El dolor vuelve a recorrer Gaza este domingo, cuando muchas familias se reúnen para dar sepultura a cerca de 100 palestinos, cuyos restos fueron recuperados de entre los escombros de sus hogares destruidos por los incesantes ataques israelíes.

Durante cerca de dos años, sus familias no pudieron llegar hasta ellos.

Este sábado, los cuerpos y restos de esos casi 100 seres queridos finalmente yacían ante sus familiares en la Ciudad de Gaza, donde se reunieron para una despedida, postergada largamente.

Cerca de la mezquita Imam Al-Shafi’i, ubicada en el barrio de Zeitoun, en el sureste de la ciudad, los restos se cubrieron con banderas palestinas mientras las familias encendían velas, depositaban flores y se movían entre las fotografías y los nombres de niños, mujeres, hombres y ancianos víctimas.

Algunos buscaban a familiares a quienes no habían visto desde que sus hogares fueron bombardeados. Otros permanecían junto a restos que guardaban poca semejanza con las personas que recordaban, más allá de lo que había permitido su identificación.

Durante los últimos días, la Defensa Civil de Gaza recuperó los restos de las casas de las familias Rahim, Balawi, Malaka y Qanbour, como parte de la misión para rescatar a los palestinos que aún siguen sepultados bajo los edificios destruidos por la ofensiva genocida de Israel contra el enclave.

Los equipos de la Defensa Civil trabajan con apenas unas pocas excavadoras y maquinaria desgastada, debido a las restricciones israelíes a la entrada de equipos necesarios para las operaciones de recuperación.

“Perdí mi vida entera”

Entre los dolientes se encontraba Maryam Hassan al-Balawi, frente a los familiares que esperó durante años. Malak, la única de sus hijos que sobrevivió, estaba a su lado.

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“Mi esposo y mis hijos fueron asesinados. No me queda nadie más que mi única hija superviviente, Malak”, declaró Balawi a la agencia de noticias Anadolu. “Perdí mi vida entera. Mi esposo y mis hijos se han ido. No me queda ninguna vida”, completó.

Luego añadió que Malak sigue llorando todos los días por su padre y sus hermanos.

Balawi también recordó una petición final que le había hecho su esposo antes de ser asesinado. “Si muero, envuélveme en la mortaja con tus propias manos, y entiérrame con tus propias manos”, recordó la mujer sobre las palabras de él.

Durante cerca de dos años, no pudo honrar ese deseo.

“¿Qué se supone que debo hacer? Mi casa ya no existe, mis hijos se han ido, mi vida se ha ido”, insistió.

En medio de ese dolor, recuperar los restos le brindó cierto alivio después de años en los que Balawi regresó repetidamente a los escombros donde su familia permanecía enterrada.

“Cuando los sacaron, sentí un alivio en mi corazón, como si mi alma hubiera salido con ellos”, dijo. “Solía ​​ir allí todos los días y decir: ‘Dios, que salgan para que pueda verlos’. Hoy, después de que los recuperaron, siento un poco de paz”.

“La única sobreviviente”

Para Balawi, gran parte del dolor recae sobre Malak.

“¿Qué hizo mi hija para merecer esto?”, preguntó. “Llora todos los días. Quiere de vuelta a su padre, a sus hermanos y hermanas”.

“Dice: ‘¿Qué hice yo, papá? ¿Por qué los bombardearon? Ellos no hicieron nada’”, relata su madre.

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