El país centroamericano usará la criptomoneda oficialmente

El presidente Nayib Bukele lo aprobó por ley. Pero, ¿qué impacto tendrá? ¿Podrá resistir el sistema?

El 7 de septiembre de 2021 El Salvador se transformará en el primer país del mundo en utilizar bitcoins como moneda de curso legal gracias a una ley votada el 8 de junio casi sin debate. El presidente de ese país, el joven Nayib Bukele, frecuente usuario de las redes sociales y partidario del bitcoin, explicó en una extensa cadena nacional cada artículo de la nueva ley para dar cuenta de las ventajas de la implementación y resolver las dudas de la población fogoneadas, según él, por la oposición. El presidente está apostando su alto apoyo popular en un proyecto con resistencias en el 90% de la población. El artículo más polémico de la ley es el que obliga a todos los ciudadanos a aceptar bitcoins además de dólares, la moneda oficial de El Salvador desde 2001. En la cadena nacional Bukele explicó con tono didáctico y paciente que, gracias a una aplicación oficial, todos podrían aceptar bitcoin y transformarlos automáticamente en dólares en el mismo momento si lo deseaban.

¿La propuesta de Bukele es un salto al futuro o al vacío? Para comprenderlo es necesario conocer un poco mejor el bitcoin.

Cadena de bloques

Bitcoin es una tecnoñogía presentada en 2008 en un lista de correo especializada en criptografía por un participante que firmaba como «Satoshi Nakamoto» y cuya verdadera identidad aún es un misterio. Durante los primeros años solo algunos hackers se sumaron a la red como forma de curiosear con la nueva tecnología. Los atraía la posibilidad de generar una moneda descentralizada y protegida por criptografía, algo que también parecía condenarla a un nicho de especialistas. Para complicar más las cosas, la criptomoneda juega con el fetichismo del dinero que en el imaginario social sigue siendo de papel, pero que es cada vez más digital e intangible. Gracias a un proceso de siglos, se ha naturalizado que «eso» tiene valor y, como todos lo creemos, mantenemos vivo el espejismo al menos a los fines prácticos. Bitcoin llevaría las cosas un poco más allá.

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El protocolo que utiliza bitcoin y que ha dado toda una prole de fenómenos (como los NFT) es blockchain o cadena de bloques. En el caso particular de bitcoin, las cadenas de bloques se distribuyen en numerosos nodos informáticos que registran las transacciones. Cuando se junta una cantidad de movimientos, los nodos compiten para validarlos matemáticamente, actividad conocida como «minado». El primero en lograr la solución al problema criptográfico la transmite a los demás nodos que la verifican y, en caso de aprobarla, registran el nuevo bloque enlazándolo matemáticamente a los anteriores. Si alguien intentara modificar un bloque anterior, toda la cadena perdería coherencia poniendo en evidencia la trampa. El premio solo es para quien resuelve el problema matemático primero y por eso ganará nuevos bitcoins que le da el sistema de manera automática. Los perdedores habrán desperdiciado su tiempo y energía, pero estarán dispuestos a competir en la siguiente oportunidad.

De esta manera, el tipo de competencia que usa bitcoin atrae a los capitales financieros que ven en esta criptomoneda, no regulada por ninguna institución, un espacio ideal para la especulación financiera. Y cuando mucho dinero mete la cola, como suele suceder, un fenómeno marginal e interesante puede salirse de cauce. Es que el aumento en la cotización del bitcoin en los últimos años ha incentivado la competencia por utilizar máquinas cada vez más poderosas que consumen grandes cantidades de energía, comparables con la de países enteros como la Argentina. Esta es una de las razones, entre otras, por la que China decidió prohibir el minado en su territorio.

Detrás del humo

Como esta moneda está muy desligada de la economía real y su cotización depende casi exclusivamente del consenso sobre su valor, traducido en oferta y demanda, alcanzan algunos tuit de Elon Musk para enviar su cotización por los cielos o hundirla en el abismo. Es justamente en esos vaivenes que se puede hacer una diferencia comprando o vendiendo en el momento justo. Cabe aclarar que en los últimos tres años su cotización pasó de 8.000 dólares a los actuales 38.000, aunque con picos de más de 60.000. A esa adrenalina se le suma una atención mediática que, intencionalmente o no, deslumbra con irresistibles historias de fortunas hechas en pocas horas. Así se viralizan noticias de casos particulares como la venta de un departamento en Buenos Aires en dos bitcoins. El entusiasta vendedor celebraba la transacción en abril, cuando la moneda cotizaba a casi 60.000 dólares. Sería bueno saber qué hizo con sus bitcoin que, al momento de escribir esta nota, cotizan a 38.000. En caso de no haberse retirado a tiempo, en solo tres meses podría haber perdido 44.000 dólares. ¿O podrá apostar a que la cotización suba nuevamente?

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Así visto, el bitcoin es una suerte de esquema Ponzi que funciona mientras haya quienes crean en su valor pero estalla cuando se huele el fin de fiesta. Como argumentan muchos, lo que ocurre con bitcoin no es tan distinto de lo que ocurre con el dinero, pero en este caso ni siquiera hay una institución que le dé cierta estabilidad.

Por otro lado, como además las transacciones son muy difíciles de controlar resulta útil para esquivar regulaciones y comisiones sobre el ingreso de divisas. Por la misma razón es también una excelente forma de lavar dinero o hacer compras ilegales: por eso crecen los controles sobre la moneda, sobre todo en China y EE.UU. De hecho, la oficialización del bitcoin en El Salvador puede sumarlo automáticamente a una lista de países peligrosos para los criterios financieros y generar sanciones.

De momento la moneda sube y baja frente a cada noticia, pero no se rinde.

¿Salvador?

La lista de cosas que pueden salir mal en El Salvador es extensa. Uno es que la repentina adición de transacciones cotidianas de millones de personas exigiría aún más a la red. Un estudio de JPMorgan indica que las transacciones diarias suman cerca de 40 a 50 mil millones de dólares y que el 90% de los bitcoin permanece «quieto» al menos por un año. ¿Qué pasaría si los salvadoreños comenzaran a comprar las verduras del día en bitcoin?

¿Qué espera obtener a cambio Bukele? Probablemente sueña con liberar algunos dólares para paliar el déficit de su balanza comercial, además de reducir las comisiones por las remesas que los emigrados transfieren a sus familias desde el exterior. En 2020 esos envíos sumaron casi 6.000 millones de dólares, equivalentes al 22% del PBI de ese país. El ahorro en comisiones es un incentivo para que los salvadoreños se instalen la billetera virtual. Otro estímulo es que las billeteras oficiales vendrán cargadas por única vez con 30 dólares en bitcoin.

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La apuesta es fuerte y las señales no son buenas, pero Bukele sigue adelante con la meta de tener todo listo para el 7 de septiembre. ¿Comenzará a expandirse masivamente o su uso será irrelevante? ¿Qué consecuencias económicas producirá la implementación? ¿El Salvador se transformará en un paria financiero internacional o en un pionero? Hagan sus apuestas.

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