Miles de israelíes se reunieron en la segunda de cuatro jornadas convocadas en Jerusalén para pedir la celebración de comicios en un país en el que parte de la población culpa al primer ministro Benjamin Netanyahu del cautiverio a manos de Hamas que aun padecen unos 130 rehenes. Los manifestantes, repartidos frente a las calles de la Knesset (Parlamento israelí), donde también instalaron un escenario y cientos de tiendas de campaña, ondearon banderas con los colores de Israel y repartieron calcomanías con el eslogan «Fuera» en referencia al gobierno.

En declaraciones desde Tel Aviv, el analista político Daniel Kupervaser dijo: «El fin de semana marcó un antes y un después respecto de las manifestaciones. Hasta el sábado pasado había una clara diferencia entre manifestaciones políticas que demandaban responsabilidad y la renuncia del gobierno, mientras las manifestaciones de familiares de los rehenes en manos de Hamas se movilizaban detrás de consignas ‘apolíticas’ por la liberación de los rehenes. Ahora los familiares de los rehenes dijeron ‘Basta’ y agregaron la exigencia de renuncia de Netanyahu. Así se unificaron y desde el punto de vista numérico, ya es otro cantar mucho más significativo».

El domingo, en el primer día oficial de protesta y mientras más de 100 mil personas empezaban a tomar las calles de Jerusalén contra Netanyahu, este reiteró estar haciendo todo en su poder para traer de vuelta a los cautivos. «Entiendo la desesperación y el deseo de hacer todo lo posible para recuperar a los rehenes», dijo el primer ministro en una conferencia televisada –antes de ser operado de una hernia– en la que aseguró que unas elecciones «paralizarían» esas negociaciones y solo beneficiarían a Hamas.

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«Redimir a los cautivos es sagrado»

Sobre el escenario tomaron la palabra familiares de los rehenes –de los que más de una treintena están muertos, pero sus cuerpos siguen en Gaza–, el ex segundo jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, el general Yair Golan, y renombrados activistas israelíes. «Una línea directa conecta el 7 de octubre (día del ataque múltiple de Hamas) con los fracasos del gobierno Gantz-Netanyahu, siendo el principal de ellos el abandono de los rehenes», dijo Golan.

En un comunicado varias familias de los rehenes recordaron a Netanyahu que «redimir a los cautivos es sagrado», y le pidieron que el equipo negociador «no vuelva a Israel sin un acuerdo». Otros de los participantes tildaron a Netanyahu de «aspiraciones mesiánicas» y lo acusaron de no llegar a un pacto por su propia supervivencia política.

Desde el lunes una delegación israelí se encuentra en El Cairo negociando, tras semanas de estancamiento, un posible acuerdo de tregua y retorno de los rehenes, informó una fuente de seguridad egipcia. El grupo islamista Hamas participa de forma indirecta sin estar presente en el país vecino. Las demandas de ambas partes parecen insalvables, ya que Hamas sigue imponiendo un alto el fuego «integral» en la Franja como requisito para una tregua, además del retorno de desplazados al norte del enclave y la retirada de las tropas israelíes.

Durante semanas Israel ha calificado a esos pedidos de «delirantes», si bien medios locales citan que, en esta ocasión, Israel podría mostrarse más flexible debido a la presión externa. Alrededor de 32.800 personas murieron desde el inicio de la guerra en Gaza, más del 70 por ciento de ellas mujeres y niños. Además la destrucción y el hambre se apoderan del enclave, y en el norte una treintena de menores ya murió por desnutrición aguda, según datos del ministerio de Salud gazatí.

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