Impugnación a la audiencia pública
Otro motivo de impugnación en la Justicia será el resultado de la audiencia pública convocada para debatir la adecuación de la ley de Glaciares. Según los reaccios a la ley, la convocatoria concluyó tras dos jornadas, que dejaron un dato tan contundente como polémico: más de 105.000 personas se inscribieron para participar en todo el país, marcando un récord histórico de convocatoria. Sin embargo, ese nivel de interés contrastó con las limitaciones del proceso, ya que solo 213 expositores fueron habilitados en cada modalidad -presencial y virtual-, lo que representa menos del 0,2% del total de inscriptos. Otras 2.900 enviaron escritos a las comisiones.
Desde organizaciones ambientalistas cuestionaron con dureza el desarrollo del mecanismo. “Lo que pudo haber sido un enorme hito de la democracia participativa se transformó en una instancia profundamente restringida, donde la gran mayoría de quienes quisieron expresarse no pudo hacerlo”, señalaron desde Greenpeace. A estas críticas se sumaron irregularidades operativas, como la falta de notificación clara sobre horarios y orden de exposición, cambios sobre la marcha en el listado de participantes, y la reducción del tiempo de intervención de cinco a cuatro minutos, lo que generó malestar entre los oradores.
Además, se denunciaron situaciones que afectaron la transparencia del proceso, como la habilitación para exponer de personas no inscriptas y la falta de precisión sobre los criterios de selección de participantes. Todo esto, remarcan, en un contexto en el que la audiencia pública debería garantizar condiciones amplias y equitativas de participación ciudadana, especialmente en debates de alto impacto ambiental.
En paralelo, el frente judicial también comenzó a activarse. Días antes de la audiencia, un conjunto de organizaciones -entre ellas Greenpeace, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas, el Círculo de Políticas Ambientales (CPA), la Red Universitaria por la Crisis Climática (RUCC) y asambleas socioambientales de distintas provincias- presentó una medida cautelar para suspender el proceso, que finalmente fue rechazada por la Justicia. No obstante, ya apelaron el fallo por considerar que vulnera los estándares de participación establecidos en el Acuerdo de Escazú.
Los argumentos a favor de la reforma de la ley de Glaciares
En paralelo, el Gobierno nacional y sus aliados comenzaron a delinear la estrategia jurídica con la que defenderá la constitucionalidad de la reforma de la ley de Glaciares. Uno de los principales voceros de esa posición fue el secretario de Minería, Luis Lucero, durante su exposición ante el plenario de Diputados.
Lejos de las críticas que advierten sobre un retroceso ambiental, el funcionario planteó que la discusión está atravesada por una construcción basada en el temor. “La campaña contra este proyecto se ha hecho acorde a la cultura del siglo XXI y, esto es, con vértice en el miedo”, sostuvo. Y fue más directo: “Básicamente la gente que se opone no ha hecho más que presentar imágenes del glaciar Perito Moreno que nadie piensa tocar, para decirnos que por esta ley nos vamos a quedar sin agua. Y eso es una mentira”.
Ambiente sano (artículo 41) y dominio originario de las provincias (124)
Desde el punto de vista constitucional, el eje central de la defensa oficial se apoya en la convivencia de dos principios fundamentales: el derecho a un ambiente sano (artículo 41) y el dominio originario de los recursos naturales por parte de las provincias (artículo 124). En esa línea, Lucero fue categórico: “Esta reforma no es inconstitucional como se dice engañosamente, porque respeta los artículos 41 y 124 de la Constitución Nacional”.
“El 124 le otorga a las provincias la atribución que tienen de gobernar sus propios recursos, para eso se modificó la Constitución en 1994 y se le reconoció el dominio originario», sostuvo, y cuestionó lo que consideró un “menosprecio ofensivo” hacia las capacidades provinciales. “¿Cómo vamos a decir que las provincias no pueden manejar su agua? Eso contradice el espíritu de la reforma Constitucional de 1994”, agregó.
El argumento oficial busca mostrar que la modificación de la norma no elimina la protección ambiental, sino que la reordena dentro del esquema federal argentino, devolviendo protagonismo a las provincias en la gestión de sus recursos. Para el funcionario, cuestionar ese esquema implica, en el fondo, “un menosprecio hacia la capacidad de gestión de las autoridades provinciales”.
En el plenario Lucero pidió una interpretación completa del artículo 41. «Hay que leer entero, no fraccionado», exhortó a los diputados, ya que es el mismo argumento que los ambientalistas utilizarán para pedir la inconstitucionalidad.
¿Qué dice el artículo 41 de la Constitución Nacional?
«Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley».
«Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales2.
«Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe le ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos».
Los antecedentes de la Corte Suprema por la ley de Glaciares
En este punto, la postura del Gobierno frente a los amparos se apoyará en antecedentes de la Corte Suprema, que ya se pronunció sobre la ley de Glaciares del 2010, luego vetada. En distintos fallos -entre ellos el de 2019- el máximo tribunal sostuvo que la protección ambiental debe analizarse en conjunto con las reglas del federalismo, evitando interpretaciones absolutas. Allí introdujo el concepto de “concertación federal”, es decir, la necesidad de coordinación entre Nación y provincias para la gestión de recursos naturales.
Reinterpretación del principio de protección ambiental
Otro de los puntos centrales del argumento oficial es la reinterpretación del principio de protección ambiental bajo criterios de racionalidad y evidencia científica. Según explicó el secretario, la reforma mantiene la protección de los glaciares como reservas hídricas estratégicas, pero introduce la posibilidad de revisar casos específicos cuando exista sustento técnico. “Si un estudio de impacto ambiental demuestra científicamente que un glaciar no cumple una función hídrica relevante, este será retirado del inventario”, afirmó.
En paralelo, el funcionario relativizó el impacto hídrico de ciertos cuerpos como los glaciares de escombro. Puso como ejemplo a San Juan, donde “más de 3.000 glaciares de escombro representan apenas el 1,65% del caudal del río San Juan”, y advirtió que las restricciones actuales bloquean proyectos con alto potencial económico. En ese sentido, mencionó iniciativas que podrían generar hasta 24.000 puestos de trabajo y aportes fiscales equivalentes a “100.000 jubilaciones mínimas”.
La discusión, entonces, no se limita a lo ambiental, sino que incorpora la dimensión del desarrollo. Para el Gobierno, el artículo 41 de la Constitución no solo exige proteger el ambiente, sino también garantizar un uso racional de los recursos que atienda las necesidades del presente sin comprometer a las generaciones futuras. Allí aparece otro de los ejes de defensa: la necesidad de equilibrar protección con crecimiento económico.
Además, Lucero insistió en que el agua -eje central del debate- no enfrenta un problema estructural de escasez en la Argentina, sino de distribución. “El agua en la Argentina es un recurso que tenemos que distribuir mejor, no es algo que queramos atacar. El agua es necesaria para todas las actividades”, señaló.
En síntesis, la estrategia jurídica del Gobierno se apoyará en tres pilares: la vigencia del federalismo consagrado en la Constitución, la doctrina de la concertación federal avalada por la Corte Suprema y la necesidad de compatibilizar protección ambiental con desarrollo económico. Con estos argumentos, buscará defender ante la Justicia -y especialmente ante los tribunales federales- la validez y la aplicación inmediata de la reforma, en un debate que promete escalar tanto en el plano jurídico como político.








