En el quinto día consecutivo de ataques de EE.UU. contra Irán, la disputa por el control del estrecho de Ormuz volvió a situarse en el centro de la crisis. Teherán declaró este jueves que esta estratégica vía marítima constituye una «línea roja» inviolable, y advirtió que responderá golpeando «toda la infraestructura restante» en la región del Golfo si el presidente estadounidense, Donald Trump, cumple su amenaza de atacar instalaciones iraníes.

La declaración llegó después de que Washington lanzara una nueva andanada de bombardeos, y restableciera un bloqueo naval sobre los puertos iraníes. Washington sostiene que estas operaciones buscan reabrir el estrecho de Ormuz, que Teherán cerró el pasado sábado tras el colapso de una frágil tregua. Por esta vía marítima solía transitar cerca del 20% del petróleo y el gas comercializados en el mundo, por lo que las interrupciones en el tráfico a raíz del conflicto han impactado el mercado energético internacional.

La postura iraní comenzó a endurecerse tras los primeros ataques del miércoles por la noche. El principal negociador del país, Mohammad Bagher Ghalibaf, describió el momento como un punto de no retorno y aseguró que Teherán libra una batalla por su supervivencia. «Estamos en una guerra esencial y existencial con Estados Unidos», afirmó.

Esa misma idea fue reforzada por el portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Mohammad Akraminia, quien insistió en que Teherán mantiene el control absoluto del estrecho y rechazó la idea de que los ataques estadounidenses hayan debilitado su capacidad para dominar este paso estratégico. «Los estadounidenses pensaron que atacando algunas de nuestras bases en las costas del sur del país podrían tomar el control de este estrecho estratégico», declaró.

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Pero, según el militar, esa estrategia está condenada al fracaso. «La República Islámica de Irán tiene la capacidad de ejercer el control sobre el estrecho de Ormuz desde todos y cada uno de los puntos de su territorio, y este asunto nunca depende de las costas ni de las islas», aseguró.

El mensaje de firmeza no quedó solo en manos del Gobierno. El propio Ejército iraní reforzó esa postura al advertir que no cederá el control del paso marítimo. «Sin duda resistiremos hasta el final y neutralizaremos las intervenciones estadounidenses en la región», afirmó en un comunicado.

Además de reivindicar el control de Ormuz, Teherán dejó claro que no contempla su reapertura mientras no se cumplan sus exigencias. Según la agencia semioficial Mehr, Akraminia aseguró que la única vía para restablecer el tránsito marítimo pasa por que Washington respete el memorando de entendimiento de 14 puntos firmado entre ambas partes el pasado junio, ponga fin a lo que calificó como «acciones hostiles» y acepte las «regulaciones iraníes» que rigen la navegación por el estrecho.

El portavoz insistió en que el control de Ormuz debe permanecer bajo autoridad iraní y que la presión militar estadounidense no modificará esa posición. Los bombardeos de Washington, aseguró, no obligarán a Teherán a reabrir esta estratégica vía marítima.

A ese mensaje se sumó la Guardia Revolucionaria de Irán que afirmó que sus operaciones siguen centradas en destruir la infraestructura ofensiva estadounidense desplegada en la región, y advirtió que la campaña militar todavía no ha alcanzado su fase final.

Su portavoz, Hossein Mohebbi, escribió en la red social X que el «enemigo» no debe asumir que podrá mantener indefinidamente el actual curso del conflicto ni convertir la guerra en una confrontación de desgaste. «Nuestras operaciones están centradas actualmente en destruir la infraestructura ofensiva estadounidense en la región y, posteriormente, comenzarán las siguientes fases», afirmó.

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EE.UU. intensifica los bombardeos

Por su parte, Washington optó por aumentar la presión militar. El presidente Trump amenazó este martes con atacar la próxima semana centrales eléctricas y puentes iraníes si las autoridades iraníes no regresan a la mesa de negociaciones.

La nueva ofensiva coincidió con una oleada de explosiones registrada en varias ciudades iraníes, mientras el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) confirmaba una ronda adicional de bombardeos contra objetivos militares repartidos por distintos puntos del país.

Según Washington, se atacaron centros de mando, sistemas de defensa antiaérea, capacidades de misiles y drones e instalaciones de vigilancia costera con el objetivo de seguir reduciendo la capacidad iraní para amenazar a los buques comerciales que atraviesan el estrecho de Ormuz.

El Centcom añadió que utilizó munición de precisión para atacar múltiples objetivos, entre ellos Bandar Abbas, principal puerto iraní situado a orillas del estrecho.

Fuentes estadounidenses consultadas por la agencia de noticias Reuters añadieron que la campaña militar no solo pretende forzar la reapertura de Ormuz, sino también destruir capacidades militares iraníes consideradas esenciales antes de emprender operaciones de mayor envergadura.

Los bombardeos se produjeron después de que Washington restableciera el bloqueo naval sobre los puertos iraníes y mientras Teherán amenazaba con ampliar el cierre de las exportaciones energéticas de la región.

Más allá de los objetivos militares, los ataques comenzaron a tener un impacto visible sobre la población civil. Según la agencia Mehr, varias zonas de Ahvaz, en el suroeste del país, fueron alcanzadas por los bombardeos estadounidenses, al igual que Bandar Abbas.

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