Una investigación conjunta entre especialistas del CONICET y médicos del Hospital La Paz de Madrid, España, avanza en una estrategia para evitar el rechazo de órganos trasplantados y reducir la necesidad de tratamientos inmunosupresores. La técnica consiste en administrar al receptor células provenientes de la médula ósea del donante para favorecer la convivencia de ambos sistemas inmunes y generar tolerancia al órgano recibido.
Los primeros resultados son alentadores. Dos pacientes que recibieron el procedimiento en 2020 llevan casi seis años con sus órganos plenamente funcionales, sin signos de rechazo y bajo un tratamiento de inmunosupresión mínimo. A partir de estos resultados, el equipo inició un ensayo clínico de fase 1 para evaluar la estrategia y avanzar en su aplicación en otros centros médicos.
Una de las principales complicaciones de los trasplantes de órganos sólidos es la respuesta del sistema inmune del receptor, que identifica el nuevo tejido como ajeno y puede atacarlo. Para controlar esa reacción, se utilizan medicamentos inmunosupresores que inhiben parte de las defensas del organismo.
El problema es que estos tratamientos no actúan de manera específica: además de reducir la respuesta contra el órgano trasplantado, debilitan la capacidad del cuerpo para defenderse de virus, hongos, bacterias y células tumorales, lo que puede provocar efectos secundarios graves.
Frente a esa dificultad, investigadores del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP, asociado a CICPBA) trabajaron junto con profesionales del Hospital La Paz para desarrollar una estrategia que combina el trasplante con una terapia celular.
El procedimiento consiste en administrar precursores hematopoyéticos provenientes de la médula ósea del donante, células capaces de originar distintos tipos de células sanguíneas, incluidas las del sistema inmune.
“Lo que hacemos es poner a convivir en el cuerpo del paciente los dos sistemas inmunes —el suyo y el del donante—, dando lugar a lo que llamamos un sistema inmune quimérico, en el que hay una relación armoniosa entre ambos”, explicó Rodrigo Papa Gobbi, investigador del CONICET en el IIFP y uno de los participantes argentinos del estudio.
El especialista detalló que los precursores hematopoyéticos se alojan en la médula ósea del receptor, donde se multiplican y dan origen a diferentes células. Estas nuevas células contribuyen a que el organismo reconozca el órgano trasplantado como algo que no representa una amenaza.
Dos pacientes sin signos de rechazo
Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Communications Medicine, en un trabajo firmado por Papa Gobbi y Pablo Stringa, también investigador del CONICET en el IIFP. El estudio presenta el seguimiento de dos pacientes trasplantados en España en 2020 mediante esta técnica.
Uno de los casos es el de Nora, una mujer de 49 años que recibió un trasplante de riñón y tenía antecedentes de rechazo de tres intervenciones similares. El otro es el de Yasinne, un adolescente de 15 años que recibió un trasplante multivisceral de estómago, intestino, páncreas, hígado y riñón, después de haber rechazado dos injertos.
“En ambos casos se trataba de personas que ya no eran candidatas a un retrasplante por su alta tasa de rechazos. Esa es una decisión difícil, pero llega un momento en que se debe priorizar cuán viable es la intervención, porque cada órgano que uno pone en una persona es un órgano que no va a otra que también lo necesita. En ese contexto, la alternativa fue incluirlos en un protocolo de uso compasivo para que puedan acceder a este procedimiento en etapa de investigación”, describió Papa Gobbi.
Tras casi seis años de seguimiento, ambos pacientes llevan una vida normal, con sus órganos plenamente funcionales, sin signos de rechazo y con un tratamiento de inmunosupresión mínimo.
El trabajo de los profesionales del IIFP se concentró principalmente en los ensayos preclínicos con modelos experimentales. Además, Papa Gobbi participó en el seguimiento de los pacientes y en el análisis de los cambios que experimentaron sus sistemas inmunes después de la intervención. Los estudios permitieron profundizar en los mecanismos que podrían favorecer la tolerancia al órgano trasplantado.
A partir de los resultados obtenidos, el equipo inició un ensayo clínico de fase 1, con el objetivo de avanzar en la evaluación de la estrategia y facilitar su reproducción en otros centros médicos.
“En esta etapa, tenemos dos pacientes más a los que ya se les infundieron los precursores hematopoyéticos y no han presentado ningún tipo de efecto adverso, y otros más en lista de espera. Los datos obtenidos hasta aquí son realmente alentadores”, señaló el investigador.







