Palestinos desplazados en el sureste de Ciudad de Gaza prendieron fuego a sus propias tiendas en un gesto tan inusual como desesperado. La escena, cargada de simbolismo, refleja la creciente frustración de quienes sobreviven entre condiciones cada vez más precarias y denuncian constantes violaciones israelíes del alto el fuego acordado.

Ocurrió el jueves en el campamento Dar Al-Salam, en el barrio de Zeitoun. Bajo el lema “Quemamos nuestras tiendas antes de que nos quemen a nosotros”, decenas de residentes, entre ellos niños, alzaron la voz para exigir protección urgente.

Las demandas son tan básicas como urgentes. Reclaman la construcción de barreras de tierra que amortigüen el fuego israelí y la llegada de ayuda humanitaria que alivie la escasez extrema de agua y suministros esenciales.

“Cuando empiezan los disparos, nos tiramos al suelo dentro de la tienda”, cuenta Asmaa Arhim, una mujer desplazada que ya ha resultado herida por fuego israelí. Sin embargo, “no ofrece ninguna protección real”, añade.

Durante meses, explica, las familias han vivido sin acceso estable al agua, obligadas a recorrer largas distancias para conseguirla. Además, la comida llega de forma irregular, casi siempre insuficiente

“Estas tiendas ya no ofrecen seguridad ni una vida digna”, añadió, describiendo la quema de tiendas como una expresión simbólica de la ira.

Una realidad distinta

El campamento se alza junto a lo que sus habitantes llaman la “línea amarilla”, en el sureste de Ciudad de Gaza, en una franja de tierra que las fuerzas israelíes abandonaron tras el alto el fuego acordado en octubre de 2025.

Pero la calma nunca llegó del todo. Desde entonces, los disparos no han cesado. Son un murmullo constante, una amenaza que acecha incluso en los momentos más cotidianos.

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“Durante la guerra, al menos sabíamos cuándo empezarían los bombardeos”, cuenta Wissam Abdullah, también desplazado. Ahora, en cambio, la violencia es imprevisible: “Puedes estar caminando con normalidad y recibir un disparo en cualquier momento”.

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