Los Sacerdotes del Dinero
La Precariedad de las Cifras
El gobierno proclama victorias que las planillas de Excel desmienten. Aunque se celebra un supuesto superávit, este resultado es un espejismo contable. Si incluimos los intereses capitalizados y devengados, el déficit financiero es una realidad.
La situación de las divisas es aún más dramática. A pesar de haber comprado u$s 29.000 millones desde el inicio de la gestión, las reservas netas internacionales son cada vez más negativas. El gobierno se encuentra en un “callejón sin salida” cambiario; se mantiene haciendo cambios permanentes -desde enero-salió del 2% al 1% de crawl, yendo a un esquema de bandas ajustadas como metas, y ahora van por ajuste por inflación pasada. La bicicleta impide acumular dólares genuinos y la indexación del tipo de cambio alimentara la inflación. Mientras tanto, el Tesoro ni siquiera ha comprado las divisas necesarias para cubrir los vencimientos de u$s 4.200 millones en enero de 2026.
Cifras de la desesperación:
- Riesgo País: Estancado en 575 puntos básicos; a Caputo nadie le presta en Wall Street, aunque finja demencia diciendo que quiere cancelar deuda de Wall Street.
- Acumulación Necesaria Para Pagar u$s4.200 Millones en enero: no se ha logrado, ni siquiera pidiendo prestado.
- Perfil de Vencimiento de Deuda en Dólares: En los siguientes 2 años (2026 y 2027) habrá que pagar vencimientos por u$s 48.000 millones en dólares. En los próximos 4 años, hay que amortizar más de u$s100.000 millones. Milei fantasea con “rolearla toda”.
- Inversión Extranjera Directa: primer año desde 2003 (22 años) que dan más de u$s1500 millones negativas.
El Esoterismo Financiero y el Abandono de Washington
El “voluntarismo” del gobierno bordea lo místico. Se habla de un “proceso de remonetización” como si fuera que mágicamente resolverá la falta de reservas. En la práctica, el apoyo de Estados Unidos es un simulacro más. Del pomposo respaldo prometido de u$s40.000 millones, solo se ejecutaron u$s 2.500 millones del swap de u$s 20.000 millones; el resto nunca existió, lo que se exhibe en reservas es papel mojado que el FMI y el Tesoro de EE.UU. prohíben tocar.
Esta desesperación por “dar más de lo que EE.UU. pide” ha llevado a una sumisión geopolítica injustificable, desde cualquier punto de vista; porque no se traduce en financiamiento neto. El gobierno ha salido desesperadamente a buscar fondos y ha regresado con las manos vacías una y otra vez, mientras el mercado local y la sociedad argentina permanecen “zombis”, adormecidos por un lenguaje financiero diseñado para suprimir la verdad. ¿Dónde está el oro del BCRA?, preguntan los jueces estos días. El balance del BCRA lo omite, y ese descuido es el grito más fuerte de un sistema que está raspando el fondo del tarro mientras todos los actores “se hacen los distraídos”.
El Laberinto Macrista con Esteroides
El equipo económico ha replicado los errores de la era Macri (2017) pero con esteroides; una dependencia absoluta del carry trade en un mercado interno ya saturado de títulos públicos.
El impacto en la economía real es devastador, la industria vuelve a caer por segundo año consecutivo. El ajuste y la recesión que afecta a los tomadores de préstamos personales y usuarios de tarjetas de crédito ha generado un entorno de creciente morosidad. El sector corporativo, tanto local como internacional, observa con precaución cómo el falso esquema de “emisión cero” colisiona con una realidad. Vemos una economía que necesita dólares que no existen y una estructura productiva que se está desintegrando bajo el peso de cierres de empresas y despidos masivos.
La Arrogancia como Preludio del Colapso
Gobernar no es operar una mesa de dinero. La altanería presuntuosa con la que el binomio Milei-Caputo desprecia la administración pública y la política territorial es el síntoma más claro de su desidia. Han tratado a la ciudadanía como atrasada, envolviéndola en la jerga técnica, para ocultar que están jugando un pleno en un casino con fichas prestadas.
El “encantamiento esotérico” del mercado tiene fecha de vencimiento. Los argentinos, históricamente propensos a cambiar de opinión ante un cimbronazo cambiario, no perdonarán el engaño cuando el simulacro se apague. El colapso, impulsado por la codicia y la inconciencia de estos jugadores de casino, amenaza a quienes hoy, eligen mirar hacia otro lado.
Al final, la verdad está a la vista para quien quiera verla: un gobierno que no acumula dólares, que falsifica el superávit fiscal, miente sobre sus deudas y opera como un samurái apátrida no está salvando a la nación; está liquidando todo antes de que se enciendan las luces de la sala. El riesgo no es solo económico, es moral, la disolución de los marcos éticos de convivencia. La Argentina no está en el camino de la libertad; está en la sala de espera de un descarrilamiento desordenado “sine die” que, esta vez, no tendrá redes de contención.







