El miedo a perder el empleo y la insuficiencia de los ingresos son las principales inquietudes de los argentinos, según el último relevamiento de marzo del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP). La encuesta realizada para 1.800 casos en todo el país arrojó que el 47,4 por ciento de las personas advierte que los bajos sueldos e ingresos son su preocupación principal y el 30,4 por ciento la identifica con la falta de trabajo. Esta última razón creció notablemente (más de 15 puntos porcentuales) entre enero y marzo de este año, ante el masivo cierre de empresas. Las encuestas describen un clima social cada vez más atravesado por la incertidumbre, donde amplios sectores perciben que el horizonte económico será negativo si el Gobierno no cambia el rumbo.

Si la política económica no cambia, “cada vez más empresas seguirán cerrando y la velocidad de los despidos será mayor”, advierte Martín Pollera, economista y miembro del Grupo Atenas, que coordina junto con Silvina Batakis. Desde ese colectivo elaboraron un informe en el que se expone que por cada dos puestos directos eliminados, se pierde también un empleo indirecto.

El informe del Grupo Atenas mostró que desde que asumió Milei se perdieron 104.000 puestos de trabajo en la industria, de los cuales 71.000 fueron puestos directos y 31.000 empleos indirectos. De hecho en algunos casos al interior de la industria hay ramas que generan más puestos indirectos que directos. El multiplicador del empleo es especialmente alto en sectores como la extracción y refinación de petróleo, los alimentos y bebidas, la producción automotriz, de equipamiento médico, químicos y papel.

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“La industria manufacturera se posiciona como el sector con la mayor destrucción neta de empleo formal en el conjunto de la economía nacional, y además es la actividad cuya caída arrastra con mayor fuerza al empleo en sectores vinculados”, sostiene Pollera.

Desde el Gobierno relativizan el impacto del deterioro industrial sobre el empleo. Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, expresó primero que la industria apenas emplea el 17 por ciento de la fuerza laboral y por eso un cierre de empresas no sería gravoso. Con ese porcentaje, la industria es el cuarto sector económico en términos de capacidad de generar empleo directo, además del impacto en el empleo indirecto que genera la actividad fabril.

Por otro lado, el ministro posteó en X que se crearon 400.000 puestos de trabajo durante el gobierno de Javier Milei. Las cuentas fueron hasta cuestionadas por analistas que defienden la gestión del Gobierno. La información difundida, basada en fuentes oficiales como el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), indica que desde que asumió Milei cierran 32 empresas por día y se perdieron 290.000 puestos de trabajo registrado.

Un dato que no es menor, es el notable crecimiento del empleo informal y por cuenta propia que sirve de refugio para quienes pierden su empleo registrado. Típicamente se trata del trabajo por plataformas en rubros como el comercio, gastronomía y transporte. Según el ministro, “el crecimiento en el empleo total se compone de un aumento de 630.000 puestos informales e independientes y una caída de 222.000 formales”, pero sostiene que en promedio los independientes ganan más que los asalariados –y pagan menos impuestos-, así que la informalidad sería, desde su punto de vista, deseada.

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Estas nuevas y expandidas formas del trabajo esconden una realidad que se tornó predominante: el empleo por pocas horas o en malas condiciones opera como alternativa frente a los despidos masivos. El Instituto Argentina Grande (IAG) viene relevando esta situación de precariedad laboral desde hace varios meses y elaboraron un indicador propio de “desempleo encubierto”. Esta tasa, que es mucho mayor que el desempleo oficial que llega al 6,6 por ciento, tiene en cuenta además de este último a un “desempleo ampliado” que incorpora modalidades de trabajo por pocas horas, inestables, de baja calificación, etc. Así el “desempleo encubierto” llega al 13,8 por ciento del mercado laboral.

Estos trabajadores desprotegidos en su actividad cotidiana suman más de 6 millones de personas, según el IAG. Son empleos sin aportes, ni estabilidad, sin capital propio para emprender, ni calificación.

Las estadísticas muestran que la crisis productiva derivó en una verdadera crisis del empleo. No sólo se asiste a un verdadero industricidio sino que la pérdida de empleo afecta además a puesos de trabajo indirectos vinculados con la actividad fabril. Además el empleo se volvió una actividad cada vez más precaria, como una alternativa transitoria frente a la falta de ocupaciones en el sector formal.

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