Cómo fue la evolución del empleo privado formal en los últimos 25 años

El único período de expansión sostenida del empleo formal, 2003 a 2015, estuvo vinculado al crecimiento y el impulso al mercado interno, no a la eliminación de derechos laborales.

Entre 1996 y 2019 se sucedieron en Argentina períodos de expansión, estabilización y contracción del empleo asalariado en empresas privadas. Una dinámica cambiante que no estuvo relacionada con la normativa laboral existente en cada período, ya que ésta fue siempre la misma y, claramente, no fue la determinante del comportamiento del empleo formal. La propuesta de Juntos por el Cambio, expresada por Horacio Rodríguez Larreta este martes en una entrevista televisiva, no es la primera oportunidad en que los sectores propatronales exponen propuestas de flexibilización o, directamente, de precarización laboral justificadas en que «así se crearán más trabajos». Una y otra vez chocan con la demostración empírica: esa supuesta causalidad nunca se cumple. Reducir derechos de los trabajadores fue históricamente sinónimo de maximización de las ganancias empresarias, no de generación de más empleo.

Las estadísticas oficiales, recabadas por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social para la segunda mitad de la década del 90 y las primeras dos de este siglo, demuestran que el período en el que el empleo asalariado registrado del sector privado creció en forma persistente y acelerada fue entre 2003 y 2015. Es decir, los doce años de kirchnerismo, y no precisamente porque los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner hubieran echado mano a políticas de flexibilización del empleo o dejaran el mercado laboral al libre criterio y abuso de las patronales.

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El crecimiento acumulado del empleo registrado a lo largo de esos doce años fue del 75 por ciento, que equivale a la creación de más de tres millones de puestos de trabajo formales: de poco más de 3,5 millones de empleos en 2003 se pasó a 6,5 millones al final de ese período. Podría haber sido un ciclo de crecimiento ininterrupido, sino fuera porque la crisis financiera global de 2008 (Lehman Brothers y estallido de la burbuja inmobiliaria) se reflejó por estas costas hacia 2009 provocando una pérdida de más de 100 mil empleos, que se recuperaron totalmente en el año siguiente.

Antes de ese ciclo, entre 1996 y 1998, también había habido un ciclo de alza del empleo registrado, acumulando una suba de aproximadamente 15 al 18 por ciento entre esos años, que se interrumpió con la crisis de deuda y de la convertibilidad en el epílogo de la etapa menemista e inicio del gobierno de De la Rúa. Entre 1999 y 2002, la caída del empleo formal al compás de la crisis económica sumó casi 15% en poco más de tres años.

Es fácil concluir que en ninguno de estos períodos, entre los cuales no hubo cambios sustanciales en la nomativa laboral –y mucho menos la eliminación de una institución del contrato laboral como la indemnización por despido–, la evolución del empleo formal  haya estado determinada por la vigencia o no de regímenes de protección laboral.

Con posterioridad al ciclo largo de crecimiento del empleo formal durante el kirchnerismo, las estadísticas oficiales revelan que durante los cuatro años del macrismo el empleo formal volvió a retroceder. Un tres por ciento entre 2015 y 2019, reflejo de la pérdida de 216 mil puestos de trabajo.

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No son las políticas de ajuste sobre el costo laboral vía precarización las que impulsaron el empleo en el país. Por el contrario, el empleo formal privado creció en los períodos de expansión económica y cuando los gobierno buscaron darle vigor al consumo interno e impulsaron el desarrollo de la producción nacional.

Incluso en la actual etapa, en la que la industria va recuperando paulatinamente .los niveles de actividad prepandemia, y en algunos casos alcanzando ritmos de producción más parecidos a los de 2018 –es decir, remontando dos crisis, la de la Covid y la de Macri–, aunque con cierto rezago se va reflejando en el repunte de los empleos registrados. Esto pone en tela de juicio la aseveración de Rodríguez Larreta de que «hoy nadie contrata trabajadores en el país con este sistema». Así, atribuyéndole a la viegencia de la ley de indemnizaciones que «millones de personas no tengan trabajo», pretendió justificar su reemplazo por un seguro que se financiaría con una cuota del monto salarial bruto.

El régimen más flexible del empleo en la construcción, por el carácter temporal de las obras, tampoco es la explicación de la recuperación más dinámica del empleo en este sector en comparación con otros. Otra vez, es el ritmo de actividad lo que define, no la mayor o menor precariedad del trabajador.

Hugo Godoy, secretario general de la ATE, señaló este miércoles que, con su propuesta, Horacio Rodríguez Larreta «promueve mecanismos de despidos generalizados y de multiplicación y crecimiento de la precariedad en lugar de generar empleo digno y decente, como lo reclama la OIT». Comparó su proyecto con los impuestos por decreto militar durante la dictadura de Juan Carlos Onganía a fines de los 60. «En un escenario de pobreza y desocupación, quiere convertirse en líder político de una derecha reaccionaria y ajustadora para reemplazar y superar a Mauricio Macri», advirtió el dirigente gremial estatal.

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