A través de su Secretario de Asuntos Exteriores, Ed Miliband, el gobierno del Reino Unido anunció sanciones a la colonización sionista de Cisjordania y la violencia diaria a la que son sometidos los palestinos.
Se registran al menos seis acciones de violencia diaria en Cisjordania por parte de los grupos de colonos, que activamente intentan desplazar a los palestinos de sus hogares y limpiar racialmente la región.
En los últimos tres años, se autorizó el levantamiento de 69 nuevos asentamientos, una cifra que delata el avance del colonialismo sionista, así como la utopía reaccionaria que esconde la consigna de los “dos Estados”, que, además de legitimar la ocupación colonial decretada por el imperialismo en 1948, parte de la premisa absurda de que el colonialismo sionista va permitir la construcción de un Estado del pueblo que aspira a destruir para arrebatarle sus tierras.
Para que no quede duda de lo anterior, vemos las palabras que utilizó de Finanzas y representante político de los colonos, Bezalel Smotrich, al justificar los nuevos asentamientos:
“A pie de terreno, estamos bloqueando la creación de un Estado palestino terrorista. Seguiremos desarrollando, construyendo y poblando la tierra de nuestra herencia ancestral, con confianza en la justicia de nuestro camino”.
Actualmente, se estima que en la Cisjordania ocupada residen tres millones de palestinos y 500 mil colonos sionistas. Asimismo, desde el 07 de octubre de 2023 aumentó la violencia de la ocupación, provocando la muerte de un millar de palestinos a manos del ejército o colonos.
Las sanciones incluyen prohibir la importación de productos provenientes de los asentamientos israelíes en Cisjordania. También se prevén sanciones dirigidas específicamente contra compañías y personas que participen en actividades relacionadas con la expansión de estos asentamientos.
La medida alcanzaría a empresas que proporcionen servicios de construcción, infraestructura, financiación y bienes raíces, siempre que sus actividades contribuyan a la expansión de los asentamientos.
La posición británica es, en muchos sentidos, una impostura: las nuevas restricciones no constituyen un embargo general contra Israel. ¡Como si los colonos no fueran la aplicación práctica de la política de Estado sionista!
Londres pretende contener el descontento con la complicidad de los gobiernos de las potencias occidentales con el proyecto de limpieza racial de Israel sin que eso afecte a Israel mismo.
La política de la Organización Sionista de Theodor Herzl fue la de hacer lobby para conseguir el apoyo de las potencias europeas para su proyecto colonial. El primero que lograron fue el británico, con la firma de la Declaración de Balfour en 1917, en la que Londres prometió el apoyo a la creación de un Estado judío en un territorio minosritariamente judío. Las consecuencias todavía se están viviendo: la única manera de construir un Estado racialmente puro judío como quería y quiere el sionismo de con la limpieza racial que siguen implementando en Gaza y Cisjordania.
Israel es un Estado colonial, supremacista y genocida. No se puede reformar; tiene que ser destruido. Y el imperialismo británico es uno de sus principales cómplices históricos. Es la movilización popular la única que le ha impuesto a los gobiernos tomar posición contra las masacres diarias del sionismo.







