Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en la escala de Richter sacudieron Venezuela con menos de un minuto de diferencia durante la noche del miércoles 24 de junio. El doble sismo provocó derrumbes en varias ciudades y dejó, hasta el momento, un saldo provisorio de 2.927 familias damnificadas, 157 desaparecidos reportados, 200 personas atrapadas, 250 edificios dañados y ocho hospitales afectados.

Los movimientos telúricos se sintieron con fuerza en amplias regiones del norte del país, incluida Caracas, donde miles de personas evacuaron viviendas, edificios y centros comerciales en medio de escenas de pánico. Habitantes de barrios como Chacao, Catia y Petare relataron que el temblor se prolongó durante varios segundos. “Se cortó la luz y el edificio empezó a crujir. Pensé que se venía abajo”, relató una vecina de Petare a medios locales tras abandonar su vivienda junto a su familia.

 

Especialistas explicaron que la violencia del evento no sólo estuvo determinada por su magnitud, sino también por su escasa profundidad y por la cercanía del epicentro a zonas urbanas densamente pobladas, factores que amplificaron la onda de choque y multiplicaron los daños estructurales.

La devastación comenzó a hacerse visible pocas horas después. En La Guaira, más de un centenar de edificios sufrieron derrumbes totales o parciales, mientras que en Maiquetía se reportaron daños estructurales en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, lo que obligó a suspender temporalmente parte de sus operaciones. En distintas ciudades, miles de familias pasaron la noche en calles, plazas y vehículos por temor a nuevas réplicas.

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Entre las zonas más afectadas se encuentran los estados de La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, además de distintos sectores de Caracas. La Guaira aparece hasta el momento como una de las regiones más golpeadas, con importantes daños materiales y una alta concentración de víctimas y personas desaparecidas.

Delcy Rodríguez confirmó la declaración del estado de emergencia nacional, la suspensión preventiva de actividades en las zonas más afectadas, la apertura de refugios temporales y el despliegue de bomberos, rescatistas y personal sanitario. El ministro a cargo del operativo frente a la catástrofe señaló que las próximas horas serán cruciales para localizar personas atrapadas bajo los escombros y reconoció que el número de víctimas podría seguir aumentando.

Las autoridades mantuvieron alertas preventivas en distintas zonas costeras y urbanas, mientras organismos regionales de monitoreo continúan evaluando la actividad sísmica y el riesgo de nuevos movimientos de gran intensidad.

La magnitud de la emergencia también comenzó a poner bajo fuerte presión al sistema sanitario. Hospitales y centros de salud de Caracas y La Guaira operaban con alta demanda pocas horas después del sismo, mientras equipos médicos trabajaban para garantizar camas, insumos y traslados de urgencia para las personas heridas.

En paralelo, países de la región y organismos internacionales comenzaron a coordinar el envío de ayuda humanitaria, insumos médicos, equipos de rescate y asistencia logística para colaborar con las tareas de emergencia.

Por su magnitud e impacto, especialistas ya comparan el evento con algunos de los terremotos más destructivos de la historia moderna venezolana, entre ellos el sismo de Caracas de 1967, que dejó centenares de víctimas.

Mientras continúan las tareas de búsqueda entre toneladas de escombros, decenas de familias siguen esperando noticias de sus seres queridos en hospitales, refugios y centros de evacuación. Con miles de personas todavía desaparecidas, Venezuela enfrenta una carrera contrarreloj para rescatar sobrevivientes y dimensionar el verdadero alcance de una de las peores tragedias naturales de su historia reciente.

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