Arq. Lucio Plorutti Dormal 
Colegio de Arquitectos de Chascomús

La planificación urbana es un proceso que incluye a múltiples factores para su desarrollo, y por ende participan variadas voluntades de distinta índole. Y si bien al principio las ciudades no se planificaban, con el tiempo esto fue cambiando debido a la cantidad de necesidades que resuelven estos verdaderos cosmos humanos. Para los siglos en que se constituyen las ciudades medievales, muchos problemas comenzaron a acechar estas urbes amuralladas y claustrofóbicas. Entre ellas las plagas, los amotinamientos, y la mala calidad de vida. Fueron el resultado de depositar todas las fichas para resolver los problemas de seguridad en aquellas épocas conflictivas. La antigua Roma se había convertido en un asentamiento denso y caótico, similar a lo que sigue siendo la famosa Villa 31 en el barrio de Retiro, Buenos Aires. Lo mismo ocurría con Paris y muchísimas otras urbes. Y como entonces surge la figura del arquitecto en Brunelleschi, lo mismo sucede con la figura del urbanista, que podría decirse fue el Pontífice Nicolás V.

Roma se había vuelto un complejo laberinto, y no solo afectaba la salud física de sus habitantes la falta de luz y ventilación, sino también su salud mental. El Papa fue notando que estos bemoles atentaban contra el espíritu y la fe católica, así que decidió tomar cartas en el asunto. En pleno renacimiento, la iglesia contrató a los mejores artistas del momento para materializar la magnificencia de Dios y la iglesia, creando espacios abiertos dentro de aquella trama congestionada y uniéndolos entre sí por avenidas para generar recorridos urbanos de fuerte impronta escénica. Amplios y públicos, el centro de estas intervenciones fueron y siguen siendo las iglesias y basílicas que construyeron personalidades de la talla de Bernini, Borromini, y Miguel Ángel; entre otros. Así es que se logra la Roma actual, con el Vaticano en su seno.
Pero el caso más notable sigue siendo el de Paris. Acechada por la tuberculosis, fueron los médicos quienes señalaron los problemas que el desarrollo urbano de entonces producía sobre la salud de los parisinos. Y con ése asesoramiento fue que el Barón de Haussman desarrolló su plan urbano del panóptico, dado que combinó los nuevos diseños de urbanismo saludable con las estrategias militares, la forestación, los circuitos de bulevares, y la correcta distribución de aire y luz. Haciendo tabula rasa, Haussman construye lo que hoy llamamos la ciudad de la luz, con frondosas arboledas de alineación, amplios corredores verdes, calidad arquitectónica y paisajismo francés de vanguardia. Nuestra ciudad de Buenos Aires, e incluso Chascomús, no pudieron ignorar estas cualidades distinguibles a nivel internacional, obteniendo así los atributos de la Belleza Academicista.
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