Una campaña electoral de un nivel paupérrimo. La importancia de estas legislativas es superlativa, pero a priori eso no se traduce en interés de la gente.

La elección de este domingo tiene características que la hacen más que especiales: inéditas. Es simple, nunca antes los argentinos habían votado en pandemia. Con todo, podría haber sido peor, y hay que reconocer que la postergación de un mes -también inédita desde que rige la Ley 26.571 que instauró las PASO– sirvió para que los argentinos puedan ir a las urnas en un momento de clara disminución de casos de Covid.

Unas PASO cuya realización supo estar muy en duda. De hecho, la oposición estaba convencida de que el gobierno haría todo lo posible para eliminarlas, con la pandemia como argumento. Sabía el oficialismo que Juntos por el Cambio tenía serias dificultades para ordenarse sin interna, y hoy queda claro que sin PASO hubiera sido un problema. Suena lejano hoy el reclamo de varios gobernadores para suspenderlas, movida que llegó a transformarse en un proyecto de ley que nunca alcanzó a tratarse. Referenciado originalmente en los gobernadores, se esperaba que el Presidente fuera permeable a esa presión, pero pesó más el contrapoder omnipresente en esta administración, donde nunca se advirtió interés en saltear esta instancia.

Sonó fuerte en aquellos días en que los mandatarios provinciales insistían con la conveniencia de eliminar las PASO la versión de que La Cámpora no estaba convencida de ello. Lo mismo pasó con el deseo de los intendentes bonaerenses de suspender la aplicación de la ley que prohíbe sus re-reelecciones: chocó con el rechazo de la agrupación liderada por Máximo Kirchner, interesada en ampliar su presencia en los municipios a partir de 2023.

De hecho, la eventual suspensión de las primarias se transformó en postergación a partir de una propuesta que el 30 de marzo pasado salió a la luz en el marco de una reunión en la Casa Rosada de la que participaron Axel Kicillof, Eduardo «Wado» De Pedro, Sergio Massa y Máximo Kirchner, con los opositores Cristian Ritondo y Jorge Macri. Fue el propio hijo de los Kirchner el encargado de poner sobre la mesa de discusión la idea ante la llegada de la segunda ola. Cuando la propuesta salió a la luz, la UCR y la Coalición Cívica adelantaron su rechazo. Hubo entonces una nueva reunión con los jefes parlamentarios de Juntos por el Cambio y la propuesta tuvo luz verde, con la garantía del ministro del Interior de que no habría más postergaciones ni mucho menos una suspensión definitiva.

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Las características especiales de esta elección no se agotan en la pandemia, sino también en el nivel paupérrimo que propios y extraños le reconocen a esta desangelada campaña electoral. Que es consecuencia o causante del alto nivel de ausentismo que se espera este domingo. Como ya hemos dicho, juegan en contra los antecedentes de los comicios provinciales celebrados en lo que va del año -Misiones, Jujuy, Salta y Corrientes-, donde la asistencia nunca superó el 65%. Según todos los presagios, difícilmente arañe este domingo el 70%.

El detalle que completa la batería de argumentos que dan un carácter inédito a esta elección pasa por las dificultades que han encontrado los encuestadores para hacer su trabajo. Convengamos que la sucesión de pifies en los cálculos conspira contra la credibilidad de los sondeos, pero esta vez fueron las propias consultoras las que admitieron la precariedad con la que tuvieron que moverse esta vez. Por la pandemia, por la apatía, por lo que sea, la falta de trabajos certeros ha abierto un gran interrogante respecto de los resultados de esta elección. De hecho, volviendo a la cuestión de la asistencia a votar, «la primera dificultad a desentrañar es cuál será el nivel de ausentismo que habrá en las PASO», admite Jorge Giacobbe (h), quien recuerda que de todos modos «el comportamiento electoral histórico hasta ahora marca una merma de 6/8% entre las primarias y las generales».

Como sea, los políticos manejan números que les acercan sus encuestadores de confianza y son los que han llevado al oficialismo en particular a reforzar sus prevenciones. Esa reacción y no necesariamente los datos propios es la que ha llevado a la oposición a esbozar cierto optimismo, basado precisamente en el clima que advierten en el gobierno.

Son datos de manual, a saber: 1) el derrame enorme de recursos a pesar de las consabidas estrecheces fiscales; 2) pide debatir el que ve que no le va bien en las encuestas; 3) quien ve que va ganando habla solo de sí mismo; soslaya a la oposición para que no crezca.

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De hecho, al inicio de la campaña se conoció un instructivo con la estrategia electoral y los ejes del discurso oficialista que se distribuyó entre los candidatos del Frente de Todos, en uno de cuyos ítems se advertía que «cuando nosotros atacamos a Macri, lo volvemos más aceptable para quienes nos rechazan». Claramente algo hizo que esta premisa fuera dejada de lado.

El gobierno no se siente amenazado en esta elección, según confiesan en los despachos oficiales. Pero por los factores citados prima la cautela en la Casa Rosada. Como así también la certeza de que si el resultado es positivo se le van a alinear los planetas de cara a la elección definitiva de noviembre.

Lo que ha generado inquietud es algo que también expresan en ese manual distribuido entre sus candidatos. En el segmento titulado «El desafío electoral», reconocen respecto de «aquellos que a pesar de estar dispuestos a votarnos todavía no están decididos» que «están insatisfechos con el resultado de nuestra gestión y se muestran permeables a nuevas ofertas».

El mayor temor no pasa entonces por una derrota que no esperan que suceda este domingo, sino por una diferencia ajustada que termine alineando el voto opositor en noviembre, donde también aumentará la concurrencia. Y otra certeza que dan los antecedentes electorales es que el voto antikirchnerista crece más que el propio en las elecciones generales.

Juntos por el Cambio llega a esta elección con más incógnitas que entusiasmo. Un dirigente de ese espacio muy conocedor del terreno bonaerense calculaba este fin de semana una asistencia a votar de entre el 60 y 63%, y una diferencia en contra de entre 4 puntos como mínimo y 8 de máximo en el principal distrito del país.

Si bien resaltan como un valor enorme para un espacio opositor que viene de una gran derrota que lo eyectó del gobierno, haberse mantenido unido, lo cierto es que para esta cita electoral afloraron todas las tensiones internas que se habían mantenido apagadas desde la creación de Cambiemos. Y eso se ve a simple vista con internas en 18 distritos este domingo.

El gran desafío para este espacio opositor es galvanizar el voto que obtenga en las PASO para conservarlo y en lo posible ampliarlo en noviembre. No será sencillo. En Santa Fe, una provincia donde pone en juego 5 bancas y JxC es favorito, presenta cuatro listas: tres radicales y una del  PRO. La división del voto radical podría darle mayores posibilidades a la lista que para el Senado encabezan Federico Angelini y Amalia Granata, pero si esta se impone este domingo surgen dudas respecto de cuantos de los votantes de las otras listas se inclinarían por el socialismo en noviembre.

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En Córdoba JxC presenta otra de las internas atractivas, con final abierto. Por un lado están Mario Negri y el exministro de Turismo de Macri Gustavo Santos, y del otro Luis Juez y Rodrigo De Loredo. Ahí Juntos por el Cambio tuvo la claridad de presentar listas mezcladas: hay radicales y del PRO en ambas, difícilmente el desencanto de los derrotados los lleve a votar otra opción en noviembre.

Un agregado de esta disputa tiene que ver con los apoyos a cada lista: Mauricio Macri respalda a Negri Santos, mientras que la lista de Juez tiene el apoyo del resto del PRO, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Consciente de que Córdoba es un activo clave para su espacio, el expresidente brindó su aval en el cierre de campaña de Negri y Santos por videoconferencia, evitando la presencialidad para evitar herir susceptibilidades.

Las rispideces en JxC no se limitan al PRO. Ya hablamos aquí de los roces entre Gerardo Morales y Martín Lousteau en la UCR. El miércoles hubo otro botón de muestra, cuando en el cierre de campaña de Facundo Manes el senador hizo uso de la palabra. El gobernador jujeño le había reprochado la semana anterior cierto desapego a la campaña del neurocirujano, cosa que Lousteau rechazó y de hecho habló en ese acto que congregó a buena parte de la conducción radical. Pasa que el senador porteño recorre el país apoyando a otros de sus candidatos, y fue así que en su discurso en Quilmes se le ocurrió expresar su apoyo a la fórmula cordobesa Juez De Loredo, lo que volvió a molestar a Morales, que respalda a Negri. El gobernador se paró sin ocultar su fastidio y se retiró, tratando de que su par correntino lo acompañara. Gustavo Valdés hizo caso omiso y se quedó, pero mostrando en su rostro su desaprobación. Calma, radicales.

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