaboración con la Reina, el sempiterno heredero y el hermano mayor de Harry, el actual duque de Cambridge.

A pesar del anuncio, los duques no rompieron lanzas con la casa de Windsor, ya que en su comunicación reafirman la voluntad de acompañar a la monarca en sus actividades y en la labores de caridad que ya tenían programadas.

El Palacio de Buckingham, por su parte, se pronunció rápidamente en un país que, hasta ayer, solo tenía como único tema de discusión el Brexit. “Las discusiones con el duque y la duquesa de Sussex están en una etapa temprana. Entendemos su deseo de adoptar un enfoque diferente, pero estos son problemas complicados que llevarán tiempo resolver”, advirtió el escueto comunicado de la Corona.

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Peleas de palacio

De acuerdo al Evening Standard, Harry informó en Navidad a Carlos su intención de pasar más tiempo en Canadá y en Estados Unidos y le envió un borrador del comunicado difundido por Instagram.

Su padre dilató la respuesta bajo el argumento de que había que discutir el financiamiento de la nueva etapa en la vida de la pareja. Después de seis semanas de vacaciones, Harry quiso discutir el tema con su abuela, pero la Reina le respondió que sólo lo recibiría después de haber discutido el asunto con Carlos. Fue recién entonces cuando los «emprendedores» decidieron comunicar su decisión de manera unilateral.

Al tomar la decisión de separarse de la Corona, Harry renunciará a las 37 mil libras que recibe como oficial del Ejército, que vería compensadas con creces por el cobro de patentes y cachets. No queda claro cómo se solventaría su seguridad en el extranjero, ya que la Corona destina 750 mil libras anuales para pagar una custodia de seis personas, según el Daily Mail. Si bien Markle es oriunda de Los Ángeles, su propósito es residir en Canadá, país que integra la Commonwealth, la organización formada por las ex colonias británicas. La pareja seguramente vivirá en Vancouver o Toronto, y la prensa británica arriesga que no les cortarían recursos desde Buckingham. Los duques vienen de reformar su residencia oficial, Frogmore Cottage, un arreglo que costó casi tres millones de libras, salidos del erario público. La noticia de la costosa refacción no fue tomada con agrado por los británicos cuando se conoció la cifra.

Negocios son negocios

Lo que la prensa define como Megxit (mezcla de Meghan y Brexit) escondería la intención de hacer grandes negocios sin el control de la Corona, que se los prohíbe a sus integrantes.

Harry sobresalió como orador y organizador en los Juegos Invictus, un evento para veteranos de guerra que han sufrido diferentes afecciones en actos de servicio. Ahora podría recaudar mucho dinero como orador en eventos de distinta naturaleza, algo impensando por su bisabuelo Jorge VI, el monarca tartamudo de El discurso del Rey.

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Pero la pareja no obtendría lucrativos ingresos solamente por esa vía. Los duques ya patentaron diferentes artículos, entre ellos ropa y postales, bajo la marca “Sussex Royal”. El Daily Mail asegura tener los documentos presentados ante el registro de Propiedad Intelectual, que darían cuenta de un ambicioso plan de negocios bajo el nombre del ducado que la Reina les otorgó al casarse.

La noticia acaparó las tapas de los diarios ingleses. EFE

Harry y Meghan se casaron en el castillo de Windsor en mayo de 2018. Un año más tarde nació su hijo Archie. Su hermano Guillermo había dado la nota al casarse con una joven que no provenía de la realeza, Kate Middleton, hoy madre de un futuro rey, pero Harry superó todas las expectativas.

Meghan Markle es norteamericana, hija de una mujer negra, trabajó en la embajada norteamericana en Buenos Aires en 2001 y estaba divorciada cuando conoció a Harry. Casi un calco de Wallis Simpson, la norteamericana divorciada dos veces que se casó con Eduardo VIII, quien fue obligado a abdicar de la Corona.

En lugar de Eduardo VIII asumió su hermano Albert (Jorge VI), padre de una niña que en 1936 tenía diez años: Isabel, la actual reina. A diferencia de su tío bisabuelo, a Harry no se le conocen simpatías por el nazismo, que obligaron a Eduardo a recluirse en las Bahamas durante la Segunda Guerra Mundial.

El casamiento de Harry también causó escozor en la familia real, que nunca terminó de aceptar a Markle. En mayo del año pasado la pareja ganó un litigio contra un paparazzi que tomó fotos de su residencia desde un helicóptero. Más tarde, en octubre, el Mail on Sunday fue querellado por el duque a raíz de la publicación de una carta de Markle a su padre, con quien casi no tiene relación.

¿God save the Queen?

Pese a los méritos o deméritos de los duques en sus funciones, hay algo innegable y que los excede: la monarquía está en crisis desde antes del renunciamiento. Quedó en entredicho como símbolo de unidad en un reino que está a punto de salir de la Unión Europea, y con los escoceses, en su mayoría opuestos al Brexit, dispuestos a demandar su independencia en un nuevo referéndum. Sin embargo, el daño más grave pasa por el príncipe Andrés, duque de York, tercer hijo de la reina y tío del duque.

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Andrés quedó envuelto en el escándalo de Jeffrey Epstein, el magnate estadounidense condenado por tráfico de menores que murió en su celda en agosto pasado. Su amigo real fue acusado de abuso por Virginia Giuffre, que aparece en una foto junto con él. Giuffre alega que fue entregada por Epstein al duque de York. “Tiendo a ser demasiado honorable”, se defendió Andrés en una desafortunada entrevista a la BBC, cadena que ya anunció que no televisará la boda de su hija Beatriz, cuyo padre ya fue separado de la Familia Real.

En semejante contexto, la reina de 93 años y en el trono desde 1952, afronta un conflicto de mayor magnitud que en 1992 (“annus horribilis” definió al año en que tres de sus hijos se divorciaron y se quemó el castillo de Windsor) y que en 1997, cuando la muerte de Lady Di y su fría reacción inicial llevaron los índices de aprobación de la monarquía a pisos históricos. A la crisis desatada por la amistad de Andrés con Epstein se suma la interna real que desnuda el renunciamiento de Harry.

En este contexto, Carlos, de 71 años, aguarda su momento para ser rey desde 1969, cuando fue investido Príncipe de Gales. A la reina se suman los 98 años de su esposo, el príncipe Felipe. La reina madre, la esposa de Jorge VI, murió a los 101 años. El fin de una época marcada por la longevidad se tiñe del divorcio con Europa, escándalos sexuales y un renunciamiento con evidentes intereses económicos de por medio. La sensación de que la familia real se empeña en esta generación en dar más material para películas como La Reina El discurso del Rey y series como The Crown ya es inevitable.

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