Los argumentos del ex presidente negando su responsabilidad en la crisis externa

Según el ex mandatario, el FMI llegó para «ayudarnos». Dijo que la deuda que dejó fue igual a la que recibió antes de la «ayuda» del Fondo porque usó los recursos para pagar deuda anterior. Los números muestran algo muy diferente.

Un audaz comentario realizado por el ex presidente Mauricio Macri en el canal de noticias TN, intentando justificar el acuerdo firmado con el FMI en 2018, reabre una discusión no saldada respecto de las graves responsabilidades de la política de endeudamiento del gobierno anterior y las consecuencias que hoy deben pagarse. «El Fondo no vino a hacer un negocio, nos prestó plata para ayudarnos a pagar la deuda que estaba venciendo y que ya no nos querían renovar los bancos, por el miedo a que volviese el kirchnerismo», dijo Macri frente al conductor del programa. Y fue sólo el principio de su falaz explicación.

¿Qué hay detrás de la aseveración de Macri? La cita completa de su intervención en este punto de la entrevista se completa con la siguiente aseveración:

«Cuando uno mira la deuda argentina antes del crédito del FMI y el día que me fui, (si la compara ve que) es la misma deuda. Con lo cual, para aquéllos que dicen «se fugaron la plata, se la llevaron los amigos de Macri», (les digo) la deuda fue la misma entre el día que entró la plata del Fondo y el día que nos fuimos».

El mecanismo por el cual el macrismo suele querer escaparle a la acusación de endeudadores irresponsables es sostener que se «endeudó para pagar deuda anterior», con lo cual el resultado sería neutro. Lo cual es absolutamente falso.

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El primer señalamiento es que el macrismo abusó del endeudamiento en dólares ya desde el inicio de la gestión. Comenzó a principios de 2016 tomando una deuda externa de 13.700 millones de dólares para pagarle a los fondos buitres que litigaban en los tribunales de Nueva York (juzgado de Thomas Griesa), sin pelear ni un centavo de los honorarios siquiera. Resultado que Alfonso Prat Gay y Luis Caputo celebraron alborozados en un abrazo que quedó retratado para la posteridad. Contra esa deuda, se emitieron bonos con vencimiento en 2022, 2023 y 2025, que el actual gobierno reestructuró el año pasado.

Siguió la fiesta con un ingreso, en los dos años siguientes, de unos 100 mil millones de dólares entre colocación de deuda en el exterior e ingreso de capitales especulativos, atraídos por las tasas exorbitantes ofrecidas en el mercado local por la política antiinflacionaria (también antiproducción y anticonsumo) aplicada por el macrismo. Las estimaciones corresponden a los registros y documentos del Banco Central.

Entre enero de 2016 y abril de 2018 (antes del acuerdo con el FMI), Argentina exhibe un curioso récord: fue el país que encabezó el ranking mundial de Principales colocadores de títulos de deuda en mercados internacionales. Se llevó más del 10,5 % del total de la deuda mundial emitida en esos dos años. Le sigue Arabia Saudita, con una proporción cercana al 10%. Muy lejos quedó tercero Indonesia con algo más del 6% y cuarto México con algo más del 5%. Después vienen Qatar y Oman.

Una característica común de los seis países que vienen detrás de Argentina en el ranking es que son fuertes exportadores. Argentina, por el contrario, mostraba por aquellos años un saldo neto negativo o a veces levemente positivo en su comercio exterior, es decir en su fuente genuina de generación de dólares.

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Cabría, al menos, no descartar la hipótesis que la razón por la cual los acreedores dejaron de confiar en Argentina a principios de 2018, podría haber sido que percibieron que el país había entrado en una espiral de deuda impagable por la irresponsable política ejecutada por el gobierno en sus primeros dos años de gestión.

Por otra parte, ya desde fines de 2017, era evidente que el flujo de capitales especulativos habian iniciado la retirada y el saldo de la balanza de pagos empezaba a reflejar la creciente sequía de divisas. ¿Habrá que echarle también la culpa al cuco del regreso del kirchnerismo por esa huida de los capitales especulativos?

De todos modos, el dato más elocuente de la falacia que plantea el ex presidente está expresado en el gráfico que acompaña esta nota. El mismo está extraído del documento elaborado por el Banco Central en 2020 bajo el título «Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos 2015-2019». Allí se puede observar la evolución de la deuda pública bruta total a lo largo de los últimos quince años. Y por distinción de color, la deuda externa, en divisas (en rojo) y la deuda interna o en pesos (en negro).

La deuda bruta está medida como porcentaje del PBI, una forma de reflejar la incidencia del endeudamiento sobre la economía local (qué porcentaje de la riqueza que genera anualmente el país sería necesario destinar para cancelar la deuda total). Gráficamente, se puede ver el proceso de desendeudamiento entre los años 2005 y 2011, un amesetamiento posterior hasta 2014, el escalón de suba hasta 2017 y el violento salto de la deuda en 2018 y la nueva suba en 2019.

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Así, la deuda total que venía de proporciones cercanas al 120% del PBI tras la crisis y default del 2001 (90% sólo de deuda externa), cayó paulatinamente hasta 38,9% en 2011 (24,8% la externa) y volvió a trepar hasta llegar al 86% en 2018 y 90% del PBI en 2019 (65,7 y 70%, la proporción deuda externa/PBI).

Tomando exclusivamente el período macrista, al cual se refirió el ex presidente: la deuda pública total pasó de representar el 53,1% del PBI en 2016, al 90% en tan sólo tres años. Peor aún, la deuda externa, la que necesita divisas para pagarse, pasó en el mismo período del 36,5% del PBI a representar el 70% del producto anual. Casi el doble en tres años.

Macri dice que la deuda que dejó es la misma que recibió. Los datos dicen otra cosa.

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