Un grupo de decenas de jóvenes en bicicleta atacó a mujeres trans en los Bosques de Palermo, registrando y celebrando la agresión en redes sociales. Mientras la difusión de las imágenes expone la dimensión de la violencia a días de la Marcha del Orgullo, sectores mediáticos intentan reducir una cacería de odio a un episodio de mero descontrol urbano.
Durante la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre, un grupo de adolescentes y jóvenes perpetró un ataque coordinado contra mujeres trans que trabajan en los Bosques de Palermo. Desplazándose en un grupo que combinó la marcha a pie con el uso de bicicletas, los registros audiovisuales confirman la presencia de entre 50 y 60 ciclistas rodeando la zona.
La secuencia se inició con burlas y provocaciones; ante la respuesta verbal de las víctimas para defenderse, los agresores retornaron armados con palos y elementos de señalización urbana (como un cono de tránsito naranja utilizado para golpear a una de ellas en plena avenida) para consumar la agresión física.
El contenido de las filmaciones evidencia tanto la brutalidad del hecho como su lógica de espectáculo digital. En las imágenes grabadas por los atacantes se observa el hostigamiento sistemático, publicado luego en redes bajo la leyenda “A correr los trabas” y emojis de risa.
El episodio generó un profundo repudio y puso de manifiesto una disputa sobre las narrativas públicas. Mientras portales mediáticos y cuentas de redes sociales intentaron encuadrar el hecho como una “pelea de fisuras” o incidentes de la nocturnidad porteña, voces del colectivo señalaron que se trató de un ataque transfóbicodeliberado. La agresión no se produce de forma aislada: ocurre a escasos días de la Marcha del Orgullo y en un clima de hostilidad alimentado por los discursos de odio legitimados desde esferas gubernamentales.
Por su parte, la actuación de las fuerzas de seguridad volvió a mostrar falencias estructurales. Efectivos de la Policía de la Ciudad arribaron al lugar una vez consumado el ataque, debido a que el personal destinado a la zona se encontraba abocado a la detención de dos vendedores de paltas en las inmediaciones.
Aunque las autoridades evalúan revisar las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) para identificar a los participantes, la reconstrucción del caso descansa por el momento en los registros audiovisuales circulantes. La ausencia de testimonios formales en las actuaciones oficiales vuelve a dejar al descubierto las barreras institucionales que distancian a las víctimas trans del acceso a la justicia.







