Puerto Rico enfrenta otro fenómeno climático que pone en peligro la vida de sus ciudadanos. El 60% de la isla se encuentra bajo sequía, y el sur y suroeste ya sufren los estragos de una sequía extrema. Los niveles de agua en los embalses continúan bajando y la AAA (Autoridad de Acueductos y Alcantarillados) ya ha implementado ajustes operacionales en seis localizaciones. De manera paralela, las averías, las deficiencias infraestructurales y el mal manejo en el sistema de acueductos han producido la peor crisis de agua desde el huracán María.
Varias comunidades en San Juan han vivido más de 120 días sin agua en el 2026. El pasado 7 de julio una interrupción de servicio por obras de reparación dejó a 180.000 clientes (aproximadamente 450.000 personas) sin servicio de agua potable. La administración estimó que la interrupción de servicio duraría de 12 a 16 horas. Sin embargo, gran parte de ese medio millón de personas tuvo que esperar 60 horas para volver a cierta normalidad. Municipios como Canóvanas y Río Grande ya viven bajo racionamiento de agua. El otro lado de la isla tampoco se salva. Recientemente, los aguadillanos pasaron dos semanas sin agua.
Nos encontramos en una crisis que combina varios factores de manera peligrosa. En primer lugar, la sequía no permite que se deposite el agua necesaria para abastecer los embalses. Además, el fenómeno global del Súper Niño amenaza con prolongar el período de baja precipitación. A diferencia de otros eventos repentinos y pasajeros como huracanes y terremotos, este procede de manera paulatina y sostenida. No sabemos con exactitud hasta cuándo durará la sequía y cómo se intensificará con la presencia de esta anomalía atmosférica.
La crisis del momento se exacerba con la crisis profunda y duradera que aqueja a nuestras instituciones y al país en general. El problema del agua en Puerto Rico es complejo y longevo, pero puede comenzar a entenderse con algunos datos y cifras clave:
Puerto Rico no carece de agua. En un año normal, caen aproximadamente 70 pulgadas de lluvia, que rinden una escorrentía que nutre fuentes de agua superficiales (como los embalses) y fuentes subterráneas (como los acuíferos).
¿Si cae tanta agua, dónde está?
Nuestro sistema depende excesivamente de un sistema de almacenamiento superficial con capacidad reducida. Los embalses han perdido al menos 25% de su capacidad de almacenaje debido a la sedimentación. La construcción desmedida y la desregulación (véase la Ley 82) amenazan con profundizar este aspecto de la crisis.
Pero si todavía hay agua, ¿por qué no tengo?
La AAA produce aproximadamente 540 millones de galones de agua potable al día. Sin embargo, la Autoridad sólo cobra alrededor 180 millones, o un tercio del agua que recolecta, purifica y distribuye a los hogares del país. Se estima que la AAA sufre de una tasa de 60% de pérdida física en los canales de riego.
¿Y por qué no mejora con los arreglos?
El sistema es inmenso. Gran parte de la infraestructura que hoy da problemas revela una sospechosa falta de lógica en la planificación. Parte del agua que se consume en el área metropolitana debe recorrer desde las montañas de Jayuya y Utuado, hasta las plantas de tratamiento y Arecibo, para pasar por 50 km del superacueducto antes de llegar a su destino. La inversión en construcción de megaproyectos innecesarios y poco prácticos solo puede indicar una lógica harto conocida para las y los puertorriqueños: la corrupción.
¿Y no hay nadie que pueda arreglarlo?
En su aspecto más profundo, la lógica neoliberal limita severamente nuestras posibilidades de atajar esta crisis. La historia de politización y privatización de la AAA ha entrecortado la memoria histórica de la institución. Los oficiales no conocen el sistema porque la AAA existe en una estructura económica que solo extrae recursos de la agencia mediante el juego político partidista y la subcontratación de sus funciones. Ahora que la crisis supone un reto y no una ganancia, el modelo capitalista neoliberal es incapaz de hacer funcionar lo que entregó. Por esto, el presidente ejecutivo de la Autoridad, Luis González Delgado, declara ante la prensa, con cierta molestia, que “La gente no debe esperar a que tengamos un plan”.
Luis González tiene razón. No deberíamos esperar un plan de un gobierno que niega el cambio climático, cuya obsesión por la ganancia privada le aqueja con incontables escándalos de corrupción. No deberíamos esperar un plan de un gobierno que no cree en la función misma del gobierno. La frase de Luis González debe servir como punto de partida para la redacción del programa de gobierno que necesitamos.
La alternativa ecosocialista propone, ante todo, que las trabajadoras y trabajadores expertos que hacen funcionar a Puerto Rico día a día tomen las riendas del gobierno para que planifiquen su bienestar por encima de las ganancias que el contratista pueda devengar en el próximo chanchullo. Existen expertos que conocen el sistema y que son capaces de brindar las mejores soluciones a la crisis del agua. El Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático en Puerto Rico evidencia que nuestro país cuenta con el conocimiento técnico necesario para gobernarse en un futuro que vaticina retos existenciales. Solo un programa anticapitalista será capaz de ponerlo en práctica para el bienestar de nuestra gente y nuestros ecosistemas.







