En una agenda apretada y con una comitiva chica, el gobierno argentino tiene que aprovechar para lograr objetivos claves en materia de deuda y exportaciones. 

Alberto Fernández y Martín Guzmán viajan a Europa con cuatro objetivos claros: sumar apoyos de países centrales en la negociación con el FMI, acercar posiciones en la negociación con los acreedores del Club de París, lograr posicionar al mandatario argentino quien es presidente pro témpore del Mercosur y seguir conversando sobre el acuerdo Mercosur Unión Europea, que nunca avanzó.

En medio de la convulsionada región, con crisis en Brasil y Colombia, Alberto busca posicionarse ante Europa como el líder regional con el que se puede hablar. El vínculo más fuerte de Fernández con los líderes europeos lo sostiene con el francés Emmanuel Macron, del que ya consiguió el año pasado su visto bueno para apoyar al país en las negociaciones con el FMI.

Por su parte, Guzmán estará enfocado en las conversaciones con representantes de los acreedores del Club de París. Luego de la tensión interna dentro del ministerio que atravesó, el jefe de la cartera vuelve a la cancha en la que metió dos goles: la negociación privada y pública de la deuda. El primer triunfo fue el acuerdo con los acreedores privados y el segundo haber estabilizado el dólar ilegal a fines del año pasado, en medio de peligrosos rumores devaluatorios.

Si bien su choque con el ala kirchnerista del ministerio fue duro, el presidente decidió retomar los planes del viaje e incluir a Guzmán para sostenerlo en su cargo. “Desde el día en que asumió distintos sectores operaron su salida. Sería una locura que se vaya justo ahora”, aseguraban en Casa Rosada.

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Además, Guzmán viene de reunirse con el papa Francisco hace tres semanas, en una precuela del encuentro que mantendrá por primera vez de manera personal Alberto Fernández desde que es presidente. La última conversación pública entre el presidente y el Sumo Pontífice se dio en agosto de 2020 a través de videollamada antes de que el Gobierno anunciara la reestructuración de la deuda por más de 60 mil millones de dólares.

Es que en ese viaje reciente a Europa, Guzmán se reunió con los representantes del Club de París quienes le advirtieron que no moverían ninguna ficha hasta ver cómo avanzaba el acuerdo con el FMI. Es por eso que el papa puede aportar una llave clave en la negociación con el organismo y eso, a su vez, puede servir para la otra mesa que sigue abierta con los privados.

Además de Guzmán, la comitiva que acompañará a Fernández estará conformada por la primera dama, Fabiola Yañez; el canciller Felipe Solá; el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y el secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi. La agenda político institucional la gestionó Guillermo Justo Chaves, el jefe de Gabinete de Cancillería.

Otro de los objetivos del viaje es mantener el contacto con los negociadores del acuerdo inter bloque del Mercosur y la Unión Europea, que había anunciado a través de un audio de whatsapp el ex canciller macrista Jorge Faurie, pero que en los hechos nunca se tradujo en nada concreto ya que Francia y Alemania por un lado y Brasil por otro se oponen de manera ferviente por las diferencias con respecto al cuidado del ambiente, ya que los países europeos critican a Jair Bolsonaro por los incendios en el Amazonas.

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A favor del acuerdo, a los dos lados del océano, están Argentina y España. Si bien no se conocen los términos, ya que todavía no es público porque está en etapa de análisis jurídico, sí es cierto que los términos del intercambio no eran ideales para las industrias nacionales ya que mantiene la matriz de exportación de productos primarios. La apuesta está en que el largo plazo propio de estos acuerdos, unos diez años, juegue a favor del avance en tecnología y desarrollo industrial con el objetivo de que el país pueda ser competitivo frente a las importaciones provenientes de la Unión Europea. Por lo pronto, el país ya se comprometió en ese sentido y será el Congreso Nacional el que, llegado el momento, avale o no el acuerdo. El proceso de aprobación legislativa también tendrá que replicarse en todos los países miembro.

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