El gobierno argentino decidió declarar como persona no grata al encargado de Negocios de Irán en Buenos Aires, virtual embajador, Mohsen Soltani Tehrani. Es una escalada que se inició cuando la Casa Rosada, en un gesto únicamente de alineamiento con Estados Unidos e Israel, declaró a la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista. La respuesta de Teherán fue un furibundo comunicado en el que Irán acusó a Javier Milei de seguir los dictados “del régimen sionista ocupante y de Estados Unidos”. El texto fue difundido desde la embajada de Irán en Montevideo. La Casa Rosada consideró ese comunicado como “una inaceptable injerencia en los asuntos internos del país y una tergiversación deliberada de decisiones adoptadas conforme al derecho internacional”. Por lo tanto, Tehrani dentro de 48 horas debe abandonar Argentina y está cantado que Irán adoptará una decisión en espejo: la expulsión del encargado de Negocios argentino en Teherán, Marcelo Jordán, aunque esa decisión no tendrá efecto concreto: Jordán abandonó territorio iraní cuando empezaron los ataques con misiles de Israel en 2025. La ruptura de relaciones diplomáticas está a la vuelta de la esquina.

Toda la secuencia es una especie de sobreactuación para reiterar, como si hiciera falta, que el gobierno argentino está del lado de Estados Unidos e Israel en la guerra contra Irán. Es evidente que declarar a la Guardia Revolucionaria -un poderoso ejército paralelo de militantes islámicos- como organización terrorista no quita ni agrega nada a la situación bélica que ya existe. Se trató sólo de un gesto simbólico que, casi de inmediato, fue agradecido por el canciller de Israel, Gideon Sa’ar, en la red X.

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La Casa Rosada podría haber argumentado que la Guardia es clave en el aparato represivo del régimen contra las protestas de los ciudadanos y tuvo gran responsabilidad en la matanza que siguió a esas protestas durante 2025. También se podría haber sostenido que la Guardia es una maquinaria de imposición de siniestras condiciones de vida para las mujeres iraníes. Pero ya se sabe que el gobierno de Milei no sintoniza ni con las rebeliones democráticas ni mucho menos con las luchas de las mujeres. De manera que sólo se centró en afirmar que respalda “los valores de Occidente”.

Como es obvio, las relaciones con el régimen de los ayatolas están rotas desde los atentados en Buenos Aires, contra la Embajada de Israel y la AMIA, en 1992 y 1994. En aquel momento se retiraron los embajadores y el vínculo quedó al nivel de encargados de Negocios. A raíz de los ataques, durante el gobierno de Carlos Menem, se pusieron en marcha causas judiciales que sumaron más informes de inteligencia que pruebas pero que derivaron en una acusación contra Hezbollah, la organización libanesa pro-iraní, que supuestamente habría operado el ataque. Según la justicia, la orden de poner los coches-bomba en Buenos Aires se tomó en una reunión de las máximas autoridades iraníes en la ciudad iraní de Mahshad, en noviembre de 1993. Sobre esa cumbre únicamente testificaron opositores al régimen teocrático de Teherán que, además, fueron cambiando las versiones de acuerdo a lo que necesitaba la acusación.

El Congreso Nacional aprobó la ley de juicio en ausencia y todo indica que se juzgará a dirigentes iraníes por ambos atentados, en algún momento de 2027. El titular de la fiscalía AMIA, Sebastián Basso, formuló la imputación y todo camina hacia el juicio, pese a que la mayoría de las organizaciones de familiares de las víctimas de los atentados creen que se trata de una jugada para cerrar la causa en forma definitiva. Irán, por su parte, sostiene desde siempre que no tuvo ninguna relación con los ataques, los condenó, y viene insistiendo en que se trata de un armado de las derechas de Estados Unidos e Israel.

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Cuando Cristina Fernández de Kirchner y Héctor Timerman buscaron un camino para que los imputados iraníes declaren ante un juez argentino -en Teherán- el aparato judicial de Comodoro Py no sólo declaró inconstitucional el Memorándum, sino que lo considera un delito, pese a que nunca entró en vigencia. De hecho, Irán terminó no aprobándolo.

De todas maneras, la escalada actual no tiene base en la investigación o la causa judicial de los atentados: está centrada en la cuestión geopolítica y en la voluntad del gobierno de Milei de hacer todos los gestos que sean posibles para demostrar su fidelidad a Washington y Jerusalén.

El Presidente ya había calificado a Irán de “enemigo” y agregó que “vamos a ganar la guerra”, situándose nítidamente en el bando de Estados Unidos e Israel. Lo que siguió no fue otra cosa que parte de esa retórica explosiva que no usó ningún otro país y desembocó ahora en la expulsión del representante de Irán en Buenos Aires. La ruptura de relaciones diplomáticas es casi un hecho: es muy probable que ocurra en los próximos días.

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