El Frente de Unidad Docente insiste en abrir las negociaciones salariales lejos del inicio de las clases. Mirta Petrocini planteó que, ante los errores en las proyecciones del Gobierno, el acuerdo debe incluir un ajuste automático por inflación.

Una falla no atribuible a las tensiones políticas propias de la relación de la gobernadora María Eugenia Vidal con los maestros mantuvo a Mirta Petrocini y otros dirigentes de los gremios docentes encerrada por casi media hora en un ascensor del Ministerio de Trabajo de la provincia, donde había ido con Roberto Baradel y otros sindicalistas a pedir por la apertura de la paritaria. A pesar de los 45º de sensación térmica y la falta de ventilación dentro del cubo hermético, el ingrato incidente (Petrocini sufrió un desvanecimiento y debió ser atendida por el SAME) no tuvo consecuencias mayores. Lo mismo puede decirse de la reunión con las autoridades del ministerio, que respondieron al pedido de paritarias con la frase que ya anticipó Vidal: que los convocarán en febrero. “Sin precisiones sobre la fecha”, contó la dirigente de la Federación de Educadores Bonaerense. A un mes y cinco días del comienzo de las clases, el panorama que queda esbozado es el de otro marzo con escuelas en conflicto.

–¿Los recibió el ministro? –le preguntaron a Petrocini.

–Nos recibió el subsecretario. Nosotros le exigimos una fecha, porque el Ministerio de Trabajo tiene la obligación de convocar a la paritaria a pedido de cualquiera de las partes, y la semana pasada los gremios ya le mandamos una nota, también a la gobernadora y al director de Cultura y Educación, reclamando que inicien la negociación. Fecha no nos dio, sólo repitió que van a llamarnos en febrero. Nosotros no queremos esperar para ver cómo después, cuando el inicio de las clases se nos venga encima, nos pongan en el lugar de los intolerantes. El 6 de marzo todos queremos estar en las escuelas.

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–¿Cómo quedó el sueldo docente con la paritaria anterior? 

–Nosotros pedimos todo el 2018 un acuerdo con cláusula gatillo y el tiempo demostró que teníamos razón. La gobernación insistió primero en fijarnos un techo salarial del 15 por ciento, porque esa era la proyección inflacionaria del gobierno nacional, una proyección equivocada; terminaron reajustando los salarios en un 30 por ciento y la inflación anual fue del el 47,6 por ciento, según el Indec… aunque si ves la inflación en alimentos, transportes, servicios, es todavía mayor. Eso no está cerrado: queremos discutir lo que perdimos en 2018 y discutir el 2019, además de otros temas que siempre están postergados en la agenda.

–¿De cuánto es hoy en la provincia el salario inicial de un maestro?

–De 16.500 pesos. Literalmente la plata no alcanza: 16.500 pesos de un salario inicial de un docente, cuando la gobernadora manifestaba a los medios que los docentes nos quedáramos tranquilos, que no íbamos a perder frente a la inflación.

–2018 fue el año de la explosión en Moreno. ¿Cómo está hoy la situación en las escuelas? 

–El gobierno está manifestando que está haciendo intervenciones, lo que celebramos. Pero esta necesidad estaba ya denunciada por nosotros desde el año pasado. Lamentablemente, no se escuchó y tuvimos las dos irreparables pérdidas. El tema es justamente ese: la falta de diálogo. Lo vimos durante todo el año pasado, no hay diálogo, sólo hay planteos unilaterales del gobierno. No hay un ida y vuelta, no hay una negociación. No hay posibilidad de exponer las necesidades para que sean resueltas. La agenda que hay que discutir es amplísima, y discutir educación es discutir con todas las partes. Un diálogo implica escuchar a las partes y responder con soluciones concretas y reales, a eso sólo se llega si existe un marco de discusión.

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–El Frente de Unidad Docente ¿ya tiene definido qué porcentaje de aumento  va a pedir?

–No todavía. Pero un salario tiene que estar acorde a las necesidades de sostener una familia. ¿Cómo se puede proyectar…? Hemos tenido todo el año dificultades con respecto a la emisión de nuestros recibos de sueldo, en un mismo mes tuvimos hasta tres recibos con diferentes salarios, es decir que el docente no sabía cuánto iba a cobrar. La persecución que han hecho, los descuentos por ejercer el legítimo derecho a huelga, por reclamar algo que era básico… A cómo viene la cosa, después de tantas proyecciones erróneas que ha hecho el gobierno en términos de inflación, queda claro que teníamos razón: en el acuerdo paritario tiene que estar la cláusula gatillo.

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