Las panaderías de barrio en la provincia de Buenos Aires comenzaron la semana sin harina. Según explicaron desde el Centro de Industriales Panaderos de Merlo, los molinos proveedores avisaron que no harán nuevas entregas a raíz del incremento en el precio internacional del trigo, aunque tuvieron una cosecha récord. “Venimos recibiendo cachetazos todos los días”, afirman.
Las palabras son de Martín Pinto, presidente del Centro que aglutina 700 panaderías en el oeste bonaerense. En paralelo, ocupa la secretaría de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) a nivel nacional, desde donde relevaron una caída de 3 mil comercios del sector tras el arribo de Javier Milei y una pérdida de 17 mil puestos de trabajo.
Pinto sostiene que las panaderías son “rehenes” de un escenario que las excede y dónde hoy nadie las protege. “Esto alguna vez pasó, pero teníamos diálogo con la Secretaría de Comercio para que no haya desabastecimiento”, explica.
Esta dependencia fue desmantelada por el gobierno de La Libertad Avanza y dejó a los panaderos a merced de la volatilidad del mercado. Producto de esta incertidumbre, Pinto advierte que no saben cuándo y a qué precio que conseguirán la bolsa de harina. “Lo único que falta es que nos cobren la materia prima a precio internacional”, alerta.
Resulta que, según los últimos datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, la tonelada de trigo pasó de 335.250 pesos el 21 de agosto a 356.200 el 27 de agosto, un incremento superior al 6 por ciento en apenas cuatro ruedas y cercano al 17 por ciento comparado con los valores de fines de julio. “El pan es uno de los alimentos básicos de la mesa de los argentinos. No podemos quedar rehenes cada vez que se mueve el precio de una materia prima”, señala el dirigente gremial.
Ahora bien, tal como subraya Pinto, la cosecha de trigo durante la temporada 2025-2026 fue récord. Los molinos recibieron entre 25,5 y 27,8 millones de toneladas, más de 8 millones en relación a la campaña anterior.
Hoy, sostiene, el panorama es de “total incertidumbre” que cuenta con el agravante de la imposibilidad de trasladar el feroz incremento en los costos de producción al precio del kilo de pan. Para tomar dimensión, en octubre de 2023 la bolsa de harina de 25 kilos costaba 2.300 pesos y hoy en día está entre 17 mil y 22 mil pesos. Ese mil por ciento de aumento, tal como hubo en el gas, la luz o el agua, no se trasladó a los productos de panadería que en casi tres años crecieron poco más del 200 por ciento.
Más allá de que el objetivo fue sostener el consumo, los datos son poco alentadores. Los relevamientos de CIPAN estiman una caída cercana al 60 por ciento en las ventas de pan tradicional en los últimos años y retrocesos de entre el 80 y el 85 por ciento en productos como facturas y pastelería.
Esta retracción se estandarizó en todas las aristas de la comida de los argentinos. El último informe de ventas minoristas de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, el consumo registró en julio una caída interanual del 5,4 por ciento en el rubro Alimentos y Bebidas y advirtió sobre el impacto de la pérdida de capacidad adquisitiva y de las tarifas de servicios sobre el presupuesto de los hogares.
“Ya no sabemos qué hacer, porque todo está mal, donde mires, todo está mal, el consumo, la producción, la salud porque no hay médicos, todo”, alerta Pinto. Sólo en 2025, cerraron más 620 panaderías de barrio en la provincia de Buenos Aires y los números de este año son muy poco alentadores.
La última publicación del ministro de Economía bonaerense, Pablo López, en su cuenta de X pinta un paisaje desolador. Si se compara el 2026 con el 2025, la caída de la venta en los supermercados cayó más de 3 puntos, y casi 10 en relación a diciembre de 2023. Por el lado de las ventas en centros de compras, este año registró casi un 5 por ciento menos que el año pasado, y un 6,7 por detrás de 2023.







