Es un contrato entre privados, pero con un fuerte rol del Estado como facilitador. De las fotos de Alberto y Cristina en la planta de Richmond en Pilar al acercamiento con el Fondo de Inversión Rusa y la «familia peronista» de Marcelo Figueiras, presidente del laboratorio, casado con una ex senadora del PJ.

El anuncio de la producción de Sputnik V en la Argentina abre una nueva etapa en la lucha contra la pandemia. Los primeros lotes de prueba elaborados en los Laboratorios Richmond, a partir de la transferencia de tecnología facilitada por el Fondo Ruso de Inversión Directa, partirán hacia el Instituto Gamaleya para someterse a pruebas de calidad, y si el proceso de validación es positivo, las perspectivas auspiciosas para el país son múltiples.

Primero, se trata de una vacuna de altísima eficacia: 97,6%, de acuerdo a un estudio revelado días atrás por el Instituto Gamaleya en base a una población de 3,8 millones de rusos inmunizados con ambas dosis entre diciembre y marzo.

Por otra parte, es evidente que los lazos tendidos entre la Argentina y la Federación Rusa en torno a la vacuna han allanado todos los caminos diplomáticos para aceitar, también, los mecanismos de transferencia tecnológica. Fue, a fines de diciembre, el primer país en aprobar el uso de emergencia de la Sputnik V (si no se cuenta a Bielorrusia), y ahora será el primero en producirla.

Por fin, y a diferencia de la vacuna de Oxford-AstraZeneca, cuyo principio activo se produce en un laboratorio local, Richmond recibirá, en un primer momento, el principio activo elaborado en Moscú, y será el encargado de realizar los últimos procesos (formulado, filtrado, llenado) para envasar aquí la Sputnik V, lista para ser distribuida en el país y en la región.

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Falta, desde luego, dar varios pasos. Desde Richmond sostienen que la producción a escala comenzaría en junio. Y explican en su comunicado que “representa un hito y un desafío industrial, científico y sanitario de proporciones”. El Proyecto V.I.D.A. (Vacuna de Inmunización para el Desarrollo Argentino), tal como lo llaman, involucra otros desarrollos de la industria biotecnológica, como anticuerpos monoclonales, pero el foco de atención estará puesto en la fabricación local de una vacuna contra el SARS-CoV-2.

La actual planta de Pilar, aseguró Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond, puede producir un millón de dosis por mes, y escalar hasta cinco. La planta de 1500 metros cuadrados que quiere construir, y para lo cual constituyó un fideicomiso ante la Comisión Nacional de Valores en busca de 70 millones de dólares para financiarla, permitiría producir 500 millones de dosis de ésta y otras vacunas.

Si bien se trata de un acuerdo entre privados, como el que suscribieron Hugo Sigman y el Grupo Insud con AstraZeneca para la producción de la sustancia activa de la vacuna de Oxford en el laboratorio mAbxience, los vasos comunicantes de la política también aquí parecen cooperar para alinear los planetas.

Figueiras está en este momento en Moscú, ajustando detalles logísticos con las autoridades del Fondo Ruso de Inversión y la operatoria productiva con la gente del Gamaleya. La presencia simultánea del ministro de Economía Martín Guzmán en esa misma ciudad, en busca de apoyo en la negociación con el FMI, se extiende también, no casualmente, a la gestión sanitaria global, que allí encabeza la asesora presidencial Cecilia Nicolini, principal negociadora, junto a la ministra de Salud Carla Vizzotti, de la provisión de vacunas rusas al país.

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Este martes, las redes sociales mostraron imágenes de archivo del presidente y la vicepresidenta en la planta de Pilar. Reciente la de Alberto Fernández, de principios de febrero, de visita cuando Richmond anunció una inversión millonaria. La de Cristina, de hace casi diez años, agosto de 2011, cuando la inauguración de la planta. Algo similar había pasado cuando se anunció que mAbxience produciría el principio activo de la vacuna de AstraZeneca en su planta de Garín: Alberto había asistido a la inauguración, en febrero de 2020.

Como Sigman, Figueiras, de 57 años, es una figura fuerte de la industria farmacéutica local. Y su vínculo con el peronismo excede a la política: desde 2013 está casado con la ex senadora nacional bonaerense María Laura Leguizamón.

Y más allá de la fuerte articulación que generó con el Fondo Ruso de Inversión, el Estado funciona como facilitador en el proyecto de Richmond. El Ministerio de Desarrollo Productivo le ha dado apoyo técnico y financiero para mejorar su capacidad productiva, incorporar equipamiento y modernizar sus instalaciones.  Le otorgó un crédito para capital de trabajo por $ 29.978.089 financiado con el Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP). Y le dará asistencia financiera a través del Programa Soluciona, por un total de $13 millones.

Y no sólo eso. La cartera que dirige Matías Kulfas agilizó los trámites para la importación de equipos y del principio activo de la vacuna, lo que permitió la fabricación del primer lote piloto, además de contactar al laboratorio con proveedores locales que producen los insumos clave para el llenado y envasado de las dosis.

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El comunicado de Richmond asegura que “honrará con responsabilidad la concreción de esta iniciativa que para muchos parecía imposible, acercándonos a un país donde la salud no sea un privilegio de pocos, sino un derecho de todos”. Por el momento, se trata de 21 mil dosis de un lote que deberá aprobarse en Rusia.

El dato más auspicioso, de color, es el nombre de fantasía que adquiriría el producto una vez que se fabrique aquí, aprovechando la V de Sputnik y el acrónimo elegido por Richmond para bautizar su fideicomiso: Sputnik Vida.

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