Nuestro planeta está organizado tectónicamente. La ley de gravedad nos demuestra que lo de mayor peso específico queda por debajo de lo más liviano. Es así hasta a nivel molecular. Con apenas mirar la montaña uno reconoce lo que las pirámides emulan en su magnífica arquitectura. Pocos ejemplos y materiales permiten lo contrario. El árbol y la madera permiten la anti – tectonicidad. Los esfuerzos de flexión no son tolerados por materiales comprimidos como los pétreos y varios fluidos. Pero hay excepciones como el hierro y sus derivados metálicos. Hasta los evangelios nos hablan de cómo edificar correctamente con la parábola de erguir una casa sobre arena o sobre piedra. Antiguamente, el primer caso estaba condenado a priori. Hoy la técnica permite que en pantanos como Puerto Madero o en desiertos como Dubai puedan edificarse rascacielos. Pero claro, todo esto luego de haber puesto al hombre en la luna.









