Axel Kicillof sigue hablando en España, reiterando la condena a la insultante prisión de Cristina.

Cuando le hablan de la reunión internacional de la izquierda para frenar a la ultraderecha en el mundo, sostiene que Argentina puede sostener, sin ninguna timidez, posiciones muy comprometidas con el espinoso asunto.

Axel se ha convertido en un referente de la izquierda latinoamericana y española, y eso tiene su lógica: no hay muchos dirigentes de la izquierda que gobiernen una provincia de la magnitud y complejidad de Buenos Aires -la provincia del pecado según el perspicaz Jorge Asís- y que a su vez pueda realizar una lectura de toda la complejidad económica implícita en las intervenciones militares y el desastre mundial.

Pocos como él pueden anticipar la nueva configuración mundial que surgirá con el declive de los Estados Unidos. La pregunta es qué hará la interna argentina con este joven dirigente. Como es sabido, muchos necesitan restarle a Axel los “auténticos galones peronistas” para su propio crecimiento. Y otros, incluso, llegan a negar su kirchnerismo, cuando es indiscutible que es un claro emergente del mismo.

En cualquier caso, la aspiración de Axel a la presidencia no solo es legítima, es también un ejercicio de responsabilidad como el que tuvo Grabois cuando se presentó en la interna.

Axel tiene la virtud. Ahora falta que se acepte que el candidato para derrotar al que actualmente intenta gobernar es él. La superación de lo anterior acompañada con el mejor espíritu del kirchnerismo.

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