Entre los tupamaros que se escaparon se encontraba José «Pepe» Mujica

El calculado túnel atravesó tres pisos de la prisión y una calle para desembocar en la casa de una señora con la que algunos incluso compartieron un té.

Tras las rejas que en 1971 separaban a 106 guerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) de su libertad, un túnel hecho a fuerza de cálculos y varillas transformadas en taladros permitió un cinematográfico escape en un año clave de la historia reciente uruguaya. Este seis de septiembre se cumplen 50 años de la mítica fuga de presos tupamaros de la cárcel de Punta Carretas en Montevideo.

El trabajoso corredor atravesó tres pisos de la prisión y una calle para desembocar en la casa de una señora con la que algunos incluso compartieron un té. Entre los fugados estaban cuatro dirigentes históricos de la organización guerrillera: el expresidente José «Pepe» MujicaEleuterio Fernández Huidobro, quien sería su ministro de Defensa, Jorge Amílcar Manera Lluberas, un ingeniero civil que resultó clave a la hora de planificar y llevar a cabo el escape, y Raúl «El Bebe» Sendic.

«Lo importante era la decisión que teníamos todos, la conciencia de que teníamos que salir de alguna manera porque había que continuar la lucha, ese fue el mensaje de la fuga, vivíamos en la cárcel pensando en lo que estaba ocurriendo afuera, en los compañeros que estaban luchando», resume el tupamaro Jorge «Tambero» Zabalza sobre el sentimiento para diagramar lo que llamaron operación «El abuso».

En tiempos complejos, con varios años de estancamiento económico y un gobierno democrático pero con una gestión fuertemente represiva surgió el MLN-T, un «movimiento político en armas», como lo define el escritor Mauricio «Ruso» Rosencof. A través de diferentes operativos entre los que se incluyeron robos de bancos, secuestros y fusilamientos, este grupo fue desarrollando en la década del 60 una guerrilla urbana que lo enfrentó duramente con el gobierno del entonces presidente Jorge Pacheco Areco, del Partido Colorado.

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La fuga fue en un año clave porque eran las elecciones presidenciales. Pacheco Areco quería la reelección, algo que no estaba contemplado en la Constitución uruguaya y necesitaba una mayoría especial que no consiguió. En frente estaba el líder del Partido Nacional, Wilson Ferreira, y también eran las primeras elecciones del Frente Amplio (FA).

Los tupamaros le habían asegurado a Ferreira y al FA que no iban a desarrollar operaciones de gran impacto, una especie de «tregua» para permitir que los comicios sucedieran sin complicaciones. Sin embargo, si ganaban los colorados (como finalmente lo hizo José María Bordaberry, quien en 1973 daría un golpe de Estado) volverían a las armas.

Con todos los líderes presos en la cárcel de Punta Carretas, que hoy se transformó en un centro comercial, empezaron los planes de escape. Pocos meses antes dieron un primer golpe cuando 38 mujeres del movimiento se fugaron de otra prisión.

La tarea no era sencilla y parecía una misión casi imposible. Rosencof, que considera como «el triunfo del ingenio» lo que hicieron sus compañeros dentro de la cárcel, explica que el único antecedente de un escape de esta envergadura fue la de un grupo de anarquistas que se escapó por un túnel en la década del 30.

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El aire faltó durante toda la excavación pero aquellos anarquistas que escaparon tiempo atrás finalmente fueron su salvación porque cuando apenas les ingresaba oxígeno, su túnel se cruzó con el de los anteriores fugados y se abrió una bocanada de aire que los salvó.

Al salir, luego de calmar a la mujer de la casa con charlas y té que el propio Zabalza le hizo cuando dejó el túnel, empezó una nueva etapa para el MLN-T con la vuelta a la lucha armada. Un año después los tupamaros serían derrotados por las Fuerzas Armadas y encerrados tiempo antes del inicio de la dictadura cívico-militar (1973-1985).

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