La disociación como sostén
Una de las razones que explica la popularidad del Presidente no es el bolsillo, sino una disociación cognitiva. Existe un segmento creciente que reconoce que los indicadores generales del país están ordenándose. Ven la «pizarra» mejorar, pero advierten que ese progreso no tiene, hasta el momento, efecto derrame. El éxito macro es, para el ciudadano de a pie, un espectáculo que se mira por televisión pero que no se siente al pasar la tarjeta en la caja del supermercado.
No obstante, aquí reside el verdadero riesgo de cara al 2027. La brecha entre la expectativa y la experiencia cotidiana puede tener una fecha de vencimiento. Si la mejora general no se traduce en un alivio real, la distancia entre el éxito del «modelo» y el vacío de la heladera se convertirá en un foco de erosión del consenso social.
El consumo hoy es un ejercicio de supervivencia y pragmatismo: 6 de cada 10 argentinos ya migraron a marcas más baratas y el 70% dice que tiene que financiar sus gastos corrientes. El país está en un compás de espera. Pero en política, como en la física, nada permanece en tensión para siempre. El desafío del Gobierno no es solo bajar la inflación o equilibrar las cuentas; es lograr que la «macro» deje de ser una abstracción y empiece a ser un hecho doméstico. Porque al final del día, el electorado puede perdonar el ajuste, pero no la falta de resultados en el plato de comida.







