Jacinda Ardern busca combatir la desigualdad e impulsar la economía tras el impacto del coronavirus

El aumento del salario mínimo, que afecta a muchos trabajadores claves durante la pandemia de la covid-19, fue elogiado por los sindicatos aunque criticado por los comercios que plantean que aún no se han podido recuperar.
Nueva Zelanda aumentó el salario mínimo y subió los impuestos a los más ricos, dos medidas que empezaron a regir este jueves y son parte de los esfuerzos de la primera ministra Jacinda Ardern para luchar contra la desigualdad e impulsar la economía tras el impacto de la covid-19. Luego de mantener una reunión con su gabinete, Ardern destacó que las medidas «representan mejoras reales y largamente esperadas en el apoyo que prestamos a nuestros pobladores más vulnerables».Con los cambios presentados por Ardern, el nuevo salario mínimo se eleva de 18,90 dólares neozelandeses a 20 la hora, una medida que forma parte de sus principales promesas electorales y que beneficiará a 175 mil personas. También desde este jueves aumenta el impuesto máximo hasta el 39 por ciento de los ingresos de las personas que ganen más de 180 mil dólares neozelandeses, cuando antes el tope era del 33 por ciento. Se prevé que la medida afecte a un dos por ciento de los contribuyentes.

El aumento del salario mínimo, que afecta a muchos trabajadores claves durante la pandemia de la covid-19, fue elogiado por los sindicatos aunque criticado por los comercios que plantean que aún no se han podido recuperar de los daños económicos dejados por la pandemia, que motivó diversos confinamientos, especialmente en la ciudad de Auckland.

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«Estas medidas son tomadas precisamente cuando unos mil negocios han cerrado recientemente, y cuando especialmente mucha gente del sector de la hotelería nos dice que no pueden más con los incrementos porque tienen problemas para pagar los alquileres», señaló el miércoles la líder de la oposición, Judith Collins, a la cadena TVNZ.

Según datos del ministerio de Desarrollo Social de Nueva Zelanda, las empresas del país han contratado más personal desde principios de año, aunque todavía hay más de 200 mil personas que reciben subsidios por desempleo, casi 60 mil más que a mediados de marzo, cuando comenzó la pandemia.

Nueva Zelanda, que cerró sus fronteras para frenar la pandemia y ordenó uno de los confinamientos más estrictos del mundo en marzo cuando solo tenía 50 casos, acumula 2.141 contagios y 26 muertos por covid-19 en un país de cinco millones de habitantes.

El sábado pasado la primera ministra ordenó que la mayor ciudad del país, Auckland, vuelva a ser confinada debido a la aparición de un nuevo caso de coronavirus. El resto del país está sometido a restricciones, como el límite de congregaciones de personas a un máximo de 100 personas, y la obligación de usar tapabocas en transportes públicos. Ardern considera que la pandemia progresa porque los ciudadanos no toman los recaudos necesarios, aunque su gestión frente al coronavirus es elogiada internacionalmente.

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