El Mundial 2026 nos presentó una novedad: el cooling Break o, en castellano, la pausa de hidratación. Ya se había implementado en el Mundial de Brasil 2014. En ese entonces sólo se recurría a dicha pausa si la temperatura superaba los 32 °C. Era una obligación impuesta a la FIFA por la Justicia laboral de Brasil.

Sin embargo, para la Copa del Mundo de este año la Federación comandada por Infantino la impuso para todos los encuentros, independientemente de las condiciones climáticas. El motivo esgrimido es que los jugadores puedan hidratarse durante tres minutos por tiempo debido a las extremas temperaturas en cada uno de los países organizadores.

Llama la atención que la pausa de hidratación se aplique de forma obligatoria en cada encuentro disputado independientemente de la temperatura existente, el horario del partido, e incluso en estadios que cuentan con techo y aire acondicionado. Si en Brasil 2014 había una necesidad médica real, en este torneo parece que esas necesidades no son las verdaderas razones para la existencia del Cooling Break.

Detrás de esta nueva farsa de Infantino y compañía aparecen los negocios millonarios de las tandas publicitarias al mejor estilo NFL o NBA. Ahora, el show mundial del fútbol puede y debe ser interrumpido constantemente por la publicidad de marcas de bebidas, casas de apuestas y otros rubros, más allá de las necesidades biológicas de los participantes. La salud de los jugadores es la excusa perfecta a la que nadie se opondría; el negocio de los Ceos de finanzas, las casas de apuestas, las cadenas de bebidas y alimentos es la razón de fondo de tamaña novedad en el fútbol mundial.

Nos acostumbramos, como espectadores de uno de los eventos más populares del mundo, a ver la “pantalla partida” de nuestros televisores, tablet o celulares Con jugadores bebiendo refrigerios y recibiendo las indicaciones de los directores técnicos, de un lado; y cientos de comerciales durante 180 segundos en cada tiempo de juego, del otro. En este lapso de tiempo las cadenas de televisión han aumentado sus ingresos de forma superlativa, incluso con valores de venta publicitaria que superan los ofrecidos durante los entretiempos. Las marcas más conocidas a nivel internacional pagan cifras difíciles de imaginar para un simple trabajador. Está más que claro que el negocio millonario no es sólo para las cadenas oficiales de trasmisión de la Copa del Mundo. Con esta estrategia de Marketing la FIFA cobra mucho más por ceder los derechos televisivos.

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Es evidente el negocio independientemente de las declaraciones de Gianni Infantino que, ante las críticas desde diferentes sectores, defendió a capa y espada las pausas de Hidratación: “La razón principal es el calor. Pero lo que nos importa aún más es garantizar que todos los equipos, en cada partido, jueguen en las mismas condiciones, se basa puramente en la equidad deportiva y en los méritos deportivos. Quiero enfatizar esto. No se trata de dinero”. Agregó que  “No hay ingresos adicionales para la FIFA, ya que todos los acuerdos comerciales se firmaron con mucha antelación”. 

Sin embargo, cuando uno repasa los números, la realidad muestra que La FIFA multiplica los beneficios en relación al mundial de hace cuatro años y bate récords económicos. En relación a las pausas para refrescarse, se calcula que cada anuncio cuesta, aproximadamente, entre 170.000 y 270.000 dólares. Si tomamos el valor de un solo anuncio por pausa durante los 104 partidos del torneo, nos encontraríamos con una recaudación entre 35 y 56 millones de dólares. Obviamente, las publicidades son múltiples y expertos estiman una recaudación sólo en este rubro de más de 250 millones.

Si nos detenemos en la cuestión de la venta de entradas, se calcula que ingresarán 2.600 millones de dólares, mientras que en Qatar 2022 el valor de venta de entradas fue de 824 millones. Pero incluso en esta oportunidad se puso en vigencia un sistema de venta de tickets innovador, controlado por la FIFA. Los precios bajan y suben según la demanda. Si la demanda sube los precios escalan, y si la demanda es baja, los precios se reducen evitando que queden butacas vacías.

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Lo que más llama la atención, sin embargo, es la participación de la entidad madre en el negocio de las reventas de entradas, por la cual recauda una comisión del 15 por ciento. La reventa siempre fue ilegal y estaba prohibido durante los eventos deportivos, ahora es aprovechado de forma oficial para desbordar las arcas controladas por Infantino. A través de la plataforma “FIFA Resale Marketplace”, la organización permite revender boletos particulares “de manera segura”. Sin embargo, el fenómeno ha alcanzado proporciones extremas ligadas a la especulación y los elevados precios.  En el sitio de reventa oficial de la FIFA, se ofreció una entrada para la final a USD 2,3 millones, mientras que el boleto más caro en la final del Mundial de Qatar 2022 costó cerca de USD 1.600 en su valor inicial. La cuenta es fácil: mientras más se eleva el preció de un tickets, mayor comisión para la FIFA. Infantino le abrió las puertas a ganancias inmensas a través de la especulación compartida.

Estamos ante el Mundial más lucrativo de la historia. La proyección de ganancias para este certamen es de 13.000 millones de dólares, superando ampliamente los 7.500 millones generados en Qatar 2022 y 5.400 millones de Rusia 2018. Sin embargo, como la FIFA está registrada en Zurich (Suiza) como una entidad privada sin fines de lucro, no paga impuestos sobre estos ingresos. Incluso les exige a los países anfitriones que los exima de impuestos tanto a la Federación como a las empresas que estén vinculadas al torneo.

Reventas de entradas exorbitantes, pautas publicitarias millonarias, abundancia de casas de apuestas que estallan en las pantallas de cada hogar, causando estragos en millones de jóvenes y niños, cadenas televisivas y de streaming que amasan fortunas, jugadores millonarios que recaudan más por venta de imagen, acuerdos comerciales y patrocinios que por su propio trabajo dentro de la cancha… Ese es el lado A del negocio del Fútbol. Sin embargo, al dar vuelta la página nos encontramos con que son los diferentes Estados que afrontan gastos millonarios en materia de seguridad y represión para garantizar las ganancias exorbitantes de la FIFA y las empresas privadas. Así, por ejemplo, mientras Infantino se llena los bolsillos con jugosos 13.000 millones de dólares, Estados Unidos financia, con decenas de millones de dólares públicos, la máquina represiva del ICE para perseguir migrantes y trabajadores durante el desarrollo del torneo.

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Mientras tanto, estuvo a punto de estallar una huelga de más de 2000 trabajadores de alimentos, bebidas y concesiones del MetLife Stadium, que albergará 8 partidos del Mundial. Los sindicatos “Los Ángeles Alliance for a New Economy (LAANE)” y “UNITE HERE Local 11”, denunciaron que los salarios mínimos de la empresa Multinacional Legends Global, que brinda el servicio de la comida en el estadio, eran de miseria, apenas $16,90 dólares la hora. Es una cifra de indigencia para el costo de vida de California. Todo esto mientras se esperan 3.300 millones de dólares en ganancias y 431,9 millones en recaudación impositiva local gracias a los ocho partidos que albergará el MetLife Stadium, impulsado por la llegada de más de 1,2 millones de turistas.

Un evento como el Mundial de fútbol puede ser un ámbito de identidad colectiva, de integración, de intercambio de experiencias, de diálogo cultural y de disfrute colectivo para las grandes masas de la sociedad. Pero bajo el capitalismo también es un gran negocio privado y millonario para unos pocos, donde claramente hay ganadores y perdedores.

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