Más allá de la presentación sesgada de algún que otro dato puntual, no hay indicadores que muestren mejoras comprobables, ni en las tendencias macroeconómicas de fondo, ni en los aspectos vinculados con la realidad laboral, social, o de las PyMEs.

El panorama a futuro tampoco es alentador. Basta por ejemplo considerar las definiciones que surgen del reciente informe del FMI, con motivo de la segunda revisión del programa vigente.

Allí, el organismo internacional sostiene que a mediano plazo “y dado el limitado espacio fiscal, se prevé que el superávit primario aumente gradualmente hasta alcanzar aproximadamente el 2,25% del PIB, en consonancia con el ancla fiscal de las autoridades y el incremento previsto en la carga de intereses en efectivo. Este ajuste estaría respaldado por reformas a los sistemas tributario, previsional y de la estructura fiscal”.

Si se tiene en cuenta que la meta de superávit primario es 1,4% en 2026, además de los cambios estructurales ya mencionados, se está exigiendo para los años venideros más ajuste del gasto e incremento de los ingresos fiscales, para, entre otros destinos, pagar los intereses de la deuda y financiar políticas como la reducción de los tributos sobre las exportaciones.

Siguiendo con la visión a mediano plazo, en un documento sobre Argentina publicado por el Fondo el día posterior del informe de revisión, el incremento previsto de la recaudación provendría del gravamen a sectores que hasta aquí ya han venido soportando la carga del ajuste. En concreto, el organismo pide que más trabajadores sean alcanzados por el Impuesto a las Ganancias, bajando el mínimo no imponible para que al menos el 20% de los/as trabajadores/as paguen el tributo. También se propone una reforma del monotributo (que implicaría casi la anulación del mismo), y eliminar exenciones y alícuotas diferenciales en el IVA para ciertos productos.

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Adicionalmente, se plantea la “simplificación” del impuesto a las ganancias empresarias, estableciendo una alícuota única del 30%, en lugar del rango vigente de entre 25% y 35%. En la actualidad, el 25% lo pagan las PyMEs, y el 35% las muy grandes empresas (que no estén en el RIGI). En total, el FMI estima que se conseguiría una recaudación adicional de 3,3 puntos del PIB.

Está presente el tema de la contabilidad creativa, con el tratamiento de los intereses capitalizables. En una nota al pie del informe, el Fondo señala que el superávit financiero “excluye los pagos de intereses de los bonos cupón cero, los cuales se registran por debajo de la línea. Si se incluyera el componente real de los intereses capitalizados por encima de la línea (un pedido que el Fondo también realiza en el apartado fiscal del informe), el déficit global aumentaría a aproximadamente el 0,8% del PIB”.

El otro aspecto que hace a la sostenibilidad macro del programa refiere al frente externo. El FMI menciona que “la posición externa sigue siendo vulnerable” y que la evaluación preliminar “sigue sujeta a incertidumbres excepcionalmente altas, refleja una débil cobertura de reservas y la falta de acceso sostenido a los mercados internacionales de capitales en medio de considerables obligaciones de deuda en moneda extranjera”.

En septiembre empieza a operar la amortización del préstamo vigente con el FMI. Este año restan realizar pagos al organismo por U$S 2.791 millones, y en 2027 deberán girarse U$S 9.475 millones. En tanto, los desembolsos previstos en el cronograma son de apenas U$S 2.611 millones en el mismo lapso. El Fondo ha expresado que Argentina debe “reducir gradualmente su elevada exposición al organismo”.

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En lo que va del año, el BCRA alcanzó compras netas en el mercado cambiario por cerca de U$S 10.000 millones. Sin embargo, siguen saliendo una gran cantidad de dólares por los pagos de deuda y por la eliminación de regulaciones cambiarias. Una de las explicaciones: en los primeros cuatro meses de este año (hasta donde llegan las estadísticas oficiales), la compra neta de billetes y divisas sin fines específicos de personas humanas acumuló U$S 10.664 millones, una cifra superior a los U$S 8.656 millones que en igual período sumó el balance comercial cambiario (exportaciones menos importaciones de bienes), la principal fuente de divisas genuinas de nuestro país.

Hay un modelo que no cierra, y es por las políticas de ajuste, desregulación y reformas que se aplican. El FMI tratará de acelerarlas en esta segunda parte del mandato (y seguirá insistiendo mientras haya deuda con dicho organismo). Las elecciones de 2027 serán un momento crucial para que la ciudadanía pueda expresar su rechazo a este conjunto de políticas.

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